Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 31Encierro o muerte #2
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CAPÍTULO 31Encierro o muerte #2

Ozora esperó unos cuantos minutos antes de hacer algo reseñable, cuando sacó un periódico enrollado de un bolsillo interior de su cazadora. Luego desplegó el diario y lo puso sobre la mesa, girándolo para que Xalara pudiera ver las letras al derecho desde el asiento opuesto.

—No le digas esto a nadie —le advirtió Ozora con un tono solemne, colocando una de sus enormes manos sobre el ejemplar de El Arlasofo —. No olvides que sigues siendo una recluta de Lúgardark y está prohibido que leas las noticias.

Xalara asintió.

—Y otra cosa más —añadió la mujer, sin retirar aún la mano sobre el periódico—. Quiero que sepas que, a pesar de todo lo que leas, tanto la Lady Maestre como yo estamos convencidas de que tú no tienes nada que ver con los herederos, y que solo eres una víctima más de sus atrocidades.

Por fin la muchacha pudo ver la portada abiertamente .

LA PRESIDENTA DEL GOBIERNO MUERE

EN EL PALACIO DE LA SEDE

No podía creer el titular que ocupaba toda la página, y tardó en procesarlo, como si desconfiara de que sus propios ojos estuvieran conspirando para tergiversar la realidad.

—¿Esto es…? —inquirió Xalara, como atontada, levantando la mirada hacia la mujer sentada frente a ella.

—Totalmente cierto —confirmó Ozora.

La noticia resultaba desconcertante, no solo por cuanto significaba, sino también por el lugar donde había sucedido.

Estaba ansiosa por leer las páginas interiores, sin embargo, antes de hacerlo, su vista se desvió hacia la esquina superior izquierda de la portada para consultar la fecha, comprobando que el periódico era del domingo, y por lo tanto del día después de la Disciplina Nº5.

Mucho ha ocurrido en las últimas horas, pero todo quedó solapado con la noticia que sacudió el amanecer de este domingo en la ciudad de Bibrébem.

Razón por la que, por primera vez en todos nuestros años de historia, tuvimos que cambiar la portada y añadir varias páginas a primera hora del día, obligados a retrasar la distribución del ejemplar que tiene entre sus manos.

Durante los siguientes minutos, Xalara, sin ser interrumpida, leyó el extenso artículo que colmaba las dos primeras páginas del periódico.

En ellas se relataba con sumo detalle cómo había muerto la vicepresidenta Sarah Corman, durante el ataque de los herederos en el Estadio de Bibrébem, después de enviar una carta en la que delataba a su esposa Crispina como la causante de un incendio en la Mansión Nanton.

La noticia continuaba explicando que los cuero negro , con su capitana al frente, habían entrado en el Palacio de la Sede tras vencer una resistencia inicial en la puerta.

Cuando llegaron a los aposentos de Crispina para arrestarla, hallaron su cadáver junto al de Gustavo Zorien, en lo que parecía ser un suicidio pactado entre ambos .

La mente de Xalara colapsó ante todas esas inimaginables novedades, y reaccionó pasando de página, sin detenerse a descifrar los sentimientos suscitados.

En la siguiente informaban sobre el ataque de los herederos al estadio, donde, sin que le sorprendiera en absoluto, aseguraban que Xalara había escapado gracias a ellos.

Aunque esta vez era cierto, esa versión de los hechos consiguió que dejase de leer.

No obstante, al cerrar el periódico, lo hizo mostrando la contraportada, donde, en la parte inferior, estaba la fotografía de Huberto sujetando un cartel con sus datos de identificación, al lado del siguiente artículo:

Al fin Huberto Cóbelpot se desveló como un auténtico heredero.

Su cadáver fue hallado a las puertas de la mansión Nórebol, con la cabeza destrozada y rodeado tétricamente de cuervos (según aseguran las fuentes de este periódico).

Cóbelpot habría participado directamente en el ataque al estadio con la finalidad de rescatar a su protegida Xalara Verdreven.

El cuerpo del fallecido fue entregado a sus padres y enterrado en el Cementerio General de Bibrébem.

Esta vez sí, Xalara apartó definitivamente el periódico.

—Jamás vi uno con tanta información relevante —reconoció Ozora mientras se apresuraba para volver a esconderlo.

—¿Y Andris Bóstoul? —preguntó Xalara, arrepentida por no haber buscado su nombre en el periódico—. ¿Qué ha sido de él?

—Está desaparecido —respondió la guardiana de Lúgardark, como extrañada por la pregunta—. Lo vi salir de Lúgardark el domingo por la mañana y nunca regresó. Todos lo buscan porque quieren que tome el relevo inmediato de su tía al frente del Gobierno.

—Estáis todos equivocados —masculló Xalara, presa de una rabia incontenible.

—¿Cómo dices?

—Andris es un heredero —aseveró la joven.

—¿Qué pruebas tienes? —refutó Ozora, irascible por esa afirmación tan rotunda .

Xalara negó impotente, comprendiendo que nada de cuanto dijese en contra de Bóstoul sería tomado como creíble.

De todos modos, al ver que la chica no argumentaba sus palabras, Ozora tampoco insistió.

