Las coincidencias que no fui capaz de explicar Capítulo 34
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Capítulo 34

Isabella

8 de noviembre

—¡Isabella! —alzó la voz mi madre.

—¿Qué pasa? —grité, desde el piso de arriba.

—¡Baja un momento! —respondió ella.

Unos walkie talkies no vendrían mal en esta casa. Siempre nos comunicamos por chillidos, y mira que la casa es pequeña y somos dos.

—Voy. —bajando las escaleras.

—Tu padre pronto volverá a casa. —estaba sentada en la misma mesa en la que me escondí… hace varios días… No podía mirarla igual.

—¿No era para meses? —alcé las cejas. Eso era lo que me habían dicho las médicas.

—Bueno. —soltó todo el aire de sus pulmones —Me acaban de llamar y me han dicho que pronto le darán el alta.

—Ah. ¿Te han llamado? —recordé que por llamada no podían dar el alta, solo era presencial y más estando en la misma ciudad.

—Si. ¿Por qué? —se rascó la nariz.

—Yo pensaba que solo podían dar el alta presencialmente.

—Oh —alzó las cejas a la vez que su expresión cambiaba—Si, es que fui el otro día.

¿Qué? ¿Y ahora se acuerda de decirmelo?

—Vale, vale. —me callé, sin estar nada segura de que eso fuera verdad.

No quería provocar otra discusión, este tema ya me sobrepasaba.

Hoy la clase ha sido normal, no hemos hecho nada en especial. Me han dado la nota de un examen y estoy bastante contenta con mi nota, así que mi día no ha sido tan malo.

Lo que más me apetecía ahora era tocar la guitarra. ¿El problema? Creo que el chico de la terraza… No estoy muy

segura, pero el otro día… Me pareció ver a Elian. Y al verle, todo empezó a encajar.

El primer día que lo vi, se me hizo curioso, que me estuviera mirando —o que al menos lo pareciera—.

Ahora que he visto a Elian… Me estoy dando cuenta que las veces que desaparecía James, eran las veces que cuando salía al balcón a tocar la guitarra, no me sentía observada por nadie.

No había ninguna sombra extraña enfocada en mi.

Realmente, ahora todo me cuadra. Aquella silueta, de estatura media… Lo más probable es que fuera James.

Y eso me asustaba. Me asustaba porque todas las veces que le he visto ahí, él estaba girado en mi dirección. Tal vez

mirándome, tal vez no. Se me hacía extraño. ¿Por qué miras a alguien que no conoces desde la terraza? ¿Por qué al conocerme no me dijo nada?

No se, si al menos me hubiera dicho que él era el que aparecía en la terraza de vez en cuando, no me asustaría tanto. Se me habría hecho gracioso y todo, porque no es más que una

coincidencia. Pero cuando lo ocultas… Se tiñe de una vibra un tanto espeluznante.

Lo que más me sorprende es como no me he podido dar cuenta, y lo que hubiera pasado si no. ¿Si Elian nunca hubiera aparecido en su terraza? ¿Nunca me habría fijado en que era James?

Cuándo salgo a tocar la guitarra, me centro tanto en la música que todo lo demás pasa a un segundo plano —incluso diría que tercero— pero no sabía que era para tanto, estaba como en una burbuja, una que por suerte Elian había explotado.

Aunque tal vez habría sido mejor no saberlo, no darme cuenta… Eso me hace pensar si en algún momento me daría cuenta.

Estuve un rato pensando en si mandarle un mensaje o no, aunque ni siquiera sabía con certeza lo que quería decirle.

“Te he visto en la terraza, desde mi balcón” Quizá sonaba un poco psicópata.

“¿Vives cerca de mi?” Eso suena como si quisiera saber donde vive para aparecer por su casa en cualquier momento.

Y la otra opción era mandarle un mensaje a Elian. Así que fui a ello. Con el me daba menos vergüenza preguntar esto. Sabía que, de todas maneras iba a sonar raro, y también tenía bastante claro que el mensaje le acabaría llegando a James.

Elian (clase)

Hola. Soy Isabella

¿Es posible que te haya visto desde el balcón de mi casa?

Quizás me estoy volviendo loca. Me da curiosidad si vives en frente mio, ja, ja, ja.

Buenas.

Si, es muy probable. Y no, no es mi casa, no vivo en frente tuyo, por desgracia.

¿Entonces no estoy loca?

Hasta donde yo sé, no, no estás loca.

Por cierto,

¿Este sábado estás libre?

