Las coincidencias que no fui capaz de explicar Capítulo 10
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Capítulo 10

Isabella

22 de octubre de 2007

Las voces se mezclaban en el pasillo, punzando como agujas:

—¿Has visto a la chica nueva?

—Dicen que tiene los ojos rarísimos…

—Qué alta es, parece una jirafa.

—¿Pero quién se presenta en octubre?

—Yo no me acercaría a ella. Risas.

Murmullos.

Mi nombre entre susurros que ojalá no entendiera.

—Creo que la he visto meterse en el baño —comentó alguien—. Estaba llorando.

—Isabella, despierta que hoy es tu primer día de clases, no vaya a ser que llegues tarde —gritó mi madre, despertándome de golpe de aquel sueño.

—Ya voy mamá —hablé, casi sin voz.

Hacía mucho que no tenía una pesadilla, y aún así, esta no me arrancó lágrimas.

Antes solía despertarme empapada, temblando, pero ahora mi cuerpo parece haberse acostumbrado a revivir lo mismo una y otra vez. Como si ya no tuviera energía ni para llorar.

Cuándo me levanté, me quedé un rato pasmada mirando al techo pensando en si lo que acababa de vivir era real o no. Di por hecho que no era real pero igualmente ese sueño me dejó un mal sabor de boca.

—Isa, baja ya a desayunar, se te va ha hacer tarde, de verdad

—suplicó mi madre.

—Ya voy, mamá, me estaba vistiendo —mentí y me vestí rápidamente para bajar a desayunar e irme a clase.

Hoy, era mi primer día de clases. Era algo raro, tenía miedo pero a la vez tenía ganas, porque siempre me ha gustado la rutina de ir a clases, horarios de estudio, y todo eso.

¿Los sueños avisan de algo? ¿Son restos de miedos antiguos mezclados con los nuevos? ¿O simplemente son historias que inventa la cabeza cuando no la vigilas? El nudo en el estómago seguía ahí, como si lo hubiera vivido.

El problema era que, aparte de ser nueva y tener que conocer a gente, pasaba al instituto. No se como será el nivel de estudios en España, pero espero que sea parecido al de… Estados Unidos.

Respiré hondo, desayuné tan rápido como pude y salí corriendo a coger el autobús. No quería llegar tarde el primer día. Lo que me faltaba.

Quince minutos después, llegué a mi nuevo instituto. Como aún quedaba tiempo, recorrí el recinto sin prisa: el patio enorme, las aulas abiertas, las salas de música llenas de

instrumentos, la piscina al fondo brillando como si fuera de cristal.

Las fotos de internet no le hacían justicia. Todo parecía vivo, luminoso. Ya me imaginaba en los taburetes de la sala de música, guitarra en mano.

La biblioteca me dejó sin palabras: estanterías enormes, libros de todo tipo y un cartel que decía que los estudiantes podían llevárselos gratis con el carnet escolar. Para mí y estoy segura que para todas las lectoras, aquello era el paraíso.

Justo, cuándo iba a mirar los libros que había, sonó una campana. Me sobresaltó. Me pilló tan despistada que tardé un segundo en reaccionar.

Fui al despacho del director, porque no sabía a qué clase tenía que ir. Si, había visto todo el instituto entero menos mi clase.

—Hola, Isabella —saludó el director al verme asomar la cabeza—. ¿Buscas tu aula?

—Sí… todavía me pierdo un poco —admití.

—No pasa nada. Tu clase está en el segundo piso, pasillo de la derecha. Segunda puerta empezando por el final. Ahora mismo tienes matemáticas.

Intenté memorizarlo, pero él frunció el ceño y añadió:

—Espera, mejor te doy un mapa. ¿Tienes tu horario?

—Sí —rebusqué hasta encontrarlo.

—Perfecto. Te marco dónde tienes cada asignatura —dijo mientras imprimía el plano—. Y no te preocupes por matemáticas, avisaré para que no te pongan falta.

Asentí, algo más tranquila.

—Puedes aprovechar estos minutos para seguir conociendo el instituto —añadió—. Si algún profesor pregunta, dile que te he mandado yo.

Bueno, al menos me libro de matemáticas a primera hora. Se me daban bien, sí, pero empezar así el primer día tampoco me hacía especial ilusión. Tampoco quería empezar ya con una falta, y agradecí que el director lo hubiera tenido en cuenta.

—No se preocupe por la clase de matemáticas —anunció el director, leyéndome la mente. —Ahora avisaré para que no te ponga falta, tranquila que no te lo tomará en cuenta.

—Ah, gracias —respondí, feliz porque no tendría mi primera. Sería un poco desastre por mi parte.

—Aquí tienes el mapa, mira, esta es tu primera clase de hoy

—señalándolo. —La siguiente de hoy es aquí —señaló otra aula distinta, que está en la otra punta en comparación con la primera.

—Vale, vale —respondí —Gracias, y perdón por las molestias.

Fui a la biblioteca otra vez, para mirar qué libros había. Vi unos cuantos ejemplares que me gustaban, cada vez tenía más ganas de sacarme el carnet.

