CAPÍTULO 29La fuga del reloj
La fuga del reloj
Cuando despertó, se balanceaba a unos cuantos centímetros del suelo, con los brazos y las piernas colgando inertes sobre unos escalones que alguien ascendía portándola.
La cabeza le pesaba más de lo que su cuello podía soportar, por eso la tenía inclinada hacia atrás.
Orientó la vista hacia arriba y vio una máscara de color azabache.
Quiso saltar, pero los músculos no respondieron a su orden.
Avanzaron por un pasillo cuyo techo rozaba la cabeza de quien la llevaba en sus brazos. Luego entraron en una estancia, donde Xalara oyó unas voces.
No fue demasiado consciente de cómo, al menos tres personas, la mantenían erguida mientras manipulaban su cuerpo inactivo amarrándolo a un artefacto.
A continuación, una persona muy bajita uniformada de heredero le apretó las mejillas para separarle los labios y verterle un líquido muy caliente dentro de la boca, que le hizo vomitar de inmediato.
Los ojos de Xalara, progresivamente más despejados tras expulsar aquello de sus entrañas, repararon en una cómoda que tenía delante, al lado de una chimenea sin fuego, donde creyó ver el libro que había perdido al abandonar la mochila entre aquellos pinos cuando escapaba de los herederos.
Lo confirmó al leer la frase en la cubierta de cuero: « Dera semgoe dera duitmone » .
Hacerlo le causó tal impacto que empezó a revolverse, notando cómo la sensibilidad regresaba a todas las partes de su cuerpo, como si fuese el agua llenando un complejo entramado de tuberías.
Estaba en una posición vertical, pero sus pies no tocaban el suelo. A decir verdad, todo su cuerpo se hallaba amarrado a una plataforma de madera en forma de equis. Xalara intentó zafarse sin éxito, y solo un incesante y acelerado sonido de tic-tac desvió su atención.
Un reloj de péndulo, anclado sobre la chimenea y con el que estaba segura de haber soñado, se alzaba imponente ante sus ojos. Las manecillas y el propio péndulo giraban y se balanceaban respectivamente a un ritmo vertiginoso. Además, emitía un tenue resplandor blanquecino y vaporoso.
Enseguida lo supo: se encontraba en la Mansión Nórebol, donde había intentado llegar una vez junto a Víliam. Pero ahora estaba allí en contra de su voluntad, y sin la espada arlasófica ni el Libro Guía ya en su poder.
—Buenas noches, Xalara —saludó una voz fantasmal que sin duda provenía del reloj—. Al fin nos vemos tangiblemente.
El corazón de la joven bombeaba tan rápido como giraban las manecillas del reloj que le hablaba.
—Es usted —farfulló Xalara, incapaz de articular una sola palabra con claridad.
—¿Sabes quién soy? —inquirió la voz.
La muchacha asintió despacio antes de responder:
—Érmul Nórebol.
—Así es como solían llamarme —admitió con un deje que evidenciaba su molestia—. Pero ninguna de esas personas conocía mi destino —hizo una pausa—. Soy el Lórdezeit. Pero apuesto a que no sabes qué significa realmente.
Xalara negó con la cabeza, lo que pareció satisfacer a la voz que salía del reloj de péndulo.
— Lor , significa en arlayino «el», y dezeit significa «heredero» —argumentó con orgullo—. ¿Lo entiendes ahora? Vamos, sé que eres inteligente .
—Sí —afirmó Xalara, levantando la mirada hacia la esfera del reloj.
—Imagino que tendrás muchas preguntas —dijo el Lórdezeit—.
Pero seguro que la más importante y antigua de todas es cómo alguien ha acabado así, dentro de un reloj, siendo el famoso y enigmático Fantasma del Tiempo.
Yo en tu lugar también me lo cuestionaría, porque ahora sé que tú y yo no somos tan distintos; de otra forma no estarías aquí.
Alguien se acercó por detrás a Xalara, aunque sin llegar a mostrarse abiertamente ante ella.
—Siento interrumpirle, señor —dijo una voz grave y distorsionada de hombre—. Pero creo que deberíamos darnos prisa. La pelea de ahí fuera ha echado por tierra nuestra clandestinidad.
—No —replicó el Lórdezeit con un tono implacable—. La chica tiene que comprenderlo todo para que la simbiosis sea completa. Como el libro así lo indica, él nunca miente.
El hombre volvió a retirarse.
—¿Simbiosis? —reflexionó Xalara en un susurro apenas audible.
Ese pensamiento hizo que espabilase todavía más, acercándose a un nivel de consciencia casi pleno. ¿Acaso el Lórdezeit pretendía…?
—Alexios Kraus, al que sé que conociste muy bien, era mi mano derecha por aquel entonces —reveló el Lórdezeit, algo que no sorprendió a Xalara, pues ya lo sabía—. Era la persona en la que más confiaba. Probablemente puedo decir que era el único en quien confiaba de verdad; y por eso ocurrió.
Xalara escuchó un gruñido extraño a su espalda, pero el apretado amarre no le permitía mover el cuello lo suficiente.
—Yo ignoraba lo que él estaba planeando, conspirando junto a la OCH.
