Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 27La última Disciplina #2
86%

CAPÍTULO 27La última Disciplina #2

—¿Podéis confirmar que los otros dos participantes están muertos, o aún podemos esperar su llegada? —preguntó la maestre.

—Los dos han muerto —aseguró otra vez Samanta, aunque ella no podía confirmar que Diago lo estuviese.

—Entonces es oficial —terció Andris con una alegría claramente contenida, apartándose de la mesa y arrastrando con él a Tíndrac, que parecía negarse a la realidad—. Vosotras sois las finalistas de Las Cinco Disciplinas. Hay que hacer el anuncio —añadió girándose hacia Míxiliam.

—Un momento —intervino Tíndrac, consiguiendo que todos lo mirasen—. Decís que Paris murió a manos de Zúnkerberg. ¿Pero cómo murió él?

Esta vez Samanta no respondió, sino que torció ligeramente los ojos hacia Xalara, quien había abrigado la esperanza de que esta se inventase algo, como ella misma iba a hacer, antes de aclararse la garganta.

—Cayó dentro de una grieta cuando intentábamos saltar al otro lado —contestó.

—¿Ibais juntos? —cuestionó Tíndrac, sonando muy escéptico—. Según tengo entendido os odiabais.

—Nuestro mentor nos lo aconsejó —aclaró Xalara, mirando hacia Andris para buscar su ayuda.

—Así es —afirmó él—. Ya que eran la única comarca con la pareja aún completa, en la última mentoría les dije que lo lógico sería que aunaran fuerzas para que ellos dos resultasen ganadores de la Disciplina Nº4 y, por lo tanto, finalistas .

El argumento pareció convencer a Tíndrac. No así a Gúlfrica, cuya expresión gritaba su escepticismo, aunque no realizó ninguna protesta.

—No podemos retrasar el anuncio oficial —intervino Míxiliam, poniendo fin a las discusiones para validar los testimonios de las dos participantes.

Andris asintió como para darle su aprobación, y el árbitro salió de la estancia. Inmediatamente después lo hizo Tíndrac, visiblemente contrariado.

Fue entonces cuando irrumpieron tres cuero negro , negando así una posible conversación entre las dos participantes y sus mentores, quienes tuvieron que marcharse después de un gesto inequívoco.

Xalara estuvo a punto de pedirle a Andris que, por favor, la dejase ver a sus amigos, o que al menos les transmitiera la noticia de que había regresado, pero finalmente no lo hizo.

Tras posiblemente más de dos horas, en las que Xalara y Samanta compartieron espacio con los tres cuero negro en completo silencio, Míxiliam abrió la puerta para asomarse a la habitación.

—Salid —dijo en clara alusión a las jóvenes, quienes no dudaron en hacerlo.

No se lo ordenó, pero ellas lo siguieron por el sombrío pasillo, al tiempo que sonaban las campanas anunciando el fin de la última instrucción del día.

Xalara supo que sus compañeros ya se encontrarían en el comedor o camino de él, dado que el auditorio donde se impartía Arlasofía Aplicada estaba situado muy cerca.

Salieron nuevamente al patio delantero. Allí, en medio de la fría noche de Lúgardark, las esperaban un par de cámaras de televisión apoyadas sobre trípodes y acompañadas de unos focos potentes.

Detrás de los focos, antes oculta por el contraste de la iluminación, surgió la presentadora Tedya Yons, ataviada como siempre con uno de sus llamativos vestuarios y portando un micrófono en la mano, demostrando que toda la puesta en escena había sido improvisada con la máxima celeridad.

—¡Buenas noches! —saludó Tedya, girándose con un estilo teatral hacia las cámaras—.

¡Aquí las tenemos! ¡Nuestras dos finalistas!

¡ Samanta Zolian, de la Comarca Central, y Xalara Verdreven, del Noroeste, quienes este sábado se enfrentarán en un duelo personal para conocer a la absoluta ganadora en la última Disciplina! ¿No es emocionante?

En sus casas habría miles de personas pegadas al televisor, tan anonadadas como cualquiera que veía a Xalara y Samanta tras haber regresado de una muerte que todos creían inevitable.

Solo Tedya Yons pudo disimular su sorpresa, al menos durante el tiempo que estuvo ante las cámaras, porque, cuando cortó la emisión en directo sin añadir nada más, se marchó tan deprisa como acostumbraba, aunque en esta ocasión no sin antes volver a mirar a las dos finalistas, como si necesitara confirmar que eran reales.

Los focos se apagaron tras su marcha, revelando la presencia de dos trabajadores de la televisión.

Míxiliam volvió a acercarse a las reclutas.

—La presentadora ha dicho que la última Disciplina será este sábado, cuando todas las demás han sido un domingo —comentó Xalara, con recelo ante la respuesta a la pregunta que iba a realizar—. ¿Qué día es hoy?

—Viernes —respondió el árbitro, antes de marcharse con prisas, como temiendo que pudieran hacerle más preguntas.

Un cuero negro , surgido como de las sombras, apareció por detrás y sujetó a Samanta por el brazo herido.

—¿A dónde me lleva? —protestó la chica con una mueca de dolor—. Tienen que curarme en el centro de sanación.

