Capítulo 36
Isabella
10 de noviembre de 2007
Caminaba sin rumbo, aún cuando este era el recorrido que hacía diariamente. Hacía un aire frío y denso… mis pasos, lentos, dejaban un sonido que iba repitiendo las mismas palabras que no quería escuchar:
“Necesito tiempo”
El camino se me hacía eterno. A cada paso que daba, parecía que retrocedía unos cuantos más. Mis manos, inquietas, tampoco sabían en dónde meterse. La brisa me erizaba cada vez más la piel, y congelaba más mi nariz. No era capaz de distinguir los nombres de las calles, solo veía borrones…
Y la gente. La gente seguía su rutina normal, propia de un sábado ya anochecido.
No debería estar permitido seguir con la rutina mientras a una chica cualquiera le acaban de dejar con el corazón… fuera de su cuerpo, y con todas las palabras en el aire.
Para mi parecer, llevaba largos minutos andando. Pero miré el reloj, y decía lo contrario. El tiempo no me seguía el paso.
Y entonces lo oí.
Un sonido que pensé que sería como los otros, lejanos, olvidados. Este era distinto. Rompió el hilo de mis pensamientos, devolviéndome al ruido, a la calle, a los
coches… la realidad, implacable. Todo lo que había querido olvidar.
—¿Isabella?
Cerré los ojos y seguí mi camino, pensando que sería una alucinación, quizá por el cansancio…
—¿Isabella? —repitió una voz, esta vez elevando el tono.
No quería fiarme de mi mente. No quería girarme porque sabía que allí no habría nadie, que eran imaginaciones mías…
Una mano se posó sobre mi hombro.
Mi cuerpo reaccionó pegando con un pequeño brinco, y mis manos, aún temblorosas llegaron hasta mi boca, ahogando un pequeño chillido.
No me lo quería creer. Al girarme, noté como se me desprendía la boca, alucinada.
—¿E…? —tosí —¿Elian? —noté como mis cejas se arqueaban por completo.
—¿Debería preocuparme, verdad? —comentó este, con la misma expresión que yo.
—No, no… —mentí— Necesi- —tragué saliva— Me iba ya… para casa —rascándome la ceja.
—Eh, si no recuerdo mal —alargó la última palabra— Vas en dirección contraria —mientras señalaba la calle que estaba tras él. —A menos que te hayas mudado… o algo.
Cachis. Ya decía yo que el camino se me estaba haciendo muy largo.
—Es que… ¿Voy a casa de? —me di un golpe en la frente, como si eso fuera capaz de desenredarme la mente. —Voy a casa de mi tía —logré balbucear, al fin.
—Isabella. —sus ojos, grises por la oscuridad, aterrizaron en mi, fijamente.
—¿Qué? —tartamudee. Mis manos marcaban el ritmo de las sílabas que salían por mi boca.
—¿Qué pasa? —suspiró— ¿Vas… borracha?
—No, no. —me sentía descubierta, como si él lo supiera todo.
—Es solo… cansancio.
—Ya, claro. —dejó escapar todo el aire que tenía en sus pulmones. —Y… ¿dónde está James? —entornó los ojos. — Él también ha desaparecido.
Sentí que algo en mí se rompía. Un silencio espeso me llenó los oídos. Solo podía escuchar mi respiración, agitada.
—Mira, no sé lo que pasa entre vosotros —alzó la voz Elian.
—Necesito que hables con él y solucioneis lo que sea que está pasando. —sus ojos destilaban una súplica silenciosa.
—No… no…
—Shh —me interrumpió— Ahora mismo, vais a hablarlo.
—¿Por qué? —No entendía porque tenía tantas ganas de “solucionarlo”. Él no tenía por qué meterse en nuestros problemas, y por supuesto que hoy no tenía nada más que decir. Ya había caído muy bajo. No tenía ganas de volver a sentirme así.
—Porque tú… — me señaló —Estás muy afectada —tragó saliva —. Y aunque no nos conozcamos, no puedo verte así. Tampoco puedo ver a James destrozado por tí.
Bajó la mirada al suelo, a un punto fijo.
—Yo… —Quería llorar. Más bien, quería pegar un chillido y desaparecer del todo. —Estoy harta —las palabras se quemaban en mi garganta.
