CAPÍTULO 26El secreto mejor guardado #6
Ella apenas podía defenderse, la diferencia numérica pesaba demasiado, y por eso tuvo que echar a correr mientras desviaba los ataques.
Por suerte, sus rivales no eran muy diestros, y Xalara era una recluta de segundo semestre en Lúgardark.
Con un excelente giro en carrera, no solo consiguió esquivar un haz de luz cuyo impacto parecía inevitable, sino que disparó ella alcanzando la pierna de su oponente, dejándolo fuera de combate y desarmándolo.
Esto fue aprovechado inteligentemente por Samanta, quien atrajo su espada caída por medio de la arlasofía y eligió bando cuando nadie esperaba su participación.
Xalara se sintió tan extraña luchando junto a su archienemiga que esto le provocó un imperdonable momento de distracción.
Un ataque enemigo estalló en la punta de su desprevenida espada, y la onda expansiva se desplazó a través de la hoja cilíndrica hasta acabar en la guarda, desperdigándose, pero dejándole el brazo adormecido e inutilizable para los próximos minutos.
Cambió el arma al brazo izquierdo y continuó corriendo.
Por otra parte, Iwan mantenía su particular y cruenta batalla contra su hermano mayor.
—¡Siempre has sido así! ¡Débil! —gritó Jeyk—. ¡No eres digno de nuestro regio linaje! ¡Padre siempre lo supo, pero nunca te lo dijo!
—¡Cállate! —respondió Iwan, incrementando la intensidad de su ofensiva para poner a Jeyk contra las cuerdas, obligándolo a retroceder.
Si Jeyk con sus comentarios buscaba minimizar las habilidades de lucha de su hermano, estaba logrando el efecto contrario .
—¡Solo le pido a la Arlasofía que te quite de en medio, porque eres un estorbo para conseguir su objetivo! —insistió el primogénito.
De no ser porque Samanta se unió a la lucha equilibrando las fuerzas, Xalara estaba convencida de que no habría tenido tiempo de recuperar la sensibilidad en el brazo antes de que la matasen.
En ese lapso, además de tenerlos a todos entretenidos para que no atacasen a Xalara, Zolian consiguió desarmar a uno de los arlayinos, cuya espada salió volando para acabar clavándose en la nieve recién caída.
Antes de que pudiera reaccionar, Samanta lo remató.
Otro de sus rivales se alejó de su único compañero aún armado para lateralizarse respecto a Samanta, sorprendiéndola al dividir en dos el punto de atención y lanzándole un haz de luz que alcanzó el antebrazo izquierdo de la recluta de Lúgardark.
Xalara pudo ver por el rabillo del ojo cómo saltaba la sangre, salpicando incluso el rostro de Samanta mientras esta escupía un grito desgarrador al tiempo que soltaba la espada para llevarse la mano derecha hacia la herida y frenar su hemorragia.
Inmediatamente, otro destello del mismo oponente voló hacia Xalara, que lo desvió con dificultad, teniendo que dar un paso hacia atrás arrastrada por la fatiga.
Algo repentino, como un sexto sentido, le confirmó que iba a morir allí, e incluso le provocó una especie de enajenación transitoria, dejando de percibir todo sonido ajeno a su propio cuerpo durante un instante.
El silencio exterior se rompió por el estridente graznido de un cuervo, que llegó volando a su espalda, tan cerca que sintió el aire de su aleteo agitándole el cabello, provocando que la chica se agachara por instinto.
El ave se abalanzó sobre uno de los arlayinos, que ya se preparaba para disparar el ataque final contra Xalara, frenándolo mientras desgarraba su rostro, totalmente encolerizado.
Tras sacudirse el shock, Xalara volvió a agitar su espada, de cuyo extremo nació un sostenido torrente de luz que recorrió la distancia que había hacia el pecho del otro arlayino, despistado observando cómo su compañero de batalla intentaba zafarse del cuervo, olvidando que él también era un blanco.
