Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 29La fuga del reloj #3
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CAPÍTULO 29La fuga del reloj #3

—No hay tiempo para eso —presionó el otro heredero, al que acababa de arrebatarle el reloj Briana sin que este ofreciera resistencia—. Nos cogerán.

El sonido de unos cuantos pasos acercándose por el pasillo hizo que la heredera se girase brevemente hacia la puerta.

Ahora parecía librar una lucha interna, mirando al reloj como esperando una orden suya.

Luego se acercó a su hermano, poniendo una mano sobre su hombro para detenerlo cuando intentaba soltar a Xalara torpemente.

—Tenemos que irnos, Jerom.

Este se giró hacia su melliza y emitió un bufido contenido por la máscara, antes de separarse de la chica y salir corriendo junto a Briana, el otro heredero y la esfera del reloj donde habitaba el Lórdezeit.

No pudo ver lo que sucedió después fuera de esa habitación, pero Xalara escuchaba las explosiones de haces de luz al ser lanzados e impactar en algún punto, además de voces ininteligibles que se mezclaban con el estruendo.

Cuando todo se acalló, alguien entró en la sala, dando pasos cortos como para no generar ruido. Dayana Cleyton, la capitana de los cuero negro , asomó tras la equis de madera donde permanecía sujeta Xalara, escudriñando su rostro con una sorpresa indisimulable.

—¿Xalara Verdreven? —se cuestionó innecesariamente, pues conocía la respuesta—. ¡Ayudadme! —reclamó de inmediato.

No tardaron en aproximarse varios cuero negro , componiendo la misma expresión al verla, y se dedicaron a soltarla para bajarla finalmente de la plataforma.

Después la tumbaron sobre la alfombra que había debajo, porque la joven era incapaz de mantenerse en pie, presa de una debilidad extrema y unos dolores insoportables.

—Buscad algo que nos sirva de camilla para trasladarla —ordenó Dayana, luego miró a Xalara—. ¿Puedes hablar?

La chica negó con la cabeza, y aunque no le apetecía ni lo más mínimo hacerlo con esa mujer, estaba siendo sincera.

Los cuero negro volvieron con una puerta de madera que habían arrancado y subieron con cuidado a Xalara sobre ella. Después la levantaron entre cuatro y la sacaron al pasillo, donde la muchacha vio que había algunos cadáveres, todos ellos vestidos de cuero.

Tras bajar las escaleras y recorrer el vestíbulo, salieron a la calle, donde había dejado de llover.

Pasaron junto al cuerpo sin vida de Huberto Cóbelpot, al que habían cubierto de cintura para arriba con una manta.

Al lado del cadáver se encontraban varios cuervos posados, observándolo.

Las aves comenzaron a graznar fuertemente cuando vieron aparecer a Xalara, como si estuvieran echándoselo en cara.

No había ni rastro de Andris Bóstoul.

Fue entonces cuando Xalara tomó verdadera conciencia de sus actos, y empezó a llorar sin emitir sonido alguno, inmóvil y siendo llevada por el camino de grava hacia no sabía dónde, aunque tampoco le importaba.

Salieron de la Villa de la Élite y recorrieron un par de calles hasta llegar a un edificio con la fachada gris y las luces encendidas. En un cartel Xalara pudo leer «CENTRO DE SANACIÓN DEL SUR DE BIbrÉBEM», donde la introdujeron.

Durante los siguientes minutos, Xalara fue manipulada por varios sanadores, que la llevaron a una habitación y la desnudaron encima de una cama, comprobando el estado de sus contusiones e inyectándole varias dosis de algún tónico sin que ella pudiese hacer nada.

Después le pusieron un pijama blanco de tela.

Xalara no tardó en notar la mejoría, al menos en cuanto a los dolores. De todas formas, sospechaba que no podría levantarse durante mucho tiempo de esa cama.

Dayana Cleyton entró en la habitación, donde el sanador que estaba pendiente de Xalara, un hombre calvo y con gafas redondas, salió a su paso.

—La paciente aún no está lista para recibir visitas —profirió él.

—Esto es demasiado importante y no puede esperar —discutió Dayana, apartando a un lado al sanador, que terminó abandonando la habitación a regañadientes.

La capitana de los cuero negro acercó un sillón a la cama y se sentó junto a Xalara.

—¿Puedes hablar ahora? —le preguntó.

—Eso creo —masculló la muchacha con esfuerzo y la voz ronca en un susurro casi inaudible.

—Vale, está bien —dijo Dayana, acercando el oído a la cara de la muchacha—. Ahora quiero que me cuentes todo lo que ha pasado desde que estalló el conflicto en el estadio y hasta que te encontramos. ¿De acuerdo?

Xalara apenas asintió. Sin embargo, otro cuero negro irrumpió en la habitación y se acercó a su capitana para decirle algo al oído.

—Tiene que venir inmediatamente —informó, resollando—. Hemos recibido una carta desde el Palacio de la Sede que lo cambiará todo.

Tras observar un momento a su subordinado con una mezcla de confusión y fastidio, miró otra vez a Xalara y se levantó para irse .

Nadie más volvió, al menos hasta que la joven terminó quedándose dormida, con la idea fijada en su mente de que todas las personas que habían participado alguna vez en su vida se movían únicamente por intereses egocéntricos.

Todos excepto Michelle y Aden, quienes estarían esperándola en Lúgardark, a donde sorprendentemente quería regresar cuanto antes.