Capítulo 10
Anoche me venció el sueño y tuve que parar. No es fácil. Todo lo que quise para Amalia fue que tuviera una vida diferente, que no tuviera que vivir lo que yo viví, pero le fallé y de una u otra manera la historia se repitió.
Después de ver salir a Victoria, me quedé a la espera de que Amalia saliera, pero pasaron y pasaron los minutos y Amalia seguía adentro. ¿Había alguien más allí? Victoria se había llevado su carro y solo quedaba el de Amalia.
Cuando al fin Amalia salió entre lágrimas, se montó al carro y se fue, entré a la casa. Adentro todo estaba limpio, aunque era mucho decir porque no había muebles ni nada. Tuve curiosidad por ver la casa, pero decidí ir directo a la habitación con la luz encendida.
Me quedé sin aire. En medio de la habitación, completamente desnudo estaba Esteban muerto.
Solo pude pensar en Pablo. Nunca le había pedido nada, respeté su decisión, lo dejé seguir con su vida y hasta le perdoné que no volviera a hablar con su hija, pero ahora ella necesitaba su protección, y él podía dársela.
Era parte del cuerpo de policía y hasta donde recordaba lo más seguro es que fuera él mismo quien investigara el homicidio. Él era el único que podía desviar la investigación y hacer que su hija saliera impune de esto.
Así que tomé el labial rojo de mi cartera y puse su nombre sobre el pecho de Esteban.
Pensé en hacerlo en el suelo, en una pared o en algún otro lugar, pero quería asegurarme de que vincularan a Esteban con Pablo Torres y con tan poco tiempo fue lo único que se me ocurrió.
Salí de allí en busca de Amalia. Quería que supiera que todo iba a estar bien.