Capítulo 40
Isabella
15 de noviembre de 2007
No quería tener a alguien que me mandara. Estaba dejándome de llevar de una vez por todas. Me hacía caso a mi misma al fin, sin querer complacer siempre a los demás.
Por eso había hecho todo esto.
Había algo en James que siempre se quedaba clavado en mí, por mucho que lo ignorara.
Sentía algo por él.
En las veces que la vida nos ha juntado. Esas coincidencias.
Y una parte de mi, escondida… Me decía que él sentía lo mismo. O que al menos, a él le pasaba algo parecido…
Mis tripas me callaron con un fuerte rugido, exigiendo comida. Rugido que fue rápidamente sustituido por el sonido del timbre, que al fin nos dejaba salir al recreo.
Guardé todo lo de clase en la mochila, y saqué el almuerzo. El olor a la comida me alimentó ya de por sí.
Hoy no iba a ir a natación, así que iba a tener mi tiempo para comer tranquila, sin prisas.
Y además, me podría juntar más tiempo con mis amigos, cosa que también agradecía.
—Hola Brisa —le toqué por la espalda.
—Ay —pegó un saltito— Qué susto, Isa. —alzó la voz, junto con su inconfundible risa de siempre.
—Ja, ja, ja. Hoy no voy a natación —hice una pausa dramática— Me… quedaré con vosotras todo el recreo — acabe esta frase, con ilusión.
—Toma ya, al fin —respondió con los ojos bien abiertos. —
¡Chicos! —les pegó un grito a los demás— ¡Qué hoy Isabella se queda con nosotros!
Y empezó a saltar.
Sin duda, esta chica era increíble.
—Venir, vamos a sentarnos y… ¡ hacer una ronda de chisme!
—sugirió con su mirada de picardía puesta sobre mí.
—¿Alguien ha dicho chisme? —preguntó Gael, entusiasmado al escuchar esa palabra.
—No os vengáis arriba —un gesto bastó para que entendieran que debían calmarse —No ha pasado nada interesante en mi vida, chicos. —mentí.
Lo que menos ganas tenía ahora mismo era de hablar de ese tema.
—¿Segura? —Gael insistió, con esa mirada que parece que te esté descifrando por completo.
Me enrojecí un poco y se dibujó una leve sonrisa en mi cara.
—¿Qué tal con… James? —me alzó una ceja. Maldecí en silencio.
—Pues normal, no sé. —noté como la mirada de Elian caía sobre mí.
—Pero norm…
No pudo acabar la frase porque Elian le hizo una señal por debajo de la mesa, acompañada de esa mirada matadora tan peculiarmente suya.
Gael entreabrió los ojos, mientras se sellaba la boca con una mano.
—Isabella. —hizo una pausa— ¿Hoy porque no vas a natación? —preguntó Elian, desviando completamente el tema.
—Porque tengo la regla —respondí sin ningún tipo de tapujo— Y me duele mucho.
Como era obvio, esa respuesta le dió igual y volvió a mirar a Gael.
—¿Me vais a decir lo que me estoy perdiendo? —imploró Brisa.
—Son hombres. —añadí, haciendo como que la cosa no va conmigo.
—Al menos yo no tengo la regla. —soltó Gael, entre carcajadas.
—A mí no se me emp…
—Shh, ya vale. —no dejé a Brisa terminar —Demasiado por hoy.
Nos estábamos dirigiendo a clase, y yo me desvié a coger mi libreta —sí, la que casi me roban— ya que la tenía en la taquilla.
Me extrañó ver un papelito pegado en ella, pero pensé que sería cualquier broma de mis compañeros, o algo de ese estilo.
“Para Isabella:
Esta tarde a las cinco en la papelería.
La que está justo al lado del parque grande”
Cualquiera que me viera podría pensar que estaba mirando un muerto, por que mi expresión era cuanto menos extraña.
Mis cejas no eran capaces de bajarse y mis ojos seguían abiertos, siguiendo a mi boca.
¿Quién se supone que me había dejado esta nota? Por la letra era posible saber de quién era.
Era una letra despreocupada, con la tinta algo deslizada, sobre un post it de color flosforito, para que llamara la atención.
No sabía qué hacer.
Y todo esto me recordó al día en el que…
“Número desconocido”
“Número desconocido”
Saqué eso cuanto antes de mi mente, porque ya sabía lo que venía después. Y para ser sincera, era lo que menos ganas tenía de enfrentarme ahora mismo.
Decidí que todo esto sería problema de la Isabella del futuro y me dirigí hacia clase, con la cabeza bien alta.
Al no hacer natación hoy, me quedaban dos horas libres. Así podré aprovechar y acabar todas las cosas que tengo pendientes. Además, me distraeré.
Doble la nota y la metí a presión en la mochila. Como si fuera a desaparecer.
Como si de esta manera, la nota desapareciera, sin tener que enfrentarme a eso.
Quizá lo de irme a estudiar no era lo mejor que podía haber hecho.
Estaba enfrente de los apuntes, todos llenos de colores y anotaciones en letra pequeña. El problema era que cada letra que miraba, me recordaba a la de la nota.
Los trazos de las letras empezaron a aparecer por mi mente, comparando las caligrafías y buscando que podría caracterizar una letra de otra.
Necesitaba ver el tipo de letra de mis compañeros. Necesitaba encontrar quien me había escrito eso.
Y la mejor manera, sin duda alguna, no era ir a las cinco a la papelería.
No.
¿Quién sabe qué quiere esa persona de mí?
¿Y si me intenta hacer algo?
Tenía la necesidad de contarle esto a alguien, pero no quería implicar a más gente en esto. La decisión la tenía que tomar yo, fuera la que fuese.
Me estaba haciendo un lío.
Volví a leer la nota, para ver si lo había entendido mal, o quizá si había algún tipo de marca que no había visto antes… Cualquier cosa.
Al volver a leerla, mis ojos se fueron directamente a…
“...en la papelería”
¿No era posible, no?
El corazón empezó a latir cada vez más y más rápido, repasando todos los detalles, cualquier cosa que me dijera algo más de quien había sido…
No.
Él no haría esas cosas.
Con un nudo en la garganta y el pecho apretado, doble la nota y la metí a la fuerza en mi bolsillo.