Capítulo 43
James
2 de febrero de 2009
En cuanto escuché su voz en la entrada, supe que algo iba mal. Se me encogió el estómago y lancé el móvil para ir a ver que estaba pasando. Por dentro me suscitó un leve recuerdo…
“—¿Puedes llevarme fuera de la escuela? Por favor, James—”
Ignoré esa imagen y cuanto antes la saqué de mi cabeza, no me podía entretener. Además, seguro que ella no est…
Los músculos se me tensaron solos a cada paso que daba.
Isabella estaba de piedra, enfrente de la puerta sin dejar ver a quien se que este fuera.
Asomé la cabeza.
Se me cayó la boca al suelo. No me lo podía creer.
No. Ahora no.
Con ella delante no.
Intenté gesticular, cualquier cosa, pero no podía, la mandíbula no me respondía.
El pecho empezaba a subir y bajar sin control. Y las punzadas se sentían como si estuvieran clavando agujas dentro de mi. Sentía que en cualquier momento se me salía el corazón por la boca, y el aire dejaría de entrar a mis pulmones.
Isabella seguía rígida, inmovil, ni siquiera podía escuchar su respiración.
Mi mente estaba tan en blanco que lo único que podía sentir era mi cuerpo temblando y balanceándose de lado a lado.
No podía verlas.
Juntas.
Parecía que se había colado en mi mundo a la fuerza, en el momento más inoportuno. No era capaz de pensar que Isabella me estaba viendo en esta situación. No con ella.
Ya ha pasado un año. Un maldito año.
Y tiene que aparecer ahora. Aquí.
Respirar me estaba costando más trabajo del que debería. El poco aire que era capaz de entrar me ardía en la garganta, como si en vez de aire, fueran llamas.
—James. —gritó Olivia, dejando sobre mí una oleada de recuerdos pérdidos, dándome una patada de realidad.
“—Necesito que vengas, James.”
No podía soportar que Isabella estuviera viendo todo esto… El pecho me dolía cada vez más, si tan solo le hubiera contado toda la verdad a Isa…
La mirada de Olivia penetró en mi, revolviendo mi estómago por completo.
—No, ahora no. —tartamudeé, sin ni siquiera saber lo que estaba diciendo, solo por impulso.
No puede ser que venga ahora. No después de tanto tiempo.
Sus ojos, fijos, no parpadeaban; brillaban de un modo que daba miedo, dejando el vello de mis brazos erizados, como si el aire hubiera cambiado de golpe.
—No sabía que ahora te escondías en casas ajenas, James.
Su voz estaba afilada, igual que un cuchillo. Y sentía que esta se clavaba en mi interior, como si me estuvieran rasgando todo el cuerpo.
Mis manos se apretaron tanto que dejé de sentir los dedos. Tuve que esquivar la mirada en cuanto pude, porque estaba consiguiendo entrar en mi, eso no lo iba a permitir.
Cómo un acto reflejo, mis piernas se desplazaron hacía delante, tapando a Isabella con mi cuerpo, y dejándome frente a frente con Olivia. Si alguien iba a salir mal parado… Isabella no iba a ser, eso estaba claro.
—Olivia… —el pecho se me desinfló de golpe.
—Ahora no hagas que no sabes. —a la defensiva, Olivia volvió a atacar.
Noté las manos de Isabella temblar detrás de mí. Me giré hacia ella.
Intente calmarla.
El sonido de las botas de Olivia retumbando en el suelo me hizo volver mi cabeza hacia ella, tan pronto como la había apartado para fijarme en Isa.
—Los… Los ojos… —murmuró Isa a la vez que juntaba su brazo con el mio. Era imposible que algo retumbara tanto en mí cómo la voz de Isa… Ese tono…
—¿Los ojos qué? —Olivia se cruzó de brazos mientras giraba la cabeza para mirar a Isabella.
Su aliento me dió en toda la cara.
—Venga —bufó— Sigue con lo que estabas diciendo, Isabella. —hizo énfasis en su nombre.
