Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 25Una orden frustrada
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CAPÍTULO 25Una orden frustrada

Una orden frustrada

Había perdido prácticamente todo su poder de decisión en Lúgardark tras haber sido destituida temporalmente como Lady Maestre en favor de Gustavo Zorien. Aunque la mayor pérdida de autoridad se consumó con la llegada de Andris Bóstoul como maestre de Arlasofía al inicio del segundo semestre.

Era de esperar que el sobrino y ojito derecho de la presidenta acaparase la dirección de Lúgardark, a pesar de que Andris tuviera un gran talento para evitar que lo pareciese.

A Syliana tampoco le importaba demasiado, pues su cometido cuando solicitó el puesto de Lady Maestre nunca fue el de dirigir una institución cuyos valores y objetivos le resultasen, cuanto menos, cuestionables.

A esas alturas ya no sabía muy bien por qué razón continuaba allí, dado que no había conseguido lo que buscaba cuando solicitó el puesto.

A última hora del martes, Syliana recibió una misiva en el buzón de su despacho, enviada por la vicepresidenta del Gobierno, donde la convocaban para una reunión de urgencia que se celebraría allí mismo, y a la que acudiría Crispina Streif.

No eran pocas las informaciones que surgían en torno a la relación de Crispina con su reciente esposa tras el altercado durante su boda.

Por ese motivo Syliana se vio un tanto sorprendida al ser contactada por Sarah.

Aquello desmentía los rumores de que Crispina había apartado a su vicepresidenta de todas las labores gubernamentales.

En la carta también se le encargaba comunicarle la misma orden a Míxiliam Weinter, que continuaba instalado y aislado en la caseta que guardaba la puerta hacia las Montañas del Norte, esperando el más que improbable regreso de alguno de los participantes.

Cuando Syliana descendió las escaleras exteriores de Lúgardark, al amanecer del miércoles bajo una niebla impenetrable, ya habían transcurrido casi tres días desde la marcha de los participantes, sin novedad alguna sobre su situación.

La anciana se sentía impotente al no poder ayudar a esos pobres chicos, que habían sido engañados y coaccionados para participar en una obra de teatro cuyo único desenlace posible era la muerte de Xalara Verdreven.

Si existía algo que Syliana no tolerase era la injusticia.

Uno de los cuero negro instalados en Lúgardark la llevó en barca hasta la caseta donde permanecía el árbitro de Las Cinco Disciplinas.

Tras llamar a la puerta, entró sin esperar una señal recíproca.

—Buenos días, Míxiliam —saludó.

—No hay novedades —informó inmediatamente el árbitro, como inmerso en un estado de enajenación, sentado junto a la chimenea.

Él también parecía consumido física y mentalmente desde el comienzo de Las Cinco Disciplinas. Un estado especialmente agravado durante estos últimos tres días, en los que una barba incipiente y descuidada acompañaba a su habitual bigote negro.

Syliana conocía la trágica historia familiar de Míxiliam, puesto que llegaron a compartir el cargo de Juez Supremo durante los Juicios de la Libertad, con el que finalmente se quedó la mujer, arrastrándolo a una temprana jubilación.

Por esa razón, y aunque fuese una pieza fundamental en la matanza de aquellos jóvenes reclutas, no podía evitar verse reflejada en él.

Recientemente, la anciana había consultado los archivos de anteriores Lord Maestres, donde figuraban registrados la mayoría de los reclutas que habían pasado a lo largo de la historia por Lúgardark.

En ellos encontró información sobre Míxiliam cuando realizaba la EDMO, a la que se presentó de forma voluntaria y acabó siendo uno de los reclutas más respetados de su comarca.

Una reputación que se labró cumpliendo cada regla al pie de la letra y preocupándose de que sus compañeros hicieran lo mismo, denunciando ante los supervisores cualquier infracción.

Para él las reglas estaban por encima de cualquier amistad.

Aunque eso también consiguió que fuese un recluta solitario y bastante odiado.

Tras su triunfante paso por Lúgardark, Míxiliam estudió la carrera de justicia, llegando a convertirse en uno de los funcionarios más respetados del Gobierno, lo que le llevó a ser nombrado Juez Supremo del Tribunal de Bibrébem.

Poco después se casó con Birma Galey, una mujer con la que, además de compartir clase social, también lo hacía en su deber por las normas.

Cuando nació su única hija, ambos decidieron educarla bajo un modelo de rectitud.

Pero creció sin apenas muestras de amor paternal, lo que derivó en un odio inusitado hacia la figura de su padre y todo cuanto él representaba.

Mientras Míxiliam solo se preocupaba de impartir justicia en la sociedad, en su propio hogar crecía la rebeldía.

Todo aquello terminó en el suicidio de su mujer.

Cuando el Lórdezeit llegó al poder de Las Cinco Comarcas, la hija de Míxiliam, culpándolo de la muerte de su madre, decidió alistarse en la Orden de los Herederos para vengarse de él, porque era muy contrario a esos ideales.

