Capítulo 11
James
22 de octubre de 2007
Hoy es lunes, al menos no tenía que madrugar, pero sí levantarme y aguantar a mi madre.
Al menos, mi profesor de natación me ha dicho que no importa que esté expulsado, que sus clases no tienen nada que ver.
Tenía claro que iría a natación. Así, mantenía mi mente distraída.
“Haz lo que quieras, tú verás” --me dijo mi madre.
Olivia lleva sin hablarme desde que nos dijimos que nos daríamos un tiempo, que cada uno por su lado.
Y eso estábamos haciendo, cada uno por su lado y sin tontear con nadie.
No voy a negar las ganas de mandarle un mensaje o llamarla para ver como está, pero sé que eso le dolerá más. No quería rizar el rizo.
Bajé a desayunar. Suponía que mi madre estaba en la cocina ya que en su cuarto no se escuchaba ningún ruido.
Pero no, no estaba allí.
Lo único que había en la cocina era un silencio acogedor. Miré el móvil para ver la hora. Esa calidez se fue tan pronto al ver un mensaje de mi madre.
Mamá.
Me he ido con tu padre.
Hazte la comida.
Lo que faltaba. Meter a mi padre de por medio es… horrible. Mis padres no estaban divorciados, uno dependía del otro y no tenían ganas de hacer papeles.
Mi padre vive en la casa que compraron juntos, la típica casa de vacaciones. Mientras que mi madre vive aquí, aunque la tengan en común, mi padre viene cuando “se cambian de
casa”, principalmente en vacaciones.
Ambos creen que yo pienso que no se hablan mucho, que están distanciados y bla bla bla… a mí no me termina de convencer. Ella casi siempre se va…
Las pocas veces que estamos los tres juntos, ellos ni se hablan. Pero cuando yo le pregunto algo a mi madre, mi padre responde por ella.
Si no tienes contacto con una persona no sabes novedades sobre su vida, así que no tiene ni pies ni cabeza que él lo sepa todo.
Si mantienen contacto, prefiero que me lo diga a que lo esconda. Soy pequeño, si, pero no soy tonto.
Me convencí diciéndome que podría ser peor.
No respondí el mensaje de mi madre, y eso que en mi cabeza rondaban miles de respuestas. Hay veces que el silencio es la más correcta.
Llegué a natación, puntual --algo raro en mí-- entré a la piscina, saludé a mi entrenador y preparé mis cosas; colgué la toalla cerca de la piscina y me fui al baño a ponerme el bañador.
Con las manos pringadas de crema solar--si, porque hoy tocaba en la piscina sin cubrir-- la silueta femenina de una chica me sorprendió.
Mientras más se acercaba a mi, más reconocida se me hacía.
La única chica que iba a natación tenía el pelo castaño.
Y la chica que estaba sentada en el bordillo era… rubia.
Aun acercándome, lo único que veía era su pelo rubio y rizado recogido en una coleta. Ella se giró.
Compartimos miradas. Ambos sabíamos quiénes éramos. Empezó a ruborizarse. Bajé la mirada sin darme cuenta.
Me moría de ganas de preguntarle si estudiaba aquí, aunque la respuesta estaba clara: si no eres estudiante del centro, no podías entrar aquí.
Después de unos segundos mirándonos, me metí en la piscina y me puse a nadar.
Ella siguió mis pasos.
Al ser solo cuatro personas, el profesor nos mandó hacer unos largos, junto con juegos para calentar.
El sonido del silbato nos alentó a todos.
—Chicos. Voy a proponer un juego, ya que hoy somos pares. Después de una pausa, continuó:
—Relevos. Para trabajar la velocidad.
—Yo me pongo con Gabi —saltó Marco agarrando de la mano a Gabi.
—Perfecto —respondió el profesor, mirándonos a mí y a la chica de la papelería.
—James Thrine, tú te vas a poner con… --empezó a rascarse la cabeza.
—Isabella — forzó una sonrisa que no se creía ni ella.
—Eso es, perdona. --su cara se enrojeció.
¿Qué? Pocas veces hacemos relevos, y hoy que justo viene ella…
¿Se habían alineado los astros contra mi? Lo sentía… incómodo.
—Gabi y Marco seréis el equipo uno, así qué James e Isabella seréis el equipo dos —explicó el entrenador —El equipo uno se pondrá a la derecha —señaló a la parte derecha onda de la piscina —Y el equipo dos en la parte izquierda —señalando la otra parte y mirándonos.
—Entendido —dijimos yo y Gabi, al unísono.
Mientras nos colocamos cómo nos había dicho el entrenador, yo estaba discutiendo conmigo mismo sobre qué debería hacer. No quería que fuera muy incómodo. Ni siquiera sé porque se me haría incómodo.
Armé fuerzas y le hablé:
—Hola… al final sí que nos hemos vuelto a ver —notaba mi cuerpo en tensión.
—Si, eso parece —respondió jugueteando con las manos.
—¿Eres… nueva? —evité mirarle a los ojos. Que pregunta era esa, por dios.
—Si —titubeo, mientras se colocaba en su puesto para los relevos.
—Nos saldrá bien--rascándome la nuca —A mi se me da bastante bien, no se a ti…
—¿Oye, tu apellido es Thrine?
—Si ¿Porque lo dices? —giré la cabeza, confuso.
—Es como “Throne”, me acordaré de él. —rió por lo bajo — Así me lo aprenderé.
—Colocaos ya, que vamos a empezar —gritó el entrenador, mirando hacía nosotros.
Nos giramos a la vez y vimos cómo estaban los demás, colocados en sus respectivos sitios.
Cuando nos dimos cuenta, nos miramos y soltamos una risita mutuamente, íbamos a nuestros sitios y le pedíamos perdón al entrenador.
Pobrecita, ya le estaban echando la bronca. Y encima también la mandan a hacer relevos, conmigo. Con Marco o con Gabi sería menos incómodo: sus niveles están bajo los míos, en cuanto a natación.
Después de cinco rondas, anunció el equipo ganador. Tenía mis dudas. No estaba del todo concentrado en… la piscina.
—Enhorabuena, Isabella. Lo has hecho genial para ser la primera prueba --aplaudió-- James, tu cómo siempre.
Estaba apunto de decirle al entrenador que tuviera en cuenta que estaba conmigo en el grupo, pero me callé. No quería liarla y que esa fuera la primera impresión de… Isabella.
—No ha estado mal.
—No, la verdad es que no.
El dolor de cabeza me dejó atontado.