¿Qué?
¿Acaso se conocen?
Parece que Isa se quedó igual que yo, porque tan pronto como pronunció su nombre, la boca se le cayó al suelo.
—¿Ya le has contado todo, James?
Su brazo vino hacia mí, rápido, como un ataque contenido. Le agarré la muñeca antes de que pudiera tocarme.
—Vaya… —soltó una sonrisa retorcida —Así que ahora sí que te defiendes. ¿Cómo cambian las cosas, no?
Me estaba controlando. Me estaba controlando simplemente porque no quería que Isabella me viera así.
Los dedos empezaron a temblarme.
Empezaba a sentir que mi cuerpo no reaccionaba a lo que le decía.
En un abrir y cerrar de ojos, Oliva entró en la casa. Ni siquiera lo procesé al instante, el golpe de su pisada contra el suelo me advirtió de esto.
Me eche para atrás y sin saber donde pisar, casi me topo de cara con el suelo. Puto bordillo.
Con la respiración agitada, intenté aclararme la mente y procesar lo que estaba pasando. Olivia no dudó y su pelo me rozó el hombro, tensandome el cuerpo por completo.
Sus botas retumbaban en el suelo y me revolvían por dentro, pisaba tan fuerte que parecía que nos íbamos a caer al piso de abajo.
O quizá era yo el que se estaba cayendo.
Un grito silencioso se escapó de Isabella, calando dentro de mí. Olivia se puso frente a ella, cerrando la puerta tras ella con un portazo.
Su respiración resonaba en mi interior, notaba como su pecho subía y bajaba simplemente por el sonido. Por los suspiros.
Al notar la reacción de Isabella, se giró hacia mí. Sus pasos se acercaban.
Clon, Clon.
Se inclinó hacia mí, dejando nuestros cuerpos a unos escasos centímetros. Alzó su mano hasta mi barbilla, atrayendo mi rostro hacia el suyo.
Sus ojos buscaban a los míos, pero no les dí esa suerte. Fijé la mirada hacia arriba.
Su aliento olía exactamente igual que el año pasado, consiguiendo volver a erizar mi piel.
—No eres capaz de enfrentarte a nada real, ¿verdad?
Su mirada junto con su tono de voz me taladraron por dentro. Dejándome sin habla.
Dejándome sin voz.
El estómago me empezó a doler de manera repentina. Comencé a sentir que esto no podía estar pasando. Qué Olivia no tendría qu…
Un golpe.
El sonido de la puerta de la entrada. Unos pasos apresurados, decididos.
Subiendo los escalones del edificio, como si los quisiera atravesar.
No reconocía el ritmo, ni la prisa, ni la forma en que resonaban…
Pero Isabella sí.
Lo supe al instante.
Se le tensaron los hombros.
La respiración se le partió en seco, como si el aire ya no quisiera entrar.
Un timbre sonando.
Dos veces.
A la tercera, el sonido se me hizo eterno, impaciente.
La cara de Isabella se paralizó aún más, si es que eso era posible.
Olivia frunció el ceño, confundida.
—¿Esperáis a alguien? —dirigiendo su mirada hacia Isabella. Ella me miró a mí.
Noté el terror en sus ojos, el miedo, el arrepentimiento. El aire estaba cargado de incógnitas, de preocupaciones.
—Isabella. —gritó una voz femenina, segura. —Se que estás ahí. —mientras golpeaba la puerta.
Esa voz se llevó la rabia de Olivia, convirtiéndola en una respiración rápida, agobiada. Sus ojos se abrieron.
No entendía nada.
La expresión de Isabella empeoró, al escuchar el ruido de unas llaves, detrás de la puerta.
El pomo empezó a girar, lentamente. Mi estómago cayó al suelo.
Los ojos de Isabella empezaron a humedecerse. Y por la forma en la que respiraba…
—Mierda. —murmuré.
Ya sabía quién tenía que ser. Su madre.