Capítulo 8
Los recuerdos comenzaron a disiparse y Pablo entendió que llevaba demasiado tiempo sentado en la oscuridad. Se puso de pie y caminó hacia la biblioteca.
Se detuvo frente a las estanterías en silencio. En los primeros niveles descansaban libros de historia, biografías y viejos ensayos, más abajo aparecían las novelas que alguna vez prometió releer y nunca volvió a tocar.
Se dirigió a un libro en particular de cubierta azul y sacó una fotografía de Laura.
Habían viajado a las montañas un fin de semana antes de casarse.
Recordó el frío, la neblina sobre los árboles y la manera en que sus ojos se iluminaban mientras sonreía cada vez que descubría que él la estaba observando.
Y fue allí donde volvió a verlo. El mismo tono rojo sobre los labios de Laura. Red Carpet Red, que era su color favorito y el único que decía que le quedaba bien.
Cuando vio el cuerpo de Esteban Cardona lo supo, pero guardó silencio. El mensaje sobre el cuerpo de Esteban no había sido una coincidencia. Era para él. Pablo sostuvo la fotografía entre las manos y cerró los ojos unos segundos.
Laura lo conocía demasiado bien y sabía que jamás olvidaría un detalle así.
Durante años creyó haber enterrado esa parte de su vida y ahora regresaba de golpe, pero no sabía qué significaba realmente.
No estaba seguro de si Laura quería verlo o si lo odiaba.
Si todavía quedaba algo de cariño entre los restos de todo lo que había destruido.
Pablo volvió a mirar la foto. Luego levantó la vista hacia la oscuridad de la casa. Tal vez ya era suficiente.