Las cinco formas de lo inevitable Capítulo 9
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Capítulo 9

Tomó el teléfono y buscó el número de Restrepo. Se quedó mirando la pantalla unos segundos antes de llamar. Pablo respiró profundo y llevó el teléfono al oído. La llamada fue respondida casi de inmediato.

—Vaya…, pero si es Torres —dijo Restrepo al otro lado con evidente satisfacción—. Esto sí es nuevo.

Pablo cerró los ojos un instante.

—Necesito saber si ya me descartaron como sospechoso.

Hubo un breve silencio.

—Todo indica que sí. A la hora de la muerte usted estaba en la estación y tiene suficientes testigos para demostrarlo, diría que un poco más de veinte policías.

Pablo apoyó la cabeza contra el respaldo del sillón.

—Quiero el caso.

Esta vez el silencio fue más largo.

Después llegó una pequeña risa seca desde el otro lado de la línea.

—Pero si ya casi se retira. Pensé que estaba contando los días para largarse de aquí.

—Considérelo una despedida.

—¿Por qué el repentino interés?

Pablo observó la fotografía de Laura todavía sobre la mesa.

—Mi nombre apareció sobre un cadáver. Creo que eso me da cierto derecho a involucrarme.

Restrepo soltó un murmullo pensativo.

—No sé si esto es valentía o una pésima idea.

—Probablemente las dos cosas.

Restrepo volvió a guardar silencio unos segundos.

Pablo podía imaginarlo perfectamente: reclinado en la silla, disfrutando el momento más de lo necesario.

—Está bien —dijo finalmente—. El caso es suyo.

Pablo no respondió.

—Pero hay condiciones.

Claro que las había.

—Quiero reportes diarios en mi escritorio. Y olvídese del retiro hasta que esto termine.

Pablo tensó la mandíbula.

—Restrepo…

—Usted pidió volver, Torres. Si el asesino aparece mañana, se va tranquilo a su casa. Pero si no lo encuentra…

La voz del comandante se endureció ligeramente.

—Entonces aquí se queda.