Capítulo 6
La comisaría
A finales de septiembre en Madrid aún hace calor, pero Gabriel viste con traje de chaqueta y corbata en su primer día de servicio. Se presentó en la comisaría de Centro donde había sido destinado y el agente Blázquez le estaba esperando.
—¡Hola, compañero! —le recibió con el apretón de manos que Gabriel ya conocía.
—Buenos días agente Blázquez —contestó Gabriel más formal.
—No seas tan serio, llámame Blázquez, aquí nos conocemos por el apellido.
Enhorabuena, he estado al tanto de tus progresos en la academia.
El viejo Cifuentes sigue siendo un tipo especial, ¿verdad?
Nos mantenemos en contacto y entre los dos hemos convencido al comisario para que te trajera a Centro.
—Así que te debo el placer de estar aquí.
—Ya me lo agradecerás más adelante —le dijo Blázquez dándole una palmada en el hombro—. Pero lo primero es lo primero. Tienes que presentarte al jefe.
Blázquez condujo a Gabriel por un pasillo ancho donde al final había una puerta con el cartel indicativo de “Comisario Jefe D. Enrique Molina”.
Blázquez llamó a la puerta y tras escucharse “Adelante” abrió la puerta.
El comisario estaba sentado tras una mesa grande, algo antigua y ordenada.
Tenía un rostro huesudo con un importante bigote y el pelo muy corto, con marcadas entradas que apuntaban a una inminente calvicie.
—Buenos días, comisario, traigo al nuevo agente que se incorpora hoy —dijo Blázquez.
—Pasad los dos —respondió el hombre sentado tras la mesa.
—Buenos días, comisario jefe, soy Gabriel Velasco, destinado a esta comisaría.
—No estés firme, aquí no tenemos esas formalidades, solo necesitamos hacer un buen trabajo. Sentaos —continuó el comisario—. Por si no te lo han dicho soy el comisario Molina. Me han llegado buenas referencias de ti.
—Haré todo lo mejor que pueda, comisario —aseguró Gabriel, aunque le dio la impresión de que al comisario Molina no le gustaba que le interrumpieran.
—Así tendrá que ser mientras estés en esta comisaría —siguió Molina—. Aquí tienes tu placa, cuídala y gánatela cada día —dijo entregándole un estuche.
—Gracias comisario. —Gabriel lo abrió y vio la reluciente placa con las palabras “Dirección General de Seguridad” grabadas alrededor del escudo y sobre los colores de la bandera.
Sintió que este era un momento especial en su vida, ya que nunca volvería a recibir una placa de policía por primera vez y quería disfrutar el momento.
—Has sido nombrado agente de 2ª por tu formación en el servicio militar, el buen desempeño en la academia y tu nivel de estudios de bachillerato.
Verás que no todos aquí tienen ese nivel —dijo el comisario mientras entregaba el pequeño documento sellado que atestiguaba su grado para que Gabriel lo firmara—.
Encontrarás agentes de 3ª que puede que no les guste que un novato les adelante, pero tendrás que hacerte valer en esas situaciones.
—No habrá problemas, comisario —aseguró Gabriel.
—Con esto —el comisario pasó a Gabriel una hoja más grande— te darán en la armería tu pistola y munición. Úsala con cabeza y si no la tienes que usar, mejor, señal de que sabes resolver las situaciones sin liarte a tiros.
—Gracias comisario, lo intentaré —respondió Gabriel contento de que su superior pensara de esa manera.
—El inspector Blázquez dirige un equipo de agentes y estarás bajo su mando. Él te explicará a qué se dedica el grupo y con qué agente trabajarás.
—Sí comisario, ya le tenemos preparado el sitio —dijo Blázquez.
—Pues por mi parte solo decirte que empieces con buen pie, que no quieras correr demasiado. Si te fijas y aprendes de los veteranos, todo irá bien.
—Eso haré comisario —aseguró Gabriel.
—Todo tuyo Blázquez. Podéis iros.
Inspector y agente se levantaron, se despidieron del comisario y salieron al pasillo.
—¿Cuándo ha ascendido a inspector? No lo sabía —preguntó Gabriel.
—Hace un par de meses. Desde el ministerio han hecho una buena limpia de personal, cosas de política, y han tenido que rellenar huecos —respondió Blázquez.
—Enhorabuena, inspector.
—Ya, ahora tengo más papeleo, pero intento estar también en la calle para no perder el contacto, ¿sabes?
Tras pasar por la armería en el sótano y con la contenida emoción de tener por primera vez un arma propia, Gabriel siguió a Blázquez hasta una amplia sala iluminada por ventanas de buen tamaño en la primera planta donde se alineaban varias mesas.
Solo había tres hombres, dos hablando por teléfono y otro revisando unos papeles.
Al pasar al lado de éste, el inspector le dio una palmada en el hombro y le indicó que los siguiera.
