CAPÍTULO 31Encierro o muerte #3
—Tienes que sentarte con nosotros —le ordenó Syliana.
La atmósfera que se respiraba parecía funesta. Xalara ocupó el único asiento libre, al lado de Samanta. Ella ni siquiera levantó la cabeza para mirarla.
Mientras trataba de descifrar qué pasaría a continuación, Xalara quería decirles que el Lórdezeit la había secuestrado, que seguía vivo de alguna forma habitando un reloj en la mansión Nórebol, certificando así la existencia del Fantasma del Tiempo.
Por lo que todos sus esfuerzos debían concentrarse en acabar con su amenaza antes de que se convirtiera en un daño real e irreparable, en vez de estar ahí sentados.
Pero sabía que nadie creería o querría creer cuanto les dijese acerca del Lórdezeit.
La voz de Syliana la disuadió de esa idea, atrayendo su atención y la de todos los demás.
—El señor Weinter tiene algo que comunicarnos, especialmente a las reclutas Zolian y Verdreven —aseveró la anciana—. Adelante .
Antes de hablar, Míxiliam se aclaró la garganta nerviosamente.
—Os he reunido aquí de urgencia para comunicaros el resultado final de Las Cinco Disciplinas.
Samanta levantó la vista por primera vez, y antes de mirar al árbitro, dirigió una fugaz ojeada hacia Xalara, cuyo pulso se había disparado.
—Como todos ustedes saben —continuó Míxiliam—, la Disciplina Nº5 no se llevó a cabo hasta el final por motivos ajenos a la competición —hizo una pausa, como dejando que esa circunstancia calase en sus oyentes—.
Pero las leyes establecidas me obligan a nombrar una ganadora.
Unas leyes firmadas bajo el juramento de todos los implicados.
Xalara recordó entonces, como un recuerdo salido a flote en un lago muy profundo, lo que el Lórdezeit le había dicho acerca de Míxiliam y la promesa de Andris de resucitar a su mujer e hija, engañándolo para que beneficiase a Xalara en el transcurso de Las Cinco Disciplinas, si era necesario hacerlo para que ella sobreviviera.
—Por esa razón, y dado que la participante Verdreven estaba ya a merced de la participante Zolian justo antes de que estallase el conflicto con los herederos —explicó—, he decidido, como árbitro oficial, otorgarle la victoria a la representante de la Comarca Central.
El anuncio consiguió que la recién nombrada ganadora diese un manotazo victorioso sobre la mesa, como si hubiese soltado toda la tensión acumulada.
Al mismo tiempo, una de sus sonrisas maliciosas se dibujó plenamente en el rostro de Gúlfrica Estéinar.
Xalara era consciente de que esa alegría por parte de la maestre no se debía a la victoria de su pupila, sino a lo que eso significaba para la propia Xalara.
—Ahora es el momento de que la ganadora comparta qué desea pedir —comentó Míxiliam.
—Solicito que liberen de prisión a mi padre, Augusto Zolian, aboliendo su cadena perpetua con efecto inmediato —dijo Samanta, pero no sonaba tan triunfante como seguramente reclamaba la ocasión.
La petición desató reacciones muy variopintas entre los presentes. No en Xalara, quien ya lo suponía desde que escuchó aquella conversación entre Samanta y su compañera de comarca .
Aunque ella bastante tenía con asumir su derrota y lo que conllevaba.
—Así se hará —certificó Míxiliam, provocando que Samanta relajase al fin la postura en el asiento, como saboreando plenamente su victoria—.
Finalmente, y como máxima autoridad ahora mismo en lo concerniente a Las Cinco Disciplinas, debo cumplir las normas, por lo que Xalara Verdreven, como eliminada en la Disciplina Nº5, tendría que ser ejecutada.
Syliana se movió en su silla, dirigiéndole al árbitro un gesto de absoluta disconformidad.
—No obstante —añadió él, levantando una mano—, dado que no es una decisión del todo justa al no haberse completado la Disciplina Nº5, considero que debe ser llevada a votación por los integrantes de esta mesa.
A excepción de la propia Xalara, quien no podrá tomar partido en ella.
La Lady Maestre ocupará el puesto del desaparecido mentor Andris Bóstoul.
Sea cual sea el resultado final, yo cargaré con toda la responsabilidad.
Xalara observó al árbitro con determinación, que le devolvía la mirada con una palpable incomodidad. La chica comprendió que unas personas en las que poco o nada confiaba iban a decidir su destino, que consistía en permanecer encerrada para siempre en Lúgardark, o ser asesinada allí mismo.
—No quiero alargarlo más de lo necesario —admitió Míxiliam—, así que vamos a proceder con la votación —hizo una breve pausa para inspirar—.
Cada uno de nosotros votará con un «sí» o un «no».
Nadie podrá negarse ni abstenerse, y dado que somos un número impar de votantes, no habrá posibilidad de empate.
Con la respiración entrecortada, Xalara estaba ansiosa por gritar que Crispina Streif ya no existía, que no era necesario realizar votación alguna.
¿Por qué seguir alargando esta locura? Pero también era consciente de que Míxiliam, un hombre de leyes, iba a llevar Las Cinco Disciplinas hasta las últimas consecuencias.
Aunque esa supuesta honorabilidad y rectitud legislativa se tambalease si eran sus propios anhelos los que estaban en juego .
