Capítulo 44
Isabella
2 de febrero de 2009
Un crujido áspero se deslizó desde el pomo, el tipo de sonido que quiebra el silencio como una advertencia.
Noté como mis pupilas se contraían, mientras una leve luz se dejaba ver por la rendija que quedaba cada vez más abierta de la puerta.
El reconocido olor de mi madre empezó a colarse en el aire de casa, erizándome la piel.
La chica, que supuse que sería Olivia… No podía mirarla a los ojos. Algo me reconcomía por dentro cada vez que mi mirada se posaba en cualquier parte de su cuerpo, de sus rasgos.
El estómago se me encogía. La respiración entraba, dolorosa.
James permanecía quieto, como si al mover algún músculo se fuera a romper, en pedazos. Una gota de sudor le caía de la frente.
Olivia, en cambio, seguía con su expresión de superioridad.
Los pasos de mi madre retumbaron en mis adentros, y estoy segura de que los demás, sentían lo mismo.
Solo me miraba a mí.
Me atrevería a decir que ni siquiera se ha percatado de que hay dos personas ajenas en casa.
Parecía agotada, unas ojeras le caían de los ojos, su cara parecía pesar más que su cuerpo.
Su pecho iba a toda prisa, sin cesar.
Había corrido para subir, lo supe por su boca, que se abría en busca de aire fresco. Tenía los ojos demasiado abiertos, y con esa mirada que me atravesaba la cabeza.
El silencio se volvió extraño. Cómo si los secretos que escondía, no cupieran en esta casa.
Una bombilla empezó a parpadear. Lo noté en las pupilas de mi madre, que cambiaban continuamente de tamaño.
—He —jadeó, sin respiración— He visto a Oli…
Desvié la mirada hacia James. Ella cortó la frase.
Ladeó la cabeza hacía James. Después hacía Olivia.
Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Olivia palideció, dejando marcas en sus manos, de tan apretadas que las tenía.
Las piernas me flaquearon y casi acabo en el suelo, menos mal que estaba cerca de James y él me agarró de la mano.
Normalmente la gente nota una sensación en la boca del estómago cuando tienen la premonición de que está a punto de pasar algo malo. Yo no tengo esa sensación en la boca del estómago. Yo la tengo en todo el maldito cuerpo, hasta en lo más profundo.
El tiempo se detuvo para todos en esta sala. El reloj, que antes marcaba continuamente el paso del tiempo, dejó de escucharse. El silencio y las lágrimas marcaban el ambiente, y hacían de él algo escandaloso.
Mi madre permanecía clavada en el suelo. Sin hacer ni un solo gesto.
Incluso sin parpadear.
Parecía que el aire se congelaba entre ellas, y yo no entendía el porqué.
Olivia cada vez tensaba más su mandíbula, mientras sus ojos penetraban a los de mi madre, como si estuvieran en una guerra de miradas.
Noté como mi madre estaba apunto de decir algo, pero al abrir la boca solo le salió un suspiro tembloroso. La tensión que había entre ellas era innegable, como si se debieran algo…
—Creía… que no te vería nunca más. —Olivia la miró de arriba a abajo.
—¿Q-qué? —tartamudeé, mientras un escalofrío me erizaba la piel. —¿Os… conocéis? —tragué saliva.
Mi madre cerró los ojos por un instante, haciendo una mueca con la cara. Cómo si ese simple gesto le doliera.
No reconocía a mi madre. Nunca la había visto así.
Olivia soltó una risa breve. Vacía-
—Pues claro que sí. —Miró con un brillo extraño a mi madre.
—¿A qué esperas para contárselo? —dejándole paso a mi madre.
—¿Contar el… qué? —me salió la voz tan rota que pensé que eso sería lo último que iba a ser capaz de decir.
Las manos empezaron a moverse cada vez más, sin control.
James se puso a mi lado, cogiéndome de una mano para intentar tranquilizarme.
