CAPÍTULO 24La Ciudad Negra #5
—Nos casamos a las pocas semanas de conocernos —declaró—.
Cuando llegué aquí, esto solo era un pequeño asentamiento, con apenas una veintena de casas —aseguró—.
Luego, mi mujer y yo nos dedicamos a viajar por todo el norte durante años, predicando y aunando a todos los asentamientos que había desperdigados para traerlos hasta aquí y formar esta gran ciudad.
—Donde fue proclamado rey —afirmó Notoryha.
Xalara escuchaba con atención. Aquella era una historia fascinante, aunque pivotara en torno a una falsedad. Entonces, una duda que todos menos ella parecían dar por obvia en esa mesa se trasladó a sus cuerdas vocales.
—Cuando se refiere a asentamientos… ¿quiere decir de arlayinos? —dedujo.
—Así es —afirmó Ilorio.
—Tras la guerra civil que culminó con la desaparición de Árlay, muchos ciudadanos huyeron al único sitio posible: las Montañas del Norte —explicó Notoryha—. Pero, como lo hicieron en diferentes momentos, finalmente fueron asentándose en distintos emplazamientos.
A Xalara le resultaba difícil aceptar que esas leyendas sobre Árlay fuesen ciertas.
—¿Por qué razón ustedes no hablan el idioma arlayino? —inquirió, escéptica.
—Algunos aún lo hacen, especialmente los ancianos, sobre todo en el ámbito familiar —respondió Notoryha tras mirar a su marido un tanto azorada—.
Pero para Ilorio era muy difícil aprender el idioma, y determinó que todos hablasen la lengua común de Las Cinco Comarcas.
Dado que la mayoría de los habitantes de Árlay era bilingüe y nunca se llegó a perder el idioma de generación en generación, para nosotros no fue complicado.
Aunque sí notarás que tenemos un cierto acento.
—Como entenderás tras escuchar la profecía —intervino de nuevo Ilorio—, estoy destinado a luchar contra el otro Heredero de Árlay en una batalla final.
—El Lórdezeit ya está muerto —afirmó Xalara, pero sabía que aquello, por sorprendente que aún le pareciese, no era del todo cierto.
—Eso es imposible —la contradijo Notoryha sin un ápice de duda en la voz, con el tono más solemne que le había escuchado hasta el momento—.
La profecía ha de cumplirse. Érmul Nórebol sigue vivo en algún lugar, esperando el momento perfecto para desvelarse mientras, desde las sombras, reúne a su propio ejército para, más tarde o más temprano, enfrentarse a Ilorio.
—Por esa razón tenemos que abandonar las Montañas del Norte y convertirnos en un auténtico ejército.
Uno tan poderoso que no tenga comparación —explicó Ilorio—.
Es probable que Nórebol utilice toda clase de artimañas para reunir su propio ejército, como ya hizo una vez cuando conquistó Las Cinco Comarcas.
Xalara dedujo que, con «artimañas», seguramente se refería a los nukternozes . Conociendo lo que ya sabía sobre el Lórdezeit y, por increíble que pareciese, todas las piezas encajaban como un puzle, dando lógica a las explicaciones de Ilorio y Notoryha.
—Para ello, el primer objetivo es hacerme con el control de Lúgardark —afirmó el rey.
—Padre, no deberías… —le reprochó Jeyk—. No podemos confiar en ella.
—El centro de formación militar, utilizado y gobernado de la forma correcta, puede ser la mejor fortaleza —continuó Ilorio, haciendo caso omiso a las advertencias de su hijo—.
Debido a su difícil acceso, será muy improbable que alguien pueda atacarnos allí con éxito.
Y tiene suficiente tamaño para albergar y proteger a toda mi gente.
La reflexión de Ilorio sobre Lúgardark tenía mucho sentido en opinión de Xalara.
—Aquí es donde entras tú —aseguró él, mirando a la muchacha con ojos brillosos—.
Conoces mejor que ninguno de nosotros cómo es la situación actual de Lúgardark.
Serás una pieza clave para poder conquistarlo.
Por eso te hago esta pregunta, Xalara Verdreven, y solo tienes dos respuestas posibles: puedes elegir no estar con nosotros y morir, porque no puedo dejarte marchar con vida y que desveles nuestra existencia y nuestros planes.
O, por el contrario, puedes escoger quedarte con nosotros, jurarme lealtad y vivir libre mientras nos ayudas a que la profecía se cumpla del lado correcto.
Tú eliges, y lo debes hacer aquí y ahora .
Aunque la decisión parecía evidente, lo primero que pensó Xalara fue en Michelle y en Aden.
Ellos estaban en Lúgardark, sin saber nada sobre su paradero, y eran potenciales víctimas cuando atacasen el centro de formación militar.
Además, siempre sería más fácil salvarlos sabiendo todo lo que iba a ocurrir.
También quiso convencerse de que, por muy malas que fuesen las intenciones de Ilorio, no podían ser peores que las del Lórdezeit y su Orden de los Herederos.
—Soy suya —dijo finalmente Xalara, enderezando la espalda—. Y le juro lealtad ahora y para siempre.
—Brindo por ello —asintió Ilorio, alzando su vaso con entusiasmo.
Todos lo imitaron salvo Jeyk, que no pudo esconder su rechazo y abandonó la mesa de forma abrupta.
Nadie se lo recriminó. Xalara se sintió avergonzada al recordar que ella misma mostraba una actitud parecida cuando convivía con su madrina en Yadarme. Ya poco o nada quedaba de esa adolescente enfadada con el mundo.
Continuaron cenando mientras hablaban de temas menos grandilocuentes.
Incluso Xalara se animó a intentar comer su cena, aunque solo lo consiguió a medias.
Como le prometió Ilorio, su paladar parecía ir acostumbrándose con cada bocado.
Iwan también se mostraba más suelto con ella, y ya era capaz de mirarla sin tener que apartar la vista de inmediato.
Ilorio puso fin a la cena y emplazó a Xalara para otro momento, en el que comenzarían a hablar sobre Lúgardark.
Al levantarse y dirigirse hacia la cortina que también servía de puerta, Xalara vio un anillo muy extraño, cuya cabeza consistía en un espejo con forma pentagonal. La joya estaba situada sobre un soporte de madera labrada, encima de un mueble pegado a la pared.