Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 27La última Disciplina #3
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CAPÍTULO 27La última Disciplina #3

Por otra parte, el consuelo de saber que moriría en unas horas le restaba preocupación e importancia a todo lo que pensara sobre cualquier cosa, y por primera vez sintió realmente que la muerte era algo positivo para ella, porque al fin le brindaría la libertad que siempre ansió.

El cielo que veía por la ventana acabó permutando de un azul casi negro hasta convertirse lentamente en un velo rosado, cruzado por las franjas doradas del amanecer.

Con la mañana avanzada, la puerta de la habitación se abrió por primera vez desde que Xalara estaba allí.

—Dispone de cinco minutos, no más —advirtió una voz solemne desde el pasillo.

Andris entró y ella se incorporó en la cama con un ligero mareo producto de su prolongada inanición.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó él.

Xalara estuvo a punto de echarse a llorar, pero Andris hizo un gesto de silencio poniendo el dedo índice delante de la boca. Luego sacó un bocadillo de debajo de su gabardina beige y una pequeña botella de agua que le entregó a la muchacha.

—Tenemos poco tiempo —aseveró el hombre, hablando en voz baja—. Tú solo aliméntate y escúchame con atención.

Xalara asintió mientras devoraba el bocadillo tras haber vaciado de un solo trago el agua de la botella.

—La Disciplina Nº5 será un duelo de espadas entre vosotras dos —informó .

La revelación no sorprendió a Xalara, dado que ya había sopesado esa posibilidad: solo quedaba la instrucción de Combate por utilizar en Las Cinco Disciplinas.

—Pero nadie sabe si mi tía se sacará algo bajo la manga, como ya hizo en la anterior Disciplina —argumentó Andris—.

Ella ha perdido toda la confianza en mí y me ha apartado de su lado.

Está totalmente descontrolada. No se imaginaba ni por asomo que podrías volver de las Montañas del Norte, por lo que es imposible vaticinar cualquier cosa.

Está loca, pero no es idiota, te lo aseguro.

Así que no se puede descartar una trampa de última hora para asegurar tu muerte.

Tienes que estar preparada para cualquier escenario, ¿me entiendes?

Xalara asintió con la boca llena, poniéndose cada vez más nerviosa.

—Nadie pensaba que volveríais —insistió Andris después de unos segundos de silencio, mientras se guardaba la botella en la gabardina, probablemente para no dejar la prueba—. ¿Qué pasó realmente allí?

La chica negó con la cabeza antes de responder.

—No quiero hablar de eso ahora.

—Zolian tampoco —aclaró Andris—. Pero lo entiendo, debió ser una experiencia traumática para vosotras. No imaginas el revuelo que causó la noticia en los medios de comunicación.

A pesar del conformismo de sus palabras, se percibía cierto retintín en la manera de decirlo. Xalara se alegró de que al menos Samanta no hubiese revelado nada aún sobre los arlayinos.

—¿Michelle y Aden saben que regresé? —preguntó Xalara, esperanzada.

—No he tenido la oportunidad de decírselo —lamentó Andris.

La joven soltó un amargo resoplido.

—¿Se sabe algo nuevo sobre Huberto? —inquirió ella, desviando el tema.

—Nada, continúa desaparecido —respondió Andris—.

En mi opinión, el hecho de que pueda controlar a los pájaros hace que se anticipe a cualquier movimiento por parte de quienes lo buscan.

Pero eso no debe preocuparte, no creo que sea tan imbécil como para intentar algo ahora.

Estás demasiado vigilada. ¿Acaso quieres decirme algo sobre él?

—añadió, seguramente notando la incomodidad de Xalara.

—No, nada —aseguró ella.

Andris estudió su rostro hasta que el sonido de la puerta al abrirse reclamó su atención.

—Se acabó —anunció un cuero negro .

—Aún no han pasado los cinco minutos —protestó Andris, consultando su reloj de muñeca.

—Fuera —insistió el cuero negro .

—¿Recuerdas cuando te dije que no permitiría que murieses en Las Cinco Disciplinas? —le susurró Andris a Xalara de forma apresurada, a lo que ella asintió—. Pues no lo olvides.

El cuero negro tuvo que entrar a por Andris, a quien agarró del brazo.

—Suélteme —protestó, y el otro lo hizo al ver que ya se iba por su propia voluntad.

Xalara no volvió a tener noticias del exterior hasta que una cuero negro abrió la puerta y le lanzó algo sobre la cama.

—Es tu uniforme para la Disciplina Nº5. Póntelo —ordenó antes de volver a marcharse.

La participante examinó el tejido de la prenda, que era del mismo color que el uniforme de Lúgardark, pero este carecía de cualquier simbología que hiciera referencia a la institución. Antes de decidir ponérselo, descartó que escondiese algo que pudiera afectar deliberadamente a su estado físico.

Al desnudarse, Xalara fue consciente de lo mal que olía su propio cuerpo, privado de una buena ducha desde hacía demasiado tiempo, puesto que en la Ciudad Negra carecían de baños como tal. Por ese motivo agradeció ponerse el impoluto uniforme.