Al final de la sala había un pequeño despacho que era el del inspector.
Blázquez se sentó en la silla tras la mesa, pero en este despacho no había más sillas de modo que los otros dos se quedaron de pie frente a él.
—Este es el agente de 2ª Velasco, Gabriel, que se incorpora hoy como sabes —presentó el inspector señalando a Gabriel—. Y este es el agente de 1ª Luis García, es de los pocos que tiene que usar su nombre porque hay tres Garcías en esta comisaría.
—Bienvenido novato —dijo Luis dando firmemente la mano a Gabriel.
—Contigo Velasco sois seis agentes los que, conmigo, formamos el Grupo de Homicidios de la Comisaría de Centro —explicó Blázquez—. Ya irás conociendo el resto de grupos y los apoyos forenses que tenemos. Otras comisarías, aunque no todas, cuentan con otros grupos de homicidios.
—Pero el grupo de Centro es el mejor —presumió Luis García.
—Ese es el espíritu, Luis —confirmó el inspector—. Hay cierta competencia entre algunas comisarías, pero eso es bueno. Nosotros queremos tener buenos agentes y usar buenas técnicas. Creo que en ese aspecto nos vendrás muy bien Velasco.
—En criminología nos han puesto al día de las últimas técnicas de investigación y espero ser útil con ellas —explicó Gabriel.
—Seguro que sí. Pero por ahora tienes que estudiarte esto.
—Blázquez sacó de un cajón una gruesa carpeta y se la pasó a Gabriel.
— Son los protocolos de actuación de la Dirección, de la comisaría y del grupo.
Para empezar, tienes bastante. Hasta nueva orden serás la sombra del agente Luis García cuando él te lo diga, irás donde él te lleve, te fijarás y aprenderás.
No quieras correr mucho, como te ha dicho el comisario, usa el sentido común y no cometas ninguna tontería.
Mi primer objetivo es que estéis todos los agentes cada día a las ocho de la mañana y sigáis todos enteros al acabar la jornada. La cosa está muy seria ahí fuera.
—Cada día más —confirmó Luis García.
—Los criminales no se agotan. Cuando enchironamos a uno, aparecen más. Así que hace falta un trabajo serio y tener los ojos bien abiertos. Y escucha bien: apoya siempre al compañero en la calle.
—Pondré todo de mi parte —aseguró Gabriel.
—En la situación actual, Velasco, por si no teníamos bastante con los criminales habituales, están causando graves problemas grupos de jóvenes violentos enfrentados, sobre todo anarquistas y falangistas —explicó Blázquez—.
De controlar estas bandas se encarga el Cuerpo de Seguridad y Asalto pero ya ha habido algún muerto y entonces requieren nuestra ayuda.
—Sí, los guardias están entrenados para mantener el orden público, pero no saben de investigación criminal —apoyó Luis García.
—En fin, empieza estudiando los protocolos. Luis, le vas presentando a los compañeros y que se vaya poniendo al día de los casos —concluyó el inspector—. ¿De acuerdo? Pues a trabajar y sabed que esta puerta está siempre abierta.
—Sí, inspector —dijo Luis García.
—Gracias inspector —respondió Gabriel.
Salieron del despacho, Luis García indicó a Gabriel cuál sería su mesa, al lado de la de él, y le recomendó empezar a estudiar la carpeta de protocolos.
A lo largo del día fueron llegando las otras dos parejas de agentes, y Gabriel se presentó a todos.
Formaban un grupo de diversas edades, pero parecía haber buen ambiente entre ellos y Gabriel fue recibido con general amabilidad.
Había sido un buen día para contar a la familia en la cena.
Y para contar a Emilia con la que había tenido alguna cita los últimos fines de semana.
Les gustaba comer juntos, ir al cine, algún baile o simplemente pasear por el Retiro. Eran buenos tiempos para Gabriel.
Las primeras semanas en la comisaría estuvo centrado en el estudio de los protocolos y en ponerse al día de los casos que se estaban investigando.
Luis García le explicó como los casos de asesinato habían aumentado llamativamente en los últimos meses, muchos por razones políticas.
Estaba sin resolver desde abril el asesinato de José García en una emboscada callejera.
Gabriel había oído hablar de este hombre porque, siendo panadero, había dirigido la sección de Artes Blancas del sindicato UGT.
Según las pesquisas, decepcionado con las rencillas internas entre distintos sectores dentro del sindicato y buscando una acción más radical pasó a militar en Falange y fundó una sección similar dentro de la Central Obrera Nacional Sindicalista.
Sin duda se había creado enemigos en ese camino.
Habían seguido dos líneas de investigación, bien falangistas desconfiados por el origen izquierdista de José García, o bien antiguos correligionarios de la UGT que se habían visto traicionados por su cambio de militancia.