Lo que más le dolió a Xalara fue que Syliana, siendo la mayor autoridad de Lúgardark, no protestase o se negara a celebrar aquella deleznable votación en su despacho. Aunque tampoco le extrañaba, dado que continuaba sin mirarla a la cara, ni siquiera teniéndola enfrente.
—Yo votaré el primero —anunció Míxiliam con apremio—. Y mi voto es un «no». Señora Meistre, su turno.
—No —dijo rotundamente la anciana.
—Mentor Rénir.
—Mi voto es un «no» —respondió este.
—Mentor Zoris.
—Yo voto con un «sí».
—Mentora Lenders.
—Sí.
De alguna manera, Xalara se vio sorprendida por el voto de la maestre de Formación Física.
—Mentora Estéinar, su turno.
—Sí —dijo Gúlfrica con una determinación implacable—. Verdreven ya debió ser eliminada en la Disciplina Nº3 tras haber hecho trampas.
—No estamos aquí para debatir eso —replicó Míxiliam.
—Ya me imagino… —ironizó ella.
Fue el propio árbitro quien zanjó la discusión desviando la atención hacia otro lado.
—Hemos votado seis personas, con un empate entre «síes» y «noes» —explicó—. Por lo que la decisión final de ejecutar a Xalara Verdreven recae en ti, ganadora Zolian.
Todos tenían ya clavada la vista en Samanta, esperando su veredicto. Aunque Xalara no se atrevía a hacerlo directamente, solo de reojo.
—Zolian, por favor —reclamó el árbitro, impaciente—. Tienes que dar tu voto.
Samanta respiró profundo y dio la impresión de consultar a Gúlfrica con los ojos, quien parecía a punto de gritarle para obligarla a decir «sí». Luego, tras una breve ojeada a Xalara, en la que sus ojos se encontraron, respondió:
—No.
Estaba tan nerviosa, con el corazón rebotando en sus tímpanos, que Xalara tuvo serias dudas de lo que había escuchado, y estuvo tentada de suplicarle que lo repitiese. Pero la rápida intervención de Míxiliam evitó que cometiera esa estupidez.
—Muy bien —dijo él, como si fuese a anunciar los resultados de cualquier otra Disciplina—.
Con el total de los siete votos emitidos, los resultados han sido los siguientes: tres síes y cuatro noes.
Por lo tanto, Xalara Verdreven no será ejecutada, y simplemente se la considerará eliminada de la Disciplina Nº5.
Gúlfrica se levantó bruscamente, abandonando el despacho hecha una auténtica furia. Al abrir la puerta, detrás de esta se encontraba Ozora.
—¡Guardiana! —gritó la Lady Maestre.
Ozora entró en el despacho, con el gesto fruncido y los ojos lacrimosos.
—Acompañe a las reclutas Verdreven y Zolian hasta el patio —le ordenó la anciana.
—Permítanme decir algo —profirió la enorme mujer—. No estoy para nada de acuerdo en que Xalara vaya a ser ejecutada, no me parece justo. La presidenta ya no está, hagamos nosotros la justicia que ella no supo hacer.
—La recluta Verdreven no será ejecutada —aclaró Syliana con un tono neutral—. No tienes que preocuparte de eso.
—¿De verdad? —cuestionó Ozora, mirando a Míxiliam.
Aunque el árbitro no respondió, su actitud al ponerse en pie delataba una respuesta afirmativa.
Con lágrimas en los ojos, la guardiana se acercó a Xalara y le puso una mano sobre el hombro, ignorando la presencia de Samanta, a quien también debía acompañar.
Junto a Ozora, las dos reclutas abandonaron el despacho y bajaron por la escalinata de la Torre de los Maestres hasta salir a la fría y neblinosa noche de Lúgardark en el patio trasero .
El barracón de la Comarca Central se encontraba muy cerca, así que Samanta se marchó sin decir nada; ni siquiera las miró.
Xalara sabía que Samanta le debía la vida, y que por eso ahora esta le perdonaba la suya. Pero estaba convencida de que, en realidad, nada había cambiado entre ellas, y pronto todo volvería a ser lo mismo.
Cuando se quedaron solas, Ozora abrazó a Xalara, estrujándola con sus poderosos brazos.
—Tú también has ganado —opinó la guardiana, emocionada—. No lo olvides.
Fue entonces cuando la muchacha, que hasta ese momento vivía como dentro de una irrealidad, soltó todo, llorando con el rostro hundido en el uniforme de Ozora.
Luego se dirigieron hacia el barracón del Noroeste, donde la guardiana la acompañó hasta el mismo pasillo que separaba el dormitorio masculino y femenino.
La presencia de la supervisora les entorpeció la posibilidad de añadir algún comentario, por lo que la guardiana terminó marchándose y Xalara entró en el dormitorio, donde todas sus compañeras se preparaban para ocupar las literas.
—Date prisa —dijo la supervisora—, enseguida apagaré las luces.
Xalara ignoró el comentario y buscó a su amiga Michelle, que estaba deshaciendo la cama para meterse en ella. Cuando la vio acercarse, esbozó una enorme sonrisa.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Michelle—. ¿Has estado llorando?
No recibió respuesta, porque lo único que necesitaba Xalara era abrazar a su amiga, sabiendo que habían puesto fin de una vez por todas a aquella pesadilla.