El resto del viaje hasta Ferlanto transcurrió en medio de un incómodo silencio.

Xalara trató de concentrarse en el paisaje que sus ojos iban descubriendo a través de la ventanilla.

Pero era imposible no pensar en qué situación la dejaba el hecho de que Crispina Streif, la persona que había estado obsesionada con matarla durante meses, hubiera dejado de existir.

Terminaron llegando al pueblo de la Comarca del Sureste, donde esta vez sí utilizaron una estación de traslado, pero no para viajar directamente a Lúgardark, sino a la aldea de Déndereid.

Era ya el atardecer cuando emprendieron el ascenso hacia el centro de formación militar, el mismo que recorrieron los reclutas en el primer día de la EDMO. Xalara creyó que sus lesiones se resentirían, pero no fue así: los cuidados recibidos en Bibrébem habían hecho su trabajo.

La noche había caído sobre Lúgardark cuando Xalara y Ozora se internaron en su niebla, que las recibió como si fuera una vieja amiga. No existía presencia de los cuero negro vigilando sus puertas, señal de que la alargada sombra de Crispina Streif se había evaporado allí.

Acababan de sonar las campanas cuando se internaron en el vestíbulo.

Ozora bloqueó la puerta del centro mediante arlasofía , recuperando así sus labores como guardiana.

Fue entonces cuando Xalara se preguntó si Samanta Zolian se encontraría también allí.

Suponía que no había muerto en el ataque de los herederos al estadio, porque lo habrían anunciado en el periódico, aunque también cabía la posibilidad de que no lo hubiese leído.

A Xalara le habría gustado continuar sola, pero Ozora se empeñó en acompañarla, seguramente bajo las estrictas órdenes de la Lady Maestre. Tal vez ahora la anciana se dignaría a hablar con ella tras haberla evitado claramente durante meses.

Cuando llegaron al patio delantero, un grupo compacto de reclutas cruzaba en dirección al ala este.

Sin embargo, alguien rompió la formación y se dirigió corriendo hacia Xalara.

Ella, mientras abría los brazos para recibirla, vio que otro también se separaba del grupo.

Michelle se abrazó a su amiga, y pronto se sumó Aden.

Los tres fueron incapaces de articular palabra durante muchos segundos.

—¿Lo sabíais? —preguntó Xalara, intuyéndolo de alguna forma por sus comportamientos—. ¿Sabíais que estaba viva?

Michelle asintió, todavía sin poder hablar, por lo que fue Aden quien lo explicó.

—Nos enteramos el domingo al mediodía, después de que Zolian se reincorporase a Lúgardark —aseguró, confirmando además que estaba viva.

—La Lady Maestre me informó personalmente —terció Michelle, con cierto orgullo—.

Me llamó a su despacho y me dijo que, al ser tu amiga, merecía saber qué había sucedido contigo.

No imaginas lo mal que lo pasé hasta ese momento, pensaba que habías muerto en las Montañas del Norte y que solo Samanta había sobrevivido.

Syliana es buena persona; no tenía por qué contarme nada, y lo hizo —concluyó.

Xalara ignoraba si también conocían la celebración de la Disciplina Nº5 y todo lo acontecido a raíz de ella, incluida la muerte de Crispina Streif.

—Siento interrumpir el reencuentro —intervino Ozora—, pero vuestra compañera tiene que acudir a una reunión y vosotros a otra instrucción.

Xalara miró con desdén a la guardiana, por varios motivos.

—Son órdenes —aclaró la mujer, excusándose.

—Luego os veo, ¿vale? —dijo Xalara, fingiendo tranquilidad, aunque temía no poder cumplir su promesa.

Por ese motivo, volvió a fundirse en un abrazo con Michelle: quería disfrutar de su contacto como si fuera la última vez que lo hiciese. Además, sentía que antes no había demostrado la verdadera alegría que supuso para ella reencontrarse con sus amigos.

Tuvo que ser separada físicamente por Ozora. Mientras marchaba con ella, Xalara volvió la cabeza hacia atrás varias veces para ver cómo se alejaba de Michelle y Aden .

Como la recluta sospechaba, fueron hasta el patio trasero y se acercaron a la Torre de los Maestres, donde entraron por una de las puertas que estaba desbloqueada. Luego subieron la escalinata hasta alcanzar finalmente el despacho de la Lady Maestre.

Fue la guardiana quien llamó con los nudillos.

—¡Adelante! —se escuchó desde el interior.

Ozora entró en el despacho e hizo un gesto con la mano para que una indecisa Xalara la acompañase.

En la redonda mesa de reuniones, ubicada en una de las esquinas de la amplia estancia, había varias personas sentadas.

La presencia más sorprendente era sin duda la de Samanta Zolian.

Acompañándola estaban, además de la propia Lady Maestre, todos los mentores de Las Cinco Disciplinas, a excepción de Andris, por supuesto.

Junto a Syliana también se hallaba el árbitro Míxiliam Weinter, cuyo rostro era una máscara retorcida, especialmente cuando miró a Xalara.

—Gracias, guardiana —dijo la anciana Lady Maestre—. Puedes irte.

Ozora realizó un ostensible gesto de asentimiento antes de marcharse, dejando sola a Xalara de pie en medio del despacho.