Capítulo 32
Isabella
5 de noviembre de 2007
James y yo estábamos a escasos centímetros. Apunto de volver a juntarnos, a volver a sentirnos. Y yo me moría de ganas, era lo que realmente más deseaba en ese momento. Y por su cara, se podía intuir que él también lo deseaba.
Empecé a seguir sus pasos, a cerrar los ojos a la vez que él. Cada vez más juntos, ya era capaz de sentir otra vez ese fuego, esa ansia. Esa comodidad.
Cuándo estaba inmersa en él… de golpe se separó.
Me dejó de piedra. Con el recuerdo de ese beso en la cabeza, con la sensación…
Él no decía nada. Estaba deseando que al menos dijera una palabra, que acabara ya este incómodo silencio.
Me dolía. Me dolía que me acabara de dejar así, enfrente suya, después de apartarse de mí como si fuera basura. Dolía más que no hablara, que no supiera qué decir. Que estuviera arrepentido de tan solo acercarse a mi.
“¡No os acerquéis a Isabella, es una rara!”
“¿P-porque se van todos cuando llego yo, Papá?”
Mil recuerdos trataban de revivir en mi cabeza. No me podía permitir esto, no ahora. Miré fijamente a un punto, en el suelo, y empecé a contar respiraciones.
1… 2… 3…. Inhala.
Exhala. Inhala.
El calor que hace unos minutos me arropaba, se transformó en un frío insoportable, que mantenía mi piel erizada, esta vez por el frío, el frío de la distancia entre nosotros dos.
Él se dió la vuelta, dándome la espalda.
Se sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo. Nunca le había visto fumar. Tampoco había olido a tabaco.
Del otro bolsillo sacó un mechero. Apretó y encendió el cigarro, dejando salir una nube de humo gris. Y el olor… ese horrible olor.
Pasmada, volví a enfocar mis ojos en otro punto fijo, intentando olvidarme de lo que acababa de pasar, y del olor que tantos recuerdos me traía. Mi cabeza empezó a pensar, a darle vueltas a los motivos por los que James había decidido no besarme, no compartir eso juntos.
Ni siquiera sé en qué momento pensé que sería capaz de unir su boca con la mía.
“Eres otra del montón, normal no quiera”
“Claro que no quiso. ¿Qué esperaba? ¿Qué me quisiera?”
“Eres un error para él, y siempre lo has sido”
Él se dió la vuelta, hacia mi. Pero esta vez no me buscaba con la mirada. Simplemente permanecía ahí, enfrente de mí pero mirando al suelo. Este silencio me estaba doliendo mucho más que cualquier palabra que hubiera podido decirme.
Me quedé mirándole, haber si era capaz de seguirme con la mirada, de al menos notar algo… notar que yo estaba equivocada, que él estaba confundido…
Pero no, eso no ocurrió. Una vez que levantó la cabeza y
cruzamos miradas… Me fijé en sus ojos. En su mirada había un torbellino que era capaz de entender, de la que yo solo podía leer una cosa: no me quería allí.
Nuestros repentinos cruces de miradas lo único que hacían era confundirme cada vez más. No entendía porque insistía en mirarme tanto, cuándo a la vez parecía que quería que me fuera de aquí. Tampoco hablaba, ni siquiera hacía un mínimo ruido.
Mi piel cada vez estaba más erizada, y esta vez no era por el calor, y menos aún los nervios que sentía antes, hace apenas unos minutos. Me abracé a mi misma, iba a empezar a temblar del frío que tenía.
James seguía ahí, mirándome de vez en cuando sin hacer nada. Quería irme de ahí, irme antes de que él me echara. Quizá estaba buscando como decirme que me fuera sin hacerme daño. Así que pensé que lo mejor sería facilitarle las cosas y marcharme yo, por mi propia cuenta. Eso me dolería mucho menos.
Di un paso atrás antes de que él lo hiciera, como si así pudiera fingir que era yo quien se alejaba, que era yo la que no quería nada con él. Mis piernas vacilaron antes de moverse, dejándome a tan solo unos pocos centímetros atrás. Él ni se habrá dado cuenta de lo poco que me he podido mover.
Estaba anclada ahí. Mi cabeza quería marcharse corriendo, lo estaba deseando. Tirarse en la cama e intentar cerrar los ojos, como si al abrirlos de nuevo se acabara esta pesadilla.
En cambio, mi cuerpo no quería irse. Me lo había demostrado al no dejar a mis piernas casi moverse.
De pronto, cambió su mirada. No sabría describirla, no sabía que había cambiado, pero estaba distinta.
Una de sus piernas se movió hacia mí, seguida por la otra. Estábamos a tan solo unos pocos pasos, lo cual me volvió a erizar la piel. El corazón se me quería salir del pecho, y mis piernas me decían que huyera de ahí, antes de que volviera a hacerme ilusiones. Sin embargo, él se veía… ¿calmado?
Empezó a levantar la mano. Un escalofrío me recorrió entera y mi cuerpo se cerró sobre sí mismo, buscando refugio donde no lo había.
Él posó la mano suavemente sobre mi piel. Era como un cubito de hielo, como si lo tuviera en la cara. Estaba frío, pero a la vez quemaba, quemaba mucho. De golpe separó su mano de mi cara, como si se hubiera equivocado con ese simple gesto.
Me miraba con una rigidez que no le conocía, como si quisiera protegerse de mí… o alejarme. Esa mirada me
intimidaba mucho. Lo máximo que pude hacer fue mirar al suelo fijamente e intentar convencer a mi cuerpo de que me
tenía que ir de aquí lo antes posible. Me destroza haber pensado que tenía una mínima oportunidad con él.
Un susurro entró por mis oídos a la vez que mi cuerpo recibía una descarga, en forma de escalofrío. Quizá por la brisa helada que acababa de adentrarse en mi cuerpo, o tal vez por… por la voz de James.
—No, no… —notaba cómo su pecho subía y bajaba, de forma incontrolable. —N-no debía de… p-pero quería… y- y —se llevó ambas manos a la cabeza, mientras la movía de un lado al otro.
Enarqué las cejas. No hacía falta que me mintiera. Era mucho más fácil decir la verdad. Al menos así mi cabeza se daría cuenta de que él no me quiere. Quizá hasta que no me lo diga no entraré en razón.
El se quedó callado, mirándome con sus ojos vacíos. Yo le devolvía la mirada, esperando a que él dijera algo más, a que me sacará ya de su vida.
Un silencio vale más que mil palabras.
Mis piernas empezaron a moverse repentinamente. Al fin me habían hecho caso. Al parecer, se habían dado cuenta también.
Empecé a correr. Giré la cabeza hacía donde estaba él, y seguía allí. No se había movido. Seguía con las manos en la cabeza.
Bajé el ritmo, estaba cansada. Tanto mentalmente como físicamente. Solo quería dormir.
Pero al despertarme… No quería que fuera mañana. Quería volver atrás. Dos semanas atrás, cuándo todavía no había interrumpido su vida.