Capítulo 8
Cuando Victoria finalizó su relato, volvió la mirada hacia Sofía.
—¿Es usted la persona que viene por mí?
Sofía sintió un vacío desde el pecho hasta la pelvis. Sentía pena por aquel ser que se veía tan frágil y que había cargado con tanto sufrimiento.
—Fui yo quien mató a Esteban. Tenía que hacerlo, pero no sé si Amalia pueda perdonarme.
Sofía no esperaba una conversación tan abierta y honesta sin siquiera haber formulado la primera pregunta. Llamó a Pablo y se sorprendió al verlo llegar acompañado de Laura. Sofía les relató lo sucedido mientras ellos escuchaban en silencio.
De repente, se escuchó una voz ahogada por la preocupación.
—¿Dónde está Amalia? —Laura hablaba para sí misma, pero lo hizo con tanta fuerza que Pablo, Sofía y Victoria la miraron sin tener ninguna respuesta.
—Yo culpé a mi hija. La juzgué sin siquiera darle la oportunidad de defenderse. Ignoré que no había llegado a casa y me enfoqué tanto en lo que podría pasarle que no pensé en lo que le estaba pasando.
Las palabras salían a borbotones y no podía dejar de moverse de un lado a otro. Pablo intentó abrazarla para calmarla, pero ella solo repetía que tenían que encontrar a Amalia.
Sofía tomó el brazo derecho de Victoria con amabilidad y le pidió que extendiera las manos para colocarle las esposas. Ella obedeció con calma y tranquilidad.
—Vayan a buscar a Amalia; yo me encargo de llevar a Victoria a la estación.