Las horas invisibles Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Todos siguen allí, sin importarles que todos los vuelos estén cancelados.

No hay un ruido de más, ni una exclamación, ni una queja…

nada. Nunca habría pensado que eso pudiera pasar, porque en su cabeza, si eso ocurriese, la reacción sería muy distinta, el nerviosismo se palparía, algunas personas tendrían miedo, otras irían a ver qué pasa, otras se quejarían…

lo que nunca habría pensado es que nadie haría nada.

Pero, aunque quiere autoconvencerse de que eso es lo más terrible, hay algo que le da más miedo.

Su vuelo es el único que no ha sido cancelado, y no sabe por qué. Está aterrado.

Decide ir a ver qué ocurre y se acerca al mostrador de información del aeropuerto para preguntar qué está pasando.

Detrás del mostrador se encuentra una mujer delgada, de unos 50 años, con el pelo negro azabache engominado y recogido en un moño.

Va maquillada de una forma perfecta, como si fuese una modelo y vestida con el típico traje ̶chaqueta del personal de tierra del aeropuerto.

— Hola – dice Aaron todavía desubicado.

— Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarle? – responde amablemente la mujer.

— Mire, verá – dice dubitativo – es que ha pasado una cosa muy extraña. Estaba mirando las pantallas para ver la puerta de embarque que me correspondía y de repente se han cancelado todos los vuelos menos el mío.

— ¿Y no ha aparecido todavía su puerta de embarque? – responde la mujer.

— Si, ha aparecido, pero lo que me sorprende es que el resto de los vuelos se han cancelado. ¿Hay algún problema?

— No, está todo en orden. – responde mientras le mira fijamente y sonríe con esa mueca típica que tienen todas las personas que trabajan de cara al público.  –

— Por favor diríjase a la puerta de embarque de su vuelo – continua la mujer sin cambiar la sonrisa y levantando las cejas al tiempo que asiente mínimamente con la cabeza.

— Perdone, ¿pero de verdad está todo bien? Vuelve a insistir bajando la voz mientras se acerca apoyándose en el mostrador para que nadie pueda escucharle.

Sin decir nada, la mujer asiente de nuevo lentamente manteniendo la sonrisa, mientras le observa fijamente echándole un pulso con la mirada a ver quién aguanta más, hasta que Aaron decide con resignación retirarse del frontal del mostrador, sin entender todavía bien que está pasando.

Vuelve a acercarse a la pantalla para chequear de nuevo el número de la puerta de embarque y comprobar otra vez que nada ha cambiado.

— D53… Ok, vamos para allá – se dice, dándose cuenta de que tiene que recorrer todo el aeropuerto hasta llegar a su puerta.

Comienza a caminar con ritmo tranquilo como si no tuviese prisa por llegar a la puerta de embarque.

Según avanza va fijándose en que cada vez hay menos gente por los pasillos y en el resto de las puertas de embarque.

Piensa que, quizás eso sea lo único normal, ya que todos deberían estar quejándose por la cancelación de los vuelos.

Después de un buen rato andando por lo que parece un aeropuerto fantasma, llega a la puerta de embarque D53, donde hay bastante gente en varias filas según la prioridad de embarque, como suele ser habitual.

Busca un asiento donde sentarse a esperar hasta que comience el embarque.

Según está terminando de acomodarse, suena la megafonía:

— Aaron Hidalgo Serrano, pasajero Aaron Hidalgo Serrano, por favor acérquese al mostrador de la puerta de embarque D53, gracias.

Extrañado, se levanta, coge su mochila y su abrigo y se acerca al mostrador para ver que ocurre. En él, hay dos azafatas jóvenes que parecen gemelas.

— Hola, soy Aaron Hidalgo, me acaban de llamar por megafonía – dice dirigiéndose a una de ellas.

En ese momento las dos paran de teclear en el ordenador y se giran dándole toda su atención como si de autómatas se tratase.

— Buenas noches señor Hidalgo. – dice una de ellas mientras la otra le mira atentamente ̶   Debemos realizar un cambio de asiento debido a una situación excepcional con una pasajera.

Usted tiene el asiento 13D y le cambiamos al asiento 32A, aunque realmente puede sentarse en cualquiera de esa fila porque va totalmente vacía. ¿Tiene algún problema con el cambio?

— Hmmm – duda – No, no, ningún problema. – dice desganado como si ya nada más pudiera pasar.

— Va a ir más cómodo en esa fila, sin nadie que le moleste – intenta justificar la otra azafata esbozando una sonrisa cómplice.

— Ok – asiente como si le diese igual.

Una de las azafatas le da el nuevo billete a la vez que le agradece su comprensión.

— Muchas gracias señor Hidalgo, en breve comenzará el embarque.

Aaron se da la vuelta y se aleja del mostrador sin decir nada más, mientras ojea el billete.

