Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 31Encierro o muerte #5
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CAPÍTULO 31Encierro o muerte #5

—Voy a dejar mi puesto en Lúgardark, esta misma noche —anunció, acercándose a la chimenea—.

Llegué aquí con un único propósito, y por un tiempo creí lograrlo, pero fracasé.

Mi papel en esta sociedad se ha acabado; ya soy demasiado vieja.

Ahora descansaré en soledad hasta que la muerte llame a mi puerta —dijo volviéndose hacia Xalara—.

Siento haberte molestado por los antiguos e ilusorios anhelos de una vieja que hasta ahora no quería creer que lo fuese. Ya puedes irte a descansar.

Aunque deseaba acostarse más que nada en el mundo, la recluta tardó en levantarse, rumiando las últimas palabras y, sobre todo, la actitud de Syliana. Por mucho que la anciana parecía despedirse de ella para siempre, la joven sentía que no era así.

—Xalara —reclamó cuando la recluta ya se disponía a abrir la puerta—. Esta pregunta en particular comprendo que es algo personal para ti, pero… Esa mujer que te habló en el pueblo de Josmon y que compartía tu apellido… ¿es o crees que podría ser tu madre?

La pregunta fue inesperada, especialmente por el cambio de tercio tan brusco.

—Mis padres se llamaban Arturo Vágüer y Lana Oróbric —aseguró, sin medir realmente la repercusión de haberlo dicho.

El gesto de Syliana se torció en una mueca indescriptible.

—Pero eso no es posible —argumentó la anciana—. Ellos no tuvieron hijos. ¿Cómo puedes asegurar tal cosa?

—Porque lo he visto —declaró Xalara con rotundidad, saliendo por fin del despacho, sin saber si aquella sería la última vez que vería el rostro de Syliana Meistre.

Al día siguiente, Xalara se reincorporó como una recluta más.

Durante el desayuno, fue la primera vez en la que realmente pudo mantener una conversación fluida con sus dos amigos.

Michelle y Aden parecían albergar un sinfín de preguntas.

Xalara notaba algo extraño entre ellos: como si su complicidad se hubiera fortalecido desde la última vez que estuvieron los tres juntos.

—Dicen que Zolian se niega a hablar sobre lo que sucedió en las Montañas del Norte —comentó Michelle—. Tú…

—Yo tampoco quiero hacerlo —aclaró rápidamente Xalara, un tanto molesta por la actitud de su amiga—. No por ahora al menos. Espero que lo entendáis —agregó viendo la decepción que mostraban sus caras.

—Sí, no te preocupes —dijo Aden, presionando a Michelle con una mirada elocuente.

—Cuando estés preparada para hablar de ello, aquí nos tendrás      —opinó esta finalmente.

En ese momento, Xalara tuvo la necesidad de hacerles una consulta:

—Vosotros sabéis que hubo una Disciplina Nº5, ¿no?

—¿Qué? —preguntaron al unísono, con similares gestos de sorpresa.

Creando un gran estruendo, seguramente a propósito, Ozora irrumpió en el comedor, parando el desayuno. Luego dio unas palmadas para terminar de reclamar la atención de todos los reclutas, antes de sacar un folio del bolsillo.

—¡Escuchad! —dijo la guardiana de Lúgardark, y a continuación empezó a leer tras aclararse la garganta—.

Como bien sabéis, tenéis prohibido conocer cualquier noticia del exterior que no sea concerniente a vuestras familias.

Pero lo ocurrido hace unos días os toca de lleno, y es ilógico que no seáis informados —Ozora hizo una pausa para volver a carraspear: se notaba que había sido obligada a hablar.

Xalara se preguntó por quién—. El pasado domingo ocho de marzo, la expresidenta del Gobierno, Crispina Streif, fue hallada muerta en sus aposentos.

La gran mayoría de los reclutas intercambió comentarios de estupefacción. Xalara buscó con ahínco la reacción de Samanta, para comprobar si ella conocía la noticia. Pero Zolian estaba tapada por uno de sus compañeros de comarca.

—¿Y qué pasará ahora con la EDMO? —cuestionó un recluta del Suroeste, sentado muy cerca de la puerta del comedor, poniendo en su boca una pregunta que seguro muchos se hacían.

Ozora pareció dudar antes de responder.

—Nada cambia en ese aspecto. Por otra parte —agregó rápidamente, aunque no fue capaz de acallar el murmullo—, tengo que comunicaros también que, esta misma madrugada, Syliana Meistre ha presentado su dimisión como Lady Maestre de Lúgardark.

Esto no causó tanto efecto en los reclutas, pero aun así muchos no pudieron esconder su sorpresa. Especialmente parecía afectada Michelle, que dirigió a Xalara una expresión similar a la causada por un dolor físico.

—Eso es todo —concluyó Ozora, guardando el folio en el bolsillo y saliendo a toda prisa del comedor, como si escapase de algo que solo ella podía ver.

Xalara se volvió para comentar con sus amigos las últimas novedades. Pero Michelle no había dejado de mirar hacia la salida del comedor, y su expresión se transformó en una máscara de absoluta perplejidad.

—¿Qué pasa? —inquirió Xalara, desconcertada por su actitud.

—Mira hacia la puerta —dijo con énfasis Michelle, apuntando con su dedo índice directamente hacia allí.

A Xalara no le quedó más remedio que hacerlo, y al ver lo que su amiga señalaba, entendió y compartió el motivo de su reacción: Eizan Maguair, vestido con el uniforme de Lúgardark, entraba en el comedor.