Las cinco formas de lo inevitable Capítulo 6
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Capítulo 6

Los primeros días me aferré a la decisión de terminar con Esteban con todas mis fuerzas y cada vez que sentía el impulso de llamarlo, buscaba el número de una amiga.

—No me dejes escribirle —le decía apenas contestaba.

Ella no necesitaba preguntarme nada.

Solo empezaba a hablar.

Me recordaba todo lo que había pasado, las veces que había salido llorando, las promesas rotas, el miedo que ya empezaba a sentir.

Yo la escuchaba en silencio, y aunque volvía a sentirme fuerte por unas horas después de colgar, solo hacía falta que sonara el teléfono para hacerme tambalear otra vez.

Era como si la lógica hubiera dejado de servirme o existieran dos versiones de mí peleando constantemente. Una que quería salir corriendo y otra que solo quería volver a abrazarlo.

Llevábamos varios días sin hablar cuando recibí una llamada de su madre en la que me invitaba a celebrar su cumpleaños.

Al escuchar su voz cálida, como siempre, no tuve el valor de inventar una excusa.

Al contrario de Esteban, ella nunca me había hecho daño.

Desde el primer día me recibió como si fuera una hija más, al igual que su padre, sus hermanas y toda su familia.

Colgué el teléfono y me quedé mirando la pantalla durante varios minutos. Sabía que él estaría allí y que era una mala idea, pero pese a eso terminé aceptando.

Llegué a las siete en punto. Permanecí unos segundos frente a la puerta, sentía mi corazón latir en todas las partes de mi cuerpo. Toqué el timbre y escuché voces al otro lado, risas, pasos y finalmente, la puerta se abrió.

Su hermana me recibió con una sonrisa.

—¡Qué alegría verte!

Me abrazó con la naturalidad de siempre.

Intenté sonreír y entré. Saludé a todos y mientras hablaba con ellos, mis ojos recorrían la casa una y otra vez, buscándolo, pero no estaba.

Miré las escalas, la cocina, incluso los baños y no vi señales de él, así que respiré con alivio.

Tal vez no iba a ir para evitar el encuentro.

La tensión comenzó a aflojarse poco a poco. La conversación fluía con naturalidad.

Por momentos olvidé por completo todo lo que había ocurrido entre nosotros. Y fue entonces cuando volvió a aparecer esa pregunta que me había acompañado durante semanas. ¿Cómo era posible que mi vida pudiera sentirse tan perfecta un día y convertirse en un desastre al siguiente?

Dos horas después escuché abrirse la puerta. No tuve que girar para saber que era él. Cuando levanté la vista ya venía caminando hacia mí con una gran sonrisa, como si todo estuviera normal. Se me acercó y sentí sus labios sobre los míos antes de que tuviera tiempo de reaccionar.

Después pasó el brazo por mi espalda.

—Hola, amor.

Yo me quedé quieta. La última vez que lo había visto me dejó llorando después de golpearme y ahora parecía el hombre más cariñoso del mundo.

Miré alrededor y por un lado vi a su madre conversando con unas amigas, a su padre sirviendo unas bebidas y a su hermana sonriendo con una amiga.

Era el cuadro de la familia perfecta y feliz, y yo no quería ser la responsable de romperlo.

Entonces le devolví el beso, le sonreí y conversé con él como si los días anteriores nunca hubieran existido.