Un error que terminó costándole la vida .
No obstante, el arlayino atacado por el cuervo, logró cogerlo entre sus manos y lanzarlo fuertemente contra el suelo. Antes de que el ave pudiese reaccionar, el hombre le disparó un haz de luz, resultando en un estallido de plumas negras e hilos intrincados de sangre.
Xalara solo se concedió un instante para pensar que ese cuervo estaba controlado por Huberto, y en la posibilidad de que este hubiera muerto de la misma forma que el animal.
Aprovechando el momento de relajación del arlayino después de vencer al cuervo, Xalara, con las pocas fuerzas que le quedaban, logró matarlo tras recibir su haz de luz en un lateral de la cara, destrozándosela.
Ahora, con todos sus rivales muertos o fuera de combate, la joven se fijó en Iwan.
—¡Vas a morir por una chica que no es de los nuestros! —bramó Jeyk, luciendo una contusión en el pómulo, probablemente causada por un retroceso de su propia espada.
—Ríndete, por favor —suplicó Iwan, que parecía mucho más entero y además empuñaba dos espadas—. No quiero matarte.
A pesar de que la situación invitaba a todo lo contrario, Jeyk empezó a reír, primero de forma suave y luego a estridentes carcajadas.
—¿Vas a matarme, hermanito? ¿Tú? ¿Por ella? —dijo sin parar de reír—. Basta de tonterías —agregó frenando su risa, antes de agitar la espada, pero en dirección a Xalara.
Ella no tenía tiempo de reaccionar, estaba demasiado cansada para hacerlo.
Sin embargo, la rápida intervención de Iwan sacudiendo las dos espadas hacia su hermano mayor consiguió que los haces de luz disparados se topasen en el aire con el de Jeyk, haciendo que no solo se volatilizase el suyo, sino que alcanzaran a su lanzador, que murió con el rostro desfigurado y refulgente.
Xalara observó cómo el labio inferior de Iwan temblaba anticipando el llanto. Pero antes de que las lágrimas bañasen su rostro, el chico se las enjugó con el dorso de la mano.
—Tienes que irte —dijo—. Debes volver a Lúgardark. Ahora te matarán si te quedas .
—¿Y qué pasará contigo? —protestó Xalara.
—Prego te llevará —insistió Iwan.
El joven dio un silbido para que su drácojor se acercara.
—Ven conmigo —sugirió Xalara, consciente de lo que le esperaba a él también si se quedaba—. Así tendrás una oportunidad. Empezarás de cero en Las Cinco Comarcas.
—Acabas de traicionarnos —aseveró Iwan, como si para él la conversación tratase de un tema distinto—. He tenido que matar a mi hermano por tu culpa. Si no te vas ahora te ejecutaré yo mismo.
Xalara no replicó, convencida de que la amenaza era real: Iwan pertenecía a una familia de fanáticos.
Cuando el drácojor llegó hasta ellos, el chico no esperó y aupó a Xalara sobre la espalda de Prego.
—No puedo dejarla aquí —apuntó ella, mirando a Samanta, que parecía demasiado aturdida para darse cuenta de lo que estaba pasando—. No me lo perdonaría —añadió, sabiendo que probablemente Iwan no cedería a su petición.
El chico dudó, pero finalmente cogió a Samanta y, con la ayuda de Xalara, logró subirla encima del drácojor . Este soltó un bufido que parecía de desaprobación.
Su jinete se colocó frente al animal, acariciándole la crin.
—Tienes que llevarlas a las dos, ¿me oyes?
—le susurró con dulzura—. Tienes que llevarlas hasta Lúgardark.
Después regresa aquí. Te estaré esperando, amigo.
Muy bien —asintió el chico tras unos segundos de silencio, en los que seguramente esperó a que el drácojor no pusiera más objeciones a su orden.
Prego empezó a galopar, mientras Xalara cogía con una mano las riendas y con la otra agarraba a Samanta para que no se cayera.