Tenía variedad: Una sección de ejemplares más antiguos y otra de diccionarios y también su zona de libros o revistas actuales.

He estado cinco minutos y yo ya me quiero llevar la mitad de los libros. Apuesto porque aquí es dónde voy a pasar la mayoría de mi tiempo libre.

Los libros son como un portal para mí, logro dejar de pensar en todo y centrarme en la historia.

Al escuchar de nuevo la campana tuve qué sacar el mapa que me había dado el director. Me tocaba inglés.

Me tocaba ir a una clase que estaba a la otra punta respecto al aula de mates, pero me pilla más cerca de la librería. Sin ningún tipo de prisa me fui a ese aula.

Al entrar, solo estaba la profesora sentada en su silla, y las demás estaban todas vacías.

—Hola —saludé —Yo soy Isabella, la chica nueva —hablé mirando a la profesora.

Parecía bastante jóven, con el pelo castaño tirando a rojizo, y una sonrisa de admirar. Se le veía cara de maja.

—Oh, encantada —me dió la mano— Yo soy Patricia, tú profesora de inglés.

—Encantada.

—¿Es tu primer día?

—Sii, y mi primera clase, todavía no conozco a mis compañeros —respondí.

—Haré una ronda de presentaciones --esbozó una sonrisa—Por cierto ¿cómo llevas el inglés? Tendrías que hacer un examen de prueba.

—Pues muy bien, es mi idioma materno —se me escapó una carcajada.

—Entonces nada de lo que preocuparse.

—Tus compañeros son majos, Isabella, no te preocupes por eso —añadió, sin dudarlo ni un segundo.

—Eso espero — mis ojos brillaban.

—Tu sitio es este —apuntó a una mesa en la segunda fila. — Es el único que queda libre. A veces hago cambios, depende de como se porten … tus compañeros — rió por lo bajo, al ver que aparecían por la puerta.

—¿Qué decías de nosotros, Patri? —un chico le lanzó una mirada burlona a la profesora.

—Elian, ¿cuantas veces te he dicho que no te dirijas a mi como Patri? Que no soy tu colega —casi se atraganta de risa al decirlo.

—No has respondido a mi pregunta —arqueó una ceja.

—Decía que sois la mejor clase que he tenido —mientras se rascaba la nariz.

—Más te vale, Patri… Patricia — habló con ironía.

—Sentaros todos, que os voy a presentar a una nueva compañera—anunció mientras me miraba. —En inglés, así no perdemos tiempo de la asignatura —guiñandome un ojo, mientras los alumnos reprochaban.

No me lo puedo creer ¿les va ha hacer presentarse en inglés? Esta profesora me cae bien. De momento, claro.

Empezaron las presentaciones. Lo hacían como podían “Me gusta el deporte” “Me gusta la música”, y copiandose unos a otros. Los nombres se me hacían extraños, no estaba acostumbrada.

—Good job —aplaudió la profesora. —Ahora, te toca a ti Isabella.

Con un calor incómodo en la cara, salí delante, para presentarme.

La clase fue corta. Las presentaciones, risas y un poco de temario. Ahora nos había dejado los últimos minutos de descanso.

Estaba deseando que llegara el recreo, solo para ir a sacarme el carnet de los libros.

Se me acercó una chica bajita, con un precioso pelo rojizo hasta mi sitio.

Good job (en): Buen trabajo.

—Holaaa — saludó mientras no paraba de sonreír —¿Quieres venir con nosotras en el recreo? —aún sonriendo.

—Sip —respondí temblando un poco.

—¡Genial! —dió un pequeño salto —Yo soy Brisa.

—Encantada Brisa, bonito nombre —mis ojos brillaban.

Estaba sorprendida, no me esperaba que en mi primer día ya me hayan dicho de juntarme con su grupo en el recreo.

No lo sé, pero esta chica me daba buenas vibras. Su cara, su pelo, su tono de voz…

Ya en el recreo, Brisa me presentó a sus amigos, así que tocaba otra ronda de presentaciones. Reuní fuerzas y me presenté siendo realista, sin miedo a que me juzgaran.

Yo soy muy mala con los nombres, así qué hicimos otra ronda en la que yo tenía que decirlos.

—Vale, tú eres Gael —sin dudarlo un segundo, miré al chico alto, fuerte, se notaba que iba al gimnasio y tenía esos ojos clarísimos. Él era el único chico, no había margen de error.

—Toma ya — me dedicó una sonrisa tenue.

—Tampoco era muy difícil, eres el único chico — río por lo alto Brisa. —A ver, prepárate Isa ¿ella cómo se llama? —me lanzó una mirada burlona, mientras señalaba a una chica menudita, con el pelo corto y unos preciosos ojos verdes.

—Em — miré a todos esperando una pista —¡Ya está! —grité cuando se me pasó por la cabeza su nombre — Iraye — alzando la voz.

-Ja, ja, ja. Qué segura lo has dicho—reía Brisa, con toda la alegría dentro.

—Casi aciertas —señaló la chica del pelo corto —No te preocupes, a poca gente se le queda el nombre —se encogió de hombros.

—¿Tengo otra oportunidad? —miré a Brisa con cara de pena.