—Ya se encargarán de ello cuando llegues a Bibrébem —contestó el cuero negro .

—Vamos —ordenó otro, agarrando a Xalara por la espalda.

—Tengo que ver antes a mis amigos —suplicó ella—. He dicho que necesito verlos.

Xalara se revolvió hasta lograr soltarse, saliendo disparada hacia el ala este para poder encontrarse con Michelle y Aden en el comedor. Sin embargo, el cuero negro no tardó en darle caza, tirándose sobre la chica y cayendo ambos al suelo, llevándose ella la peor parte .

Todavía algo aturdida por el golpe, las participantes, ya sin mostrar rebeldía, fueron llevadas de vuelta hacia el vestíbulo. Allí, nada más verlas, Ozora salió de su garita y se interpuso en su trayecto, echando mano al pomo de su espada arlasófica .

—¿Algún problema, guardiana? —profirió el cuero negro que sujetaba a Xalara, con un tono lo suficientemente alto para que el grueso de sus compañeros apostados en la puerta de salida lo escucharan.

Fue un gesto de negación de la propia Xalara el que consiguió que la guardiana soltase su arma sin llegar a desenvainarla y se apartara a un lado. La recluta no quería causar daño a más gente por culpa de sus problemas: ya se había llevado por delante a suficientes víctimas.

Las finalistas fueron llevadas hacia la estación de traslado desde donde, segundos después, llegaron a otra ubicada en una calle estrecha de la capital, donde las esperaban al menos medio centenar de cuero negro .

Por alguna razón, Xalara recordó que un cuero negro intentó matar a la presidenta en su despacho meses atrás, y deseó que aquello hubiera tenido éxito: cuántos problemas se habrían ahorrado, especialmente ella.

Casi siempre la vida se medía en pequeños detalles que determinaban el resultado de grandes acontecimientos.

Conducidas en todo momento bajo una estrecha vigilancia, las participantes cruzaron la calle desierta y entraron en un edificio cuya fachada se veía más antigua y deteriorada que la mayoría de las que se encontraban a su alrededor.

Un cartel oxidado de bombillas apagadas indicaba que se trataba de un antiguo hostal.

Entraron directamente a una estancia que parecía ser una taberna en desuso, donde las mesas y sillas de madera negra estaban cubiertas por una gruesa capa de polvo y telarañas.

Luego subieron por una escalera cuyos peldaños crujían al pisarlos.

Alcanzaron un rellano que se dividía en dos pasillos a izquierda y derecha, en los que unos carteles indicaban «1.

ª clase» y «3.ª clase» respectivamente, diferenciados claramente además por la amplitud y decoración.

Samanta fue llevada hacia el pasillo de primera clase, y por supuesto, Xalara fue empujada al otro, internándose junto a varios cuero negro en un corredor por el que apenas cabían dos personas en paralelo, con las paredes forradas por paneles de madera minimalistas y deteriorados.

Uno de los cuero negro abrió una de las puertas, con un número cinco metálico pegado a ella, y otro empujó a Xalara dentro, cerrando con un portazo y sin darle más explicaciones.

Cuando la muchacha accionó el interruptor para encender la lámpara, comprobó que no funcionaba.

— Volter —pronunció para que los dedos de su mano derecha se volviesen incandescentes, iluminando una estancia muy pequeña y lúgubre.

La habitación estaba lejos de parecerse a la ocupada por Xalara cuando estuvo recluida antes del programa de televisión previo al inicio de Las Cinco Disciplinas.

Solo había un camastro pegado a la pared, con un colchón mugriento sin sábanas ni cobertor, además de un par de muebles con las puertas abiertas y vacíos.

Xalara se sentó en la cama y solo entonces desactivó la fórmula, quedando a oscuras salvo por la tenue claridad procedente de la calle, que penetraba sutilmente a través del cristal de una pequeña y horizontal ventana instalada en la parte más alta de la pared, casi pegada al techo ennegrecido por las humedades.

Después de un rato sentada, se tumbó sobre el colchón desnudo, con la mirada clavada en la ventana mientras se entregaba al llanto. Unas lágrimas que amenazaban con manifestarse desde que dejó a Iwan atrás, pero ni siquiera ellas habían tenido un respiro para hacerlo hasta ese momento.

Nadie entró en toda la noche para llevarle agua o comida.

Xalara solo fue capaz de dormir en cortos e intermitentes intervalos, sumida en un sinfín de pensamientos intrusivos abrumadores y catastróficos.

No podía apartar la idea de que lo más sabio habría sido matar a Samanta o al menos dejarla con los arlayinos para que estos se encargaran de hacerlo.

Tampoco dejaba de imaginarse las múltiples maneras con las que castigarían a Iwan por haber asesinado a su propio hermano, sintiéndose tremendamente responsable de ello.

También pensaba en Huberto y en si ese cuervo de las Montañas del Norte estaría controlado por él, como todo indicaba.

Tumbada en aquel camastro, sus creencias respecto a casi todo hacían funambulismo por una cuerda muy fina.

Sin embargo, la evidencia sobre Huberto existía: ella lo había confirmado en su visión del pasado; ahora no podía dejarse engañar por falsas apariencias y la desesperación del escenario que enfrentaba.