— Grupo 3… cojonudo, – dice sarcásticamente, dándose cuenta de que entra en el último grupo.

Se sienta tranquilamente en el asiento en el que estaba cuando le llamaron por megafonía y ve cómo van llamando a todos los grupos:

— Pasajeros Priority , por favor accedan al avión.

— Pasajeros de Grupo 1. Pueden embarcar.

— Grupo 2. Pasajeros del grupo 2, comiencen su embarque.

Desde su asiento del fondo ve como todo el mundo va embarcando por orden y se va vaciando el vestíbulo, hasta que llega al Grupo 3.

— Pasajeros del Grupo 3, pueden embarcar – anuncia una de las azafatas por megafonía.

Mira alrededor y sorprendentemente, es el único pasajero que queda por entrar. Se levanta extrañado y se acerca con paso ramplón a la puerta de embarque. Las azafatas le saludan por su nombre según les entrega el documento de identidad y el billete:

— Buenas noches señor Hidalgo. – dice una de ellas.

— Por poco se queda fuera, señor Hidalgo – bromea la otra mientras le entrega de vuelta la documentación.

— ¡Que tenga un buen viaje! – exclaman al unísono mientras las mira con desprecio.

Se adentra en el finger que lleva al avión y que ya está casi vacío, con pasos largos obligados por la inclinación de este.

Llega bastante rápido a la puerta del avión donde le recibe una azafata que también le da la bienvenida por su nombre al mismo tiempo que él echa una mirada a la cabina, donde ve a los dos pilotos sentados de lado en sus respectivos asientos, hablando entre ellos, con el cuadro de mandos con todas las luces encendidas de fondo.

En el momento en que los pilotos se percatan de que les está mirando, paran abruptamente la conversación quedándose en silencio y mirándole ambos fijamente con expresión muy seria, como si les incomodase, para inmediatamente cerrar la cabina dando un portazo.

En el preciso instante que eso ocurre, la azafata que le había dado la bienvenida se pone de espaldas a la puerta que acaba de cerrarse, tapándola, y le indica que por favor proceda a su asiento ya que tienen que comenzar a dar las indicaciones de viaje.

Extrañado enfila el pasillo derecho, ya que el avión es grande y tiene dos pasillos y una fila central de asientos, y comienza a caminar hacia el fondo del avión, que está totalmente lleno.

Mientras avanza hacia su asiento, vuelve a notar algo extraño.

Todos los pasajeros se callan a su paso y le miran como hicieron los dos pilotos cuando entró en el avión.

Decide acelerar el paso intentando no mirar a nadie, bajando la cabeza hacia el suelo, pero nota las miradas clavadas en él como le siguen mientras recorre el pasillo.

Finalmente llega a la última fila y dado que no hay nadie, se tira sobre los asientos de golpe, entrando hasta el que está más cerca de la ventana, hundiéndose en él, intentando esconderse como si de una cueva se tratase, y dejando la mochila y el abrigo en el asiento del medio para protegerse, montando una barrera infranqueable entre él y los demás pasajeros.

Esta sentado, pero todavía no ha sido capaz de quitar la mirada del suelo, aunque hace amagos levantando sus ojos durante milésimas de segundo, pero volviendo a bajarlos de inmediato sin llegar a ver nada realmente.

Reúne algo de valor y se va incorporando poco a poco hasta asomar sus ojos por encima del asiento delantero.

Sorprendido observa que nadie le está mirando.

Todos los pasajeros están sentados con normalidad.

Algunos mantienen conversaciones entre ellos, otros echan el último vistazo a su teléfono móvil, y otros simplemente miran atentos al personal del avión que se están colocando estratégicamente para dar sus explicaciones previas al viaje.

— Perdone señor – le interrumpe una azafata de repente, sacándole de su incredulidad.

— ¿Sí? – responde de forma automática.

— Le coloco el equipaje y el abrigo arriba para que vaya más cómodo, ¿ok?

— Vale. – responde, pensando que ya pasó el peligro y que no tiene sentido que estén ahí haciendo de barrera.

La azafata coge con cuidado ambas cosas y las coloca en el maletero superior que está encima suyo. Cierra el compartimento e insinúa una sonrisa antes de alejarse hacia la parte delantera.

Comienza la explicación de seguridad, pero la ignora sacando su teléfono móvil y haciendo un repaso rápido a los mensajes de WhatsApp que tiene. Ignora todos y solo abre el chat que tiene con su mujer para decirle como si de un telegrama se tratase:

«Estoy a punto de salir. Te aviso cuando llegue. Os quiero»

Nada más terminar de escribir el mensaje, apaga su teléfono móvil, se lo mete en el bolsillo delantero izquierdo y se recuesta sobre el asiento, inflando su pecho mientras toma aire y soltándolo, dando un gran suspiro infinito.

Seguidamente cierra los ojos quedándose dormido de inmediato con el lateral de su cabeza apoyado en la ventanilla.