—¡Iraide! —gritó una chica con el pelo largo y negro que venía corriendo.

—Tío Laia, ya le has jodido la pregunta a Isabella — Gael ladeó la cabeza.

—¡Pero tu también, tonto! —gruñó Brisa—Vaya par, no les hagas caso, sigamos con el juego.

—¿Qué juego? — preguntó la chica que suponía que se llamaba Laia. —Ey, no te había visto ¿eres nueva? —me miró al preguntar, confusa.

—Sí —respondí jugando con mis dedos.

—Ese era el punto del juego, que hemos hecho una ronda de presentaciones y ahora ella se tiene que acordar del nombre de cada uno —respondió brisa, como si fuera la líder.

—Ah, joder. Bueno, pues borra de tu mente lo que acaba de pasar.

Bueno, estaba salvada, me había quitado de encima acertar dos nombres.

—Y… supongo que tú —señalé a la chica con unas preciosas ondas rubias en el pelo —Eres Cora ¿no? —no logré ocultar el tono incierto.

Por descarte ese era el nombre que quedaba.

—¡Si! —gritó cora, emocionada.

—Bueno, pues ya está el juego. No has estado tan mal — Brisa alzó una ceja con sarcasmo.

—Normal, me han dicho la mitad, y los otros dos nombres han sido por descarte —me reí.

—Oye ¿dónde está James? —preguntó Gael —Elian me ha preguntado por él.

—Ni idea, pensaba verle en el recreo. En las primeras horas no me toca con él. Suele ir antes a natación, estará por ahí.

—Ya, pero como me ha preguntado su mejor amigo, me parecía extraño. —no del todo convencido.

—Chicos,, nosotras nos vamos ya, que tenemos unas cosas que hacer —Laia le guiñó un ojo a las chicas.

—Vale, hasta luego —casi al unísono. Brisa se acercó a mí.

—Isa, tú también vas a natación ¿verdad?

—Si, ahora mismo tengo que ir.

—Vale ¿nos haces el favor de decirnos si has visto a James?

—Em… —negué con la cabeza y levanté una ceja.

Se me quedaron mirando unos segundos, hasta que Brisa unió las piezas del puzzle y me dijo:

—Ay claro, no sabes quién es —Ja, ja, ja. Que tonta, perdona.

—Es un chico reconocible, porque tiene la cara llena de pecas y no es muy alto —dijo el único chico.

—Eso es, aun le queda pegar el estirón, que no es como otros

— le lanzó una mirada burlona.

—Vale, vale. Si queréis, os mando un mensaje —añadí señalando a mi móvil.

Nos pasamos nuestros números de teléfono.

Tecleé “Brisa (clase). Si la amistad evoluciona, me encargaré de cambiar “(clase)” por emojis.

—Bueno, Isa, nos vamos ya.

—Nos vemos luego —les despedí con la mano.

Al llegar a la piscina, fui a los vestuarios para ponerme el bañador, y prepararme.

Tenía entendido que no eran clases como tal, podías ir por libre.

Con el bañador ya puesto, fui directamente a la piscina. Me senté en el bordillo para ver cómo estaba el agua. Un chico de espaldas se coló en mi

Tenía que ver si había venido un chico de estatura media con pecas por toda la cara. Mierda, al pensarlo y describirlo en mi mente…

¿Será el chico de la papelería? Bueno, seguro que hay más chicos de estatura media y con pecas, y encima en Madrid — me respondí a mi misma.

Cuándo se giró, esa duda quedó resuelta. Le miré y él me devolvió la mirada, pero no dijo nada. Sonrió y bajó la cabeza, nada más. Yo hice lo mismo al mirarle, fue algo extraño.

Si, era el chico de la papelería ¿era del grupo de mis nuevos amigos?

Vaya coincidencia, encima que yo soy partidaria de que las cosas no pasan por casualidad, si no que es una cuestión más de destino.

El se metió a la piscina, y yo volví a donde había dejado mis cosas para mandar un mensaje.

Brisa (clase)

Brisa, sí que está el chico de la cara llena de pecas

Ooh, vale.

Ahora le avisaré a Gael.

Por cierto

¿te acuerdas de su nombre? Jajajaja

Pues, la verdad es que no. Pero tengo excusa, no le he conocido en persona.

¡Y eso qué más da! Te lo hemos dicho :) Jajaja, espero que no te lo tomes enserio, es mi humor

Jajajaja, tienes razón. No, tranquila.

Me gusta tu humor :)

Que bien.

Bueno, si no dejo el móvil me lo quitarán.

Nos vemos luego.

Eso, que no te lo quiten. Hasta luego.

En verdad si que lo he conocido en persona, pero en mi defensa diré que no me ha dicho su nombre. Ni yo el suyo, por cierto.

Como estaba con el móvil, abrí una página que cada día te dice la frase poética del día. No creía mucho en estas frases, era como el horóscopo, pero cuándo me aburría le echaba un ojo, para ver la frase del día.

La de hoy era:

"Las coincidencias son susurros del destino que sólo escuchan los corazones atentos."

Chas, toma coincidencia.