La mirada de mi madre se posó sobre mí, dejando entrever culpabilidad y… arrepentimiento, lo que provocó que el corazón me sonara en los oídos, fuerte, sin compás.
—No… no —pronunció mi madre, con un hilo de voz.
—Creo que ya ha llegado el momento.
Y así, Olivia rompió la tensión en mil pedazos.
—Olivia, vamos fuera. —suplicó mi madre, casi rogándole.
—¿Otra vez vas a esconderlo? —respondió ella, sin ningún ápice de tacto hacia mi madre.
La sangre me estaba subiendo a la cabeza. Ella no tiene el derecho de tratar así a mi madre, por cosas malas que haya hecho.
No me pude aguantar, y las palabras resbalaron de mi lengua como si se tratara de un tobogán.
—¿Por qué te importa tanto lo que haga mi madre? —solté a la defensiva, sin pensarlo antes.
Cuándo vi que Olivia se acercaba a mi, con esos ojos afilados, sentí que debería haberme callado la boca.
Mi madre se interpuso entre nosotras, agarrándole el brazo a Olivia.
—Para ya Olivia… Por favor.
—¡No pienso parar!
—Pues deberías. —respondió mi madre.
—¿Sabes lo que Isabella debería saber?
—Cállate, salgamos fuera a hablarlo.
—¡No hay nada de lo que hablar!
—Dios mío —suspiré— No entiendo por qué… estáis así.
Un segundo muerto.
Un fuerte latido llenó el silencio.
—¡Porqué eres mi hermana! —las palabras salieron ardiendo de su boca, golpeándome en la cara.
En cuanto esas palabras salieron de su boca, empecé a perder los estribos. Dejé de controlar mi cuerpo.
Miré a mi madre, buscando una negación. Buscando algo que dijera que lo que acababa de escuchar era mentira. Buscando al menos una defensa.
Nada.
Empezaron a brotar lágrimas. Sus ojos se oscurecieron.
No encontré en ella negación. Solo arrepentimiento y culpabilidad.
Mi cuerpo empezó a temblar incontroladamente, desde los pies hasta la cabeza.
La sala me daba vueltas y vueltas. Intenté huir. Deshacerme de todo esto. Pero los pies no me funcionaban.
Noté como perdía la respiración, como si estuviera apunto de fallecer.
El dolor en la cabeza empezó a empeorar, y poco a poco, se me nubló la vista.
Me tambaleé de tal manera que casi me caigo al suelo.
Pero James, que aún estaba aquí, consiguió que no me derrumbara del todo, apoyándome contra la pared.
Miré hacia el suelo y me encontré a mi madre, envuelta en un mar de lágrimas, mientras le pegaba puñetazos al suelo como si este tuviera la culpa de todo. Parecía acercarse a mí, pero las lágrimas le arrastraban más y más.
Olivia estaba quieta. Tenía los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir. Parecía que se acababa de quitar un peso enorme de encima. Y lo aseguró cuando se le deslizó una sola lágrima por el moflete.
Me mira. Busca a mamá.
Se agacha e intenta ayudarla.
Mi madre la detiene y se vuelve a centrar en el suelo. Me mira a mi. Después a James.
James solo negaba con la cabeza. Como si le costara creerlo. Miró a Olivia.
—No me lo puedo creer. —musitó, con la voz temblorosa. — Olivia, dios mio.
James parpadeó varias veces, como si necesitara que alguien rebobinara la escena para comprobar si la había entendido bien.
Dio un paso atrás. Luego otro.
—No… —repitió, pero esta vez no lo dijo para negar, sino porque no encontraba más palabras.
Se llevó una mano al pelo, apretando con fuerza, como si necesitara sentir dolor para creer que aquello estaba ocurriendo.
Miró a Olivia, luego a Isabella, y volvió a Olivia. Sus ojos iban y venían, atrapados entre la confusión.
Lo acababa de entender.
Acababa de entender lo que me dijo Olivia hace meses, cuando era una simple desconocida para mí.
Claro que… ella estuvo mucho antes que yo.