¿Qué? Elian me estaba preguntando si estaba libre el sábado.

No estaba segura si decirle que sí o que no.

Aunque, a quien voy a engañar, obviamente estaré libre.

Y si le digo que no, es muy probable que me arrepienta.

Si le digo que sí, me arriesgo a arrepentirme o no.

Y como soy una atrevida, tecleé la respuesta.

Si, estoy libre.

Genial.

Por alguna casualidad…

¿No te apetece venir al cumpleaños del mejor amigo del mundo?

Pues… Venga va, me apunto.

Bien.

Este sábado, a las cinco de la tarde te esperamos en mi casa.

Me va bien, pero no se donde vives.

Hostia es verdad. Ja, ja, ja.

Ahora te paso ubicación.

Vale vale.

Wow.

Es mi primer año en España —mejor dicho, mi primer mes, literalmente— y ya me han invitado a un cumpleaños. Estoy batiendo el record, esto es increíble.

Lo peor de todo es que ni siquiera le he pedido permiso a mi madre. Tampoco creo que lo haga. Cuándo llegue el viernes por la noche, o el sábado por la mañana, se lo diré. Así me ahorro las amenazas con no ir al cumpleaños y encima le doy menos tiempo para pensarlo.

Aunque, si voy a un cumpleaños, ¿debería llevar un regalo? Creo que puedo contar con los dedos de una mano las veces que me han invitado a un cumpleaños. Ya ni me acuerdo de lo que se supone que tengo que hacer.

Tampoco sé porque he aceptado tan rápidamente sin pensarlo antes. Quizá ese día no tendré batería social y no tenga ganas de hablar con nadie. Al menos, me distraerá un rato y dejaría de pensar en…

Mierda.

El mejor amigo de Elian es…

¿Por qué he dicho que sí? ¿Porque no podía haber pensado antes que son mejores amigos, y por ende, él estará?

Quizá me ha invitado porque se lo ha dicho él… Pero no, no… No quería pensar en eso… No me podía hacer ilusiones…

No tenía sentido que fuera así.

¿Y si le digo que no voy? Qué me ha surgido algo familiar, que sí que tenía planes y se me habían olvidado… cualquier cosa.

El problema era que en el fondo… quizá sí que tengo ganas de ir.

Quiero empezar a socializar más y creo que una fiesta de cumpleaños es un buen momento para hacerlo.

Así al menos empezaré con buen pie en cuanto a amistades.

No quiero otro año sin amigos. Tampoco estoy diciendo que quiero uno con un montón de amigos, pero al menos tener a alguien, yo creo que se me haría mucho más fácil.

Al fin y al cabo, son experiencias nuevas que quieras o no me gustaría vivir.

Lo único que tengo que hacer es ignorar a James. Si es que aparece por ahí.

Yo quiero olvidarme de él. Pero parece ser que el destino quiere todo lo contrario.

Siempre busca algún momento para reencontrarnos.

Cuando me encontró en el callejón e incluso al darme cuenta de que el chico misterioso del balcón era…

él, por si fuera poco, rematamos con la fiesta de cumpleaños.

Y yo, que soy fiel creyente de que todo pasa por algo, no se como tomarme todo esto.

Se están juntando demasiadas cosas y nunca me había pasado algo parecido.

Y ahora tenía otro problema; encontrar un regalo para Elian.

Aparte de que yo no soy mucho de regalar, siendo Elian se me hace más complicado.

Ni siquiera le conozco, solo hemos hablado una o dos veces y no sé nada en cuanto a sus gustos.

Lo más fácil sería regalarle diez euros y quedarme más ancha que pancha.

Pero también es lo que más cutre me parece.

Tal vez… ¿unas galletas? Solo falta que sea intolerante, con la suerte que tengo.

Después de rato y rato con esas ideas flotando por mi cabeza, decidí que lo más coherente sería mandarle un mensaje a Brisa, que por supuesto lo conoce mejor que yo. ¿Brisa estará invitada? ¿Son amigos?

Tampoco conozco tan bien a Brisa como pensaba. Se que en su grupo están… ¿Cora? Y… ehh…

No me acuerdo bien de sus nombres.

Agh, soy un desastre —pensé en alto mientras me daba un golpe en la cabeza.

De verdad que no entiendo porque últimamente me sale todo tan mal. Me invitan a una fiesta de cumpleaños y solo soy capaz de sacarle pegas. Me intento alejar de James y el destino me acerca a él, más y más.

¿Por qué?

¿Por qué a mí?