Quería deshacerse de mí y no me di cuenta hasta que ya era tarde —reconoció bastante dolido—.
Aquella noche de abril hizo que me llamaran en mis aposentos para acudir al Salón de Conferencias.
Allí, en un descuido, le di la espalda y él me traicionó, atacándome por detrás como solo lo hacen los cobardes.
Pero no imaginas su cara mientras me convertía —aseguró, sonando esta vez orgulloso .
»He de reconocer que yo tampoco comprendía lo que acababa de pasarme.
Enseguida me vi atraído por el mecanismo del Gran Reloj.
Él me reclamaba como el imán más potente a un metal, y aunque nunca supe muy bien cómo, acabé introduciéndome en él.
Sobreviviendo de alguna manera. Más tarde comprendí que no podía morir, porque había creado multitud de nukternozes .
Puede que no lo sepas, aunque sea una teoría que ha pululado por ahí, pero quien logra crear un nukternoz hace que la vida de esa persona se adhiera a su creador, y es necesario destruirlos a todos para que este pueda morir de forma definitiva.
No obstante, ahora solo soy una consciencia por así decirlo, nada más. Por esa razón necesito un cuerpo.
Fue entonces cuando Xalara comprendió definitivamente qué pretendía hacer el Lórdezeit con ella, y empezó a revolverse infructíferamente sobre la plataforma de madera a la que estaba sujeta.
—El tiempo y los mecanismos que lo miden son algo fascinante —reflexionó el Lórdezeit—.
Siempre estuve interesado en desvelar los infinitos enigmas que esconde el tiempo.
Incluso me obsesioné con ello en mi juventud, debido a lo que consideraba una extraña habilidad.
Por ese motivo es evidente que aquella madrugada, después de que Alexios me traicionase, me viera atraído incontrolablemente por el reloj.
Porque te aseguro que en este mundo todo ocurre por algo, nada es pura casualidad.
»Más tarde fue Andris Bóstoul quien me rescató del Palacio de la Sede para traerme hasta mi casa.
Una vez asentado aquí, concluí que necesitaba el Libro Guía con urgencia para poder recuperar mi vida.
No sabes lo gratificante que resultó cuando dimos con él —hizo una pausa—.
¿Crees que eres una persona vulgar que simplemente tuvo la mala fortuna de recibir algo así?
No, como te dije antes, nada sucede porque sí, todo tiene un fundamento.
No fue casual que obtuvieras precisamente tú el libro y la espada.
La verdadera arlasofía es la que rige las leyes de este mundo, y ella hizo que acabasen en tus manos.
Xalara confirmó que el Lórdezeit e Ilorio Norzan y su esposa no eran tan diferentes como afirmaban .
—Siempre supe que necesitaba un cuerpo para salir del reloj —continuó el Lórdezeit—. Pero reconozco que no me atrevía a dar el paso, no hasta poder confirmarlo con el Libro. Él me mostró que tú debías ser la elegida. Siempre fuiste tú, desde el principio.
—¿A qué se refiere? —logró decir Xalara, y aunque era imposible corroborarlo mirando a un reloj, estuvo segura de que le había arrancado una sonrisa irónica al Lórdezeit.
—Nunca imaginé que pudieras sobrevivir al ataque de mis cinco nukternozes —reconoció él—.
Aquello me mostró demasiadas evidencias.
No entendía cómo lo hiciste, no tenía ningún sentido.
Ahora sé que sobreviviste para llegar hoy hasta aquí.
Esa noche, de alguna manera, quedamos unidos, o puede que siempre lo hubiésemos estado y solo fuera la primera fase de nuestro enlace final.
¿Quién sabe? Ni yo mismo comprendo a veces los designios de la verdadera arlasofía .
—¿Qué quiere decir con que quedamos unidos? —preguntó Xalara, más asustada con cada nueva palabra del Lórdezeit.
—Siendo honestos, una parte de mi ser vive en cada uno de mis nukternozes —explicó él—.
Todos se unen a una mente colmena en la que yo soy el rey, pudiendo ver y sentir a través de ellos.
Sin embargo, tú eres la única que sigue viva, y aunque no llegaste a ser convertida, una mínima parte de mí se quedó dentro de ti —hizo una pausa en su explicación—.
Ya te había visualizado una vez en mis recuerdos, pero creí que simplemente era una anomalía de mi propia memoria.
No obstante, cuando te vi allí, en la escena en la que traté de convertir a Víncel Rétfor y pude tocarte, supe que tenías que ser tú, algo que más tarde confirmé al consultar el Libro.
»Puede que esto aún no lo sepas, pero Andris ha sido la clave de que estés aquí ahora —declaró, haciendo que Xalara recordase de repente lo sucedido en el exterior de la mansión—.
La única meta de Andris es no morir. Le tiene un miedo atroz a la muerte, y sabe que la única forma de escapar de ella es sirviéndome, como ya sucedió en aquella explosión en el Palacio de la Sede.
Estoy seguro de que sobrevivió porque me ayudó a crear esos cinco nukternozes , y su lealtad hacia mí se fortaleció hasta un nivel indisoluble .