Aun con la cabeza fija en el suelo, asintió.
—Acabo de abrirme a él… completamente —torné los ojos
—¡Y ME HA DICHO QUE NECESITA TIEMPO! —me
agarré la cabeza y subí más la voz de lo que quería.
Quería contarle todo a Elian. Desahogarme. Pero dos veces en un mismo día sería demasiado.
—Te escucho. —volvió su mirada hacía mi, dejando atrás el suelo que minuciosamente miraba antes.
—No puedo más. —desesperada, me tape los ojos. Como si ese gesto solucionara algo.
Elian me miraba, callado, esperando a que siguiera.
—Llevamos días ignorándonos —el aire caliente salió de mi boca, como si llegara tarde— Cuándo nos veíamos era… era confuso. El se iba o yo desaparecía. —cerré los ojos al recordar, sin querer, cómo se sentían sus labios sobre mi boca
—Siempre nos quedamos a medias, siempre huíamos…
—¿Te puedo decir lo que opino? —sus ojos destilaban sinceridad.
—Si.
—James es un inmaduro. Le conozco desde hace años… Pero jamás le he visto así por alguien. —miró hacía atrás, como buscando a alguien. —Y no, no me ha hablado de tí, por eso se que en el fondo, de verdad le interesas.
Estaba hecha un lío.
—Créeme, por favor. —tragó saliva— No dudo que te haya hecho sentir mal, y ni se te ocurra pensar que es tú culpa. — apoyó una mano en mi hombro— Es su forma de… no sé cómo explicarlo —suspiró— Él está asustado. Asustado de enamorarse de alguien.
Empecé a notar mis ojos humedeciendose.
—No se si lo sabes, pero hace un mes, él estaba con… una chica. Olivia, se llamaba. —noté como se le apretaba la mandíbula —Ella era muy controladora y demasiado agresiva. A James le gustaba y, cómo Olivia le pidió salir, él no supo
decir que no. —ladeó la cabeza— Era una relación muy extremista, en la que se notaba que no había amor puro. James lo pasó muy mal, sobre todo con la última que le hizo.
Asentí, buscando algún hueco libre en mi cabeza para guardar toda la información que me estaba dando.
—Y bien, es posible que James necesite tiempo.
Pero no pude. Las lágrimas no aguantaron más y comenzaron a salir disparadas de mis ojos.
—No estoy diciendo que sea así, pero lo más seguro es eso.
—me limpió una lágrima— James está enamorado de tí. Solo necesita aclararse la cabeza, y lo más importante… Hablar seriamente contigo.
Las palabras chocaron contra mi mente, frías, como la brisa que soplaba, dando a notar los días de invierno que entraban.
—Haz… lo que realmente creas —murmuró, casi en un susurro que el viento estuvo a punto de robarse —Yo solo digo lo que creo que será mejor.
Las palabras de Elian seguían flotando en mi cabeza, sin cesar.
“James está enamorado de tí”
Era lo único que cabía en mi mente.
Caminé, está vez bien ubicada hacía mi casa. Echarme en la cama y dormir era lo único que quería hacer en ese momento. Dejarme caer en la cama, con las sábanas calientes, como si estas fueran a derretir mi mente… helada, igual que mi cuerpo con las bocanadas de aire que soplaban contra mí.
No sabía si creer a Elian. Quizás tiene razón, y James no sabe cómo manejarse y… ¿Está realmente enamorado de mí? Esa frase me dejó un amargo sabor de boca. Dolía solo de pensarla.
No sabía si creer en… nosotros.
Todo me empujaba a que estaba mal encaminada, que no estaba tomando las decisiones correctas. Absolutamente todo lo relacionado con él me parecía confuso. Me parecía incorrecto.
¿Cómo es posible que algo pueda parecer tan correcto… y tan incorrecto a la vez?
Había algo que acababa de comprender, algo que a cada día que pasaba, me ponía los pelos más de punta. Es como que el destino me arrastra a él.
En cada pasillo del instituto, en cada fiesta de cumpleaños… Y eso aumentó al darme cuenta de que el chico del balcón… era él. No hace falta hablar de cómo nos conocimos, de ese día que nos encontramos en la papelería y con una simple mirada, logremos decirnos todo.
Algo se me escapaba.
Y no consigo descifrar el qué.