No tardó en volver a hacer acto de presencia la misma cuero negro .

—Tienes que salir —dijo, y Xalara obedeció enseguida, consciente de que se dirigía a la última Disciplina.

Las dos participantes, vestidas de forma idéntica, volvieron a ser reunidas en el mismo rellano donde las separaron la noche anterior. No se dirigieron la mirada, ambas conscientes de que pronto lucharían por matar a la otra.

Lo que ninguna de las dos imaginaba, al menos en el caso de Xalara, era que, al final de la escalera, en el vestíbulo de ese abandonado edificio, las estuviera esperando Tedya Yons y dos cámaras de televisión, acompañadas por sus operadores.

Y no solo eso, sino que la estancia estaba limpia y reformada, demostrando que habían trabajado en ello durante toda la noche.

—Aquí están nuestras dos flamantes finalistas —anunció la presentadora con un orgullo impostado, mirando a la cámara mientras sujetaba un micrófono frente a su boca.

Los cuero negro se apartaron de la escena para dejar todo el protagonismo a las participantes.

—Samanta —dijo Tedya cuando estas llegaron al vestíbulo—. ¿Cuáles son tus sensaciones antes de partir hacia el estadio?

La presentadora acercó el micrófono a la cara de la muchacha.

—¿Estadio? —cuestionó ella, expresando la misma duda que tenía Xalara.

—Sí —confirmó la presentadora—. La Disciplina Nº5 se llevará a cabo en el antiguo estadio de Bibrébem, que será reabierto después de décadas para esta ocasión tan especial. Espero no haber roto las normas de confidencialidad —añadió la presentadora con una mueca divertida dirigida a su cámara.

—No lo sabía —admitió Zolian, cabizbaja, y seguramente resentida en su orgullo clasista.

—En fin, pongámonos serios para hablar contigo, Xalara —aseveró Tedya—. ¿Qué opinas sobre quienes insinúan tus trampas en la Disciplina Nº3?

—Que me trae sin cuidado lo que piensen —contestó incluso antes de que la presentadora terminase acercando el micrófono hacia ella.

—¿Pero no te molesta que opinen así sobre ti?

—No.

—¿Solo eso puedes argumentar para defenderte de las críticas?

—Sí .

—De acuerdo entonces —dijo Tedya con una falsa sonrisa.

—¿Qué piensas tú al respecto, Samanta?

—No tengo nada que añadir —aseguró ella.

—Está bien —asintió la presentadora, y volvió a mirar a su cámara, haciendo alarde de su admirable capacidad para fingir sentimientos—.

Es evidente que nuestras dos finalistas están secuestradas ahora mismo por el nerviosismo, hay que entenderlo, es muy importante lo que se juegan.

Por eso no os voy a molestar más. Solo puedo desearos mucha suerte y deciros que estamos expectantes por conocer ¡a la ganadora de Las Cinco Disciplinas!

Tras cortar la emisión en directo, sin hacerles ninguna pregunta sobre qué ocurrió en las Montañas del Norte, para sorpresa de Xalara, Tedya se marchó dedicándoles a las participantes una breve expresión de asco.

—Andando —dijo uno de los cuero negro , tratando a Samanta con tan poca mesura como a Xalara.

Lo que esta última ignoraba era que el estadio de Bibrébem se encontraba situado justo detrás del edificio que había enfrente del abandonado hostal.

Su planta trazaba una gigantesca circunferencia perfecta. Alto, pero no más que los edificios que lo flanqueaban. Los años en desuso se manifestaban en su fachada, cubierta de columnas y arcos de medio punto con contrafuertes.

Tampoco dispusieron de mucho tiempo para contemplarlo, porque, bajo la protección de decenas de cuero negro , las dos participantes fueron conducidas hacia una de las numerosas puertas del estadio, sin saber si volverían a salir de allí.

Una vez dentro, descendieron por una escalera de hormigón que parecía restaurada desde hacía poco tiempo, iluminada en la penumbra por unas pobres lámparas ancladas a la pared en una especie de túnel subterráneo.

El aire era pesado y húmedo, y olía a excrementos: seguramente una parte del alcantarillado de la ciudad pasaba muy cerca.

Resultó imposible para Xalara no evocar los túneles de Lúgardark.

Lo mismo que le suscitó el claustrofóbico pasillo al que llegaron al final de la escalera, pero esta vez recordándole a los calabozos del Palacio de la Sede, donde había sido encerrada junto a Víliam después de ser arrestados por culpa de Samanta Zolian, precisamente quien la acompañaba ahora.

Ambas fueron introducidas en espacios contiguos del pasillo, reacondicionados como una especie de celda, aunque carentes de barrotes o cristal.

Sin embargo, a Xalara le colocaron unas esposas enguantadas ancladas a los grilletes de la pared, lo que la obligaba a tener los brazos elevados casi en vertical por encima de su cabeza.

Ignoraba si a Samanta le estarían ofreciendo el mismo trato en el habitáculo de al lado, pero suponía que no.