Las hijas del visir 12 #2
22%

12 #2

—Pídeme lo que quieras —repuso la reina hablando un fluido egipcio—. Perdona mi precaria pronunciación. Hace años que estoy aprendiendo vuestra preciosa lengua, pero hasta hoy me ha dado vergüenza hablarla en público.

Neferura miró con un guiño a Zayineth antes de señalar:

—El oráculo de Punt es conocido en Egipto por sus poderosos vaticinios, y el sumo sacerdote de Amón nos pidió que fuéramos a visitarlo para hacerle una ofrenda a Hathor y a Bes [40] . ¿Sería posible que nos honrara aceptando nuestra petición, como suma sacerdotisa del oráculo?

—¡Oh, cuánto honor! Estaré encantada de complacerte, princesa. Pero, dime —prosiguió mientras miraba a sus compañeras—, ¿quiénes son las señoritas que te acompañan?

—Muchísimas gracias, su majestad —se apresuró a decir la princesa—. Las tres sacerdotisas son hermanas y se llaman Neferkay, Tiaret y Sat-Ire, y también nos acompaña Zayineth, que es nuestra guardiana y nativa de este país.

A Sat-Ire no le pasó inadvertido el cruce de miradas que se produjo entre la reina Ati y Zayineth.

—¿Cómo te llamabas tú, jovencita?

Tiaret le susurró a su hermana menor:

—Te está hablando a ti, Shaït.

—Su majestad, mi nombre es Sat-Ire, pero ya ve que mis allegados me llaman Shaït —dijo sonrojada.

—Percibo una poderosa aura en tu persona —dijo la reina mientras le alzaba la barbilla para mirarla a los ojos—. Tienes una mirada cristalina, aunque presiento una sombra que perturba tu alma. Serás bienvenida a mi oráculo. Ojalá consigas aligerar ese pesar que arrastras.

—Muchas gracias, mi reina —expresó a la vez que se inclinaba.

La reina Ati agradeció el gesto con una sonrisa y regresó a su trono.

—Ahora os llevarán a vuestros aposentos para que descanséis de tan largo viaje. Nos vemos esta noche, señoritas.

Namepu acompañó a las sacerdotisas a su alojamiento junto a una escolta de soldados.

Era una casa amplia, construida en un promontorio a la sombra de palmas datileras y árboles de mirra.

Las paredes estaban pintadas con franjas ocres y azules, y el techo, cubierto por hojas de palma entrelazadas con vigas de madera oscura.

En la parte central había un patio con una fuente y árboles frutales.

Aprovecharon que pasaba un riachuelo cerca de la casa para darse un baño y cambiarse de ropa antes de acudir a la cena de gala. Al atardecer, Namepu se acercó a la casa para ir a recoger a las sacerdotisas.

—Buenas tardes, mis señoritas. Espero que disfruten de la velada que se celebrará en los jardines del Palacio Real. Está todo ya preparado. Acompáñenme.

El palacio estaba a cinco minutos de camino de la casa.

En cuanto pasaron por el control, atravesaron un sendero de piedras que serpenteaba entre tamarindos hasta que llegaron a los jardines.

Durante el paseo, se atravesó una jirafa, junto con su cría, provocando unos suspiros de admiración en las recién llegadas.

—¿Qué clase de animal es ese? —le preguntó Tiaret al intérprete.

—En vuestras tierras lo llamáis sere o animal de cuello largo —respondió Namepu con una sonrisa.

—Hoy debe de ser nuestro día de suerte. Estos animales pueden ver por encima de todo, como oráculos vivientes —añadió Zayineth.

Los jardines estaban iluminados por antorchas de aceite perfumado y lámparas de cerámicas decoradas con motivos de loto.

El rey Parahu presidía la velada desde un trono bajo cubierto de pieles, con la reina Ati sentada a su derecha.

A sus pies había una alfombra de palma y unos cojines dispuestos en forma semicircular, de modo que sus invitadas pudieran ver a los monarcas desde primera fila.

Las muchachas se sentaron cerca de ellos, en unos mullidos cojines, mientras disfrutaban de las danzas locales.

El rey Parahu dio una palmada y empezó a desfilar un enjambre de sirvientes que portaban las viandas.

De entrantes sirvieron panes de harina de sorgo con miel, dátiles rellenos de almendras y recubiertos de sésamo, y ensalada de pepino, higos verdes y granos de granada.

Los platos principales constaban de pescado a la brasa, estofado de cordero con canela, miel, nueces y ñames [41] asados bañados con mantequilla de dátil.

La cena fue culminada por unos magníficos pasteles de miel y sésamo y una crema dulce de leche de cabra con algarrobas.

No faltó un surtido de vinos rancios y un agua fresca perfumada con pétalos de loto.

Tras el banquete, prosiguieron la música y las danzas hasta que se alzó la luna llena en el cielo. A un gesto de la reina Ati, la música cesó y las bailarinas desaparecieron del escenario.

—No hay mejor momento para acudir a un oráculo que bajo la influencia de la luna llena, cuando las puertas que separan ambos mundos, el real y el místico, pueden abrirse con mayor facilidad —anunció Ati con los brazos alzados al cielo—.

¿Estáis preparadas para escuchar lo que el oráculo quiera decir?

—Las muchachas se levantaron y se inclinaron ante la reina—.

Entonces, acompañadme a la puerta que abre los misterios del destino.

¡Por fin había llegado el momento que Zayineth había estado esperando durante toda su vida!