Míxiliam nunca formó parte directa de ninguno de los dos bandos (Orden de los Herederos y OCH), pero sí luchó contra los herederos en la Guerra Civil de Bibrébem, donde su hija fue asesinada por la OCH.

Seguro que Míxiliam lloró a su hija en privado, pero ella se había puesto en contra de todas las normas sobre las que fue educada, por eso se obligó a pasar página de inmediato, refugiándose en su propio trabajo durante los Juicios de la Libertad, aunque Syliana acabó quitándole el puesto definitivamente.

Ella era consciente de que aún le guardaba un enorme rencor por todo aquello .

Como si por fin hubiera caído en la cuenta de quién tenía a su lado, el árbitro se levantó de un respingo y caminó hasta la puerta que daba paso hacia las Montañas del Norte para abrirla.

Resultaba sorprendente cómo unos simples centímetros podían cambiar tanto la climatología.

Abrir esa puerta era como hacerlo hacia otro mundo, donde la niebla dejaba de existir, como si Lúgardark fuese en realidad el paraje maldito y no las Montañas del Norte, rompiendo la tradición popular establecida.

A pesar de la ausencia de niebla, al otro lado no vislumbraron nada más que soledad.

Míxiliam volvió a cerrar, sin quedarle otro remedio que encarar a Syliana, que estiró el brazo con la carta en la mano. Él la recogió tras una fugaz mirada cargada de suspicacia.

—¿Se sabe a qué se debe? —preguntó el árbitro tras leerla.

—No lo sé —contestó Syliana con franqueza, aunque sí podía intuirlo.

—De todas formas, no puedo abandonar mi puesto —apuntó Míxiliam, devolviéndole la carta—. Los participantes podrían regresar y yo debo estar aquí para recibirlos y certificar su orden de llegada.

—No creo que tenga opción de rechazar la orden —profirió la anciana sin alterarse lo más mínimo—. La carta deja clara la obligatoriedad de comparecencia.

—No está escrita por la presidenta —repuso Míxiliam.

—Eso no importa, la orden es suya.

El hombre emitió un sonido gutural sin llegar a convertirse en una palabra.

—Le sugiero que acuda —insistió Syliana.

—Y yo le agradezco la información. Pero si no tiene nada más que añadir, le pido que por favor me deje continuar desempeñando mi puesto de trabajo.

La anciana se quedó observándolo, consciente de que sus últimas palabras guardaban un doble mensaje, y finalmente se volvió hacia la puerta de salida al lago, sin pronunciar ninguna palabra de despedida .

La Lady Maestre regresó a su despacho, donde aguardó con inquietud la llegada de Crispina Streif y su séquito: ya no sentía la necesidad de acudir a recibirla en el vestíbulo.

A media mañana, mientras se encontraba de pie, asomada a la ventana contemplando la niebla desde arriba como un manto etéreo que se desplegaba sobre Lúgardark, y sin que nadie llamase previamente a la puerta, esta se abrió desvelando a la presidenta del Gobierno, que penetró en el despacho acompañada de su mujer y el capitán de la Escolta Presidencial.

Fuera se quedaron apostados los cuatro miembros restantes.

Nadie dijo ni una sola palabra. Únicamente Sarah le dedicó una especie de saludo mediante una mueca, al que la anciana ni siquiera respondió con algo parecido.

Syliana se acercó antes que nadie a la mesa redonda de reuniones, y se apoyó ligeramente con las manos sobre el respaldo de una de las diez sillas.

Exactamente sobre la que estaba más cerca de la chimenea, la que normalmente ocupaba la persona de más rango, lanzando un pulso a la presidenta.

Ella y Sarah también fueron hacia la mesa y tomaron asiento sin dudar dónde ponerse, aunque quedando lo más alejadas posible de Syliana. Fue entonces cuando la anciana se sentó.

Todos actuaban como si nadie más estuviera allí.

Permaneciendo en el interior del despacho, Gustavo Zorien se colocó en la puerta, que quedó abierta a la espera de los demás convocados.

Syliana ignoraba si habría alguno más aparte de Míxiliam.

Supuso que Andris llegaría también; lo contrario sería más que llamativo, a pesar de las últimas informaciones respecto a la relación con su tía.

No obstante, los siguientes en hacerlo fueron Gúlfrica Estéinar y, solo unos segundos más tarde, Tíndrac Zoris.

Tras quedarse contemplando la esquina donde ya estaban sentadas las tres mujeres, ambos se acercaron a la mesa de reuniones y tomaron asiento para acabar adoptando una postura similar a la del resto de asistentes .

Ninguno de los dos maestres parecía conocer el motivo de la reunión. Pero para Syliana se estaba aclarando el panorama: solo faltaba una pieza más para confirmar sus sospechas.

Cuando la anciana ya pensaba que Míxiliam cumpliría su amenaza de no acudir a la reunión, el árbitro hizo acto de presencia, acompañado por Andris Bóstoul, dando la impresión de que este había ido a buscarlo.