Capítulo 3
James
17 de octubre de 2007
Estaba en la piscina, acabando de hacer unos cuantos largos, cuando sonó el timbre. Resoplé, me aparté el agua de los ojos y salí de la piscina. Tocaba cambiarme y volver a clase.
En esta escuela, tenemos dos horas de tiempo libre —bueno, no era libre, tenías que elegir una extraescolar— y yo, por supuesto, elegí natación.
Ir a la piscina era como estar en mi lugar, mi sitio. Esto empezó a crecer cuando me mudé a España —hace tan solo casi cuatro años— ya que aquí, teníamos esta opción.
— ¡James! ¡Tío, ven aquí! —gritó Elian desde la puerta.
Me giré de golpe.
Él no debería estar ahí. Se suponía que este trimestre no venía.
— ¡Elian! —me lancé a abrazarlo sin pensarlo.
No era muy fan de los abrazos, pero con Elian me salía solo.
—Joder, cuánto tiempo —rió él—. ¿Qué tal? ¿Todo bien?
¿Alguna novedad? ¿Y lo tuyo con Olivia?
—Dios, cómo echaba de menos que me bombardearas a preguntas —reí—. Todo bien… y no, nada nuevo. —evité la última pregunta—. ¿Y tú? ¿Todo bien?
—Mucho mejor. De hecho, me quedaré todo el curso. Nada de parones.
—Genial —sonreí—. Vámonos con los chicos, seguro que flipan al verte. Están en la mesa de siempre.
—Vamos —asintió, cogiendo su mochila. Pero mi móvil empezó a vibrar.
—Espera, colega, me están llamando —murmuré.
Él se fue hacia el patio con un gesto de “luego hablamos”. Miré la pantalla.
Olivia.
Me dio un vuelco el corazón.
No llevábamos mucho tiempo saliendo; empezamos justo cuando acabó el curso anterior. Pero me tenía completamente atrapado.
Olivia era… Olivia.
Una chica tan guapa que parecía esculpida por los mismos dioses. Alta, casi a mi nivel. El pelo largo, brillante y ondulado; un rubio natural que caía como nieve cálida sobre su piel.
Y sus ojos.
Verdes, con destellos amarillos que parecían encenderse cuando me miraba. Una mirada icónica. Angelical. Imposible de ignorar.
Respondí casi sin respirar.
— ¿Oli? Estoy en el recreo, Elian acaba de volver. ¿Pasa algo?
Ella nunca llamaba. Solíamos mensajearnos y hablar en persona. Las llamadas no iban con ninguno de los dos.
—Necesito que vengas, James —dijo, sin rodeos.
—Oli… ¿qué pasa? Me estás asustando.
—Ven al aula de arriba. Donde tiene clase Gael. ¿Sabes cuál?
—Sí, claro.
—No tardes —y colgó.
Me quedé con la pantalla negra frente a la cara.
Era tan ella: soltar algo importante, dejar mil dudas flotando y obligarme a adivinar el resto.
Suspiré y eché a andar hacia el aula. Mejor no darle más vueltas.
— ¡Jammy! —gritó Dylan por detrás.
—Joder, Dylan —me giré, sobresaltado.
— ¿A dónde vas tan sofocado? ¿Has quedado con tu novia o qué? —se rió.
—Nada que te importe —respondí, seco.
—Va, tío, sabes que es broma —alzó las manos.
—Mira, tengo que irme ya. Están los chicos en la mesa de siempre, y ha vuelto Elian. Diles que no me paso hoy. Que me ha surgido algo —le pedí.
—Vale, pero luego quiero detalles —sonrió, provocador.
—Vete a la mierda —me despedí, y él se rió. Así era nuestra amistad: insultos de cariño.
Apreté el paso hacia el aula donde me esperaba Olivia, con un nudo creciente en el estómago.