Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 22Una misión imposible
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CAPÍTULO 22Una misión imposible

Una misión imposible

Lo primero que hizo fue mirar hacia la puerta para comprobar si Dayana Cleyton continuaba apostada allí. No estaba, pero sí otro cuero negro que al parecer la había relevado en plena madrugada.

—¡Despertad! —gritó la supervisora mientras penetraba en el dormitorio—. ¡Arriba!

Cuando Xalara se levantó sintió la extraña certeza de que nunca volvería a dormir en esa cama, y evocó, como un rayo atravesando su mente, lo confortable que era la suya en Yadarme.

Habría dado todo el dinero del mundo para regresar y tener la única preocupación de bajar al sótano, donde la esperaría su madrina en la destilería, lista para una nueva jornada de trabajo.

—¡Haced la cama! ¡Deprisa!

—¿Has podido dormir? —preguntó Michelle en voz queda, aprovechando que la supervisora se había alejado lo suficiente mientras se ponían el uniforme deportivo .

—Más o menos —respondió Xalara, que no había podido contarle a su amiga, debido a la estrecha vigilancia de Dayana por la noche, las malas sensaciones con las que había salido de la última mentoría.

—¿Te encuentras bien? —insistió Michelle al fijarse en cómo le temblaban las manos.

—¿Se os ha olvidado que no podéis hablar? —les reprochó la supervisora, apareciendo como un fantasma—. Tú no te muevas de aquí —añadió, acercándose a Xalara para que solo ella la escuchara.

No volvió a separarse de la recluta, sin duda para evitar que compartiera unas últimas palabras con Michelle.

No era la primera vez, ni muchísimo menos, pero Xalara sintió envidia de sus compañeras: ellas se preparaban para un domingo cualquiera en Lúgardark, sin la preocupación de tener que enfrentarse a otras tres personas para salvar su vida, con la certeza de que les quedaba un día menos para acabar la EDMO.

—Las demás —apuntó la supervisora con el ceño muy estirado—, ¿tenéis pensado ir a formar o vais a quedaros aquí toda la mañana?

Tras despedirse de Michelle con un gesto de impotencia compartida que significaba mucho más de lo que aparentaba visualmente, Xalara corrió hacia el baño para vaciar el intestino y los nervios alojados en él.

Al volver comprobó que el cuero negro que antes estaba en la puerta ahora se encontraba dentro del dormitorio, con la mirada clavada en la recluta. Xalara fingió ignorarlo a pesar de la incomodidad que le producía su presencia.

Cuando el amanecer llegaba a Lúgardark se dio cuenta de que sus compañeras ya deberían haber regresado de la formación para ducharse hacía un buen rato.

El cuero negro no dejaba de consultar su reloj. Tras hacerlo una vez más, dio unos pasos hacia Xalara.

—Es la hora —anunció imperiosamente el hombre de pelo cobrizo.

La recluta se puso en pie con las piernas trémulas, incluso más de lo que habían estado en los prolegómenos de las anteriores Disciplinas. Quizá era porque una voz interior le gritaba que esta sería la definitiva, como le prometió la presidenta del Gobierno .

En el pasillo se unió a Diago: él no tenía vigilancia directa más allá de la presencia de los supervisores.

En medio de un perturbador silencio, ambos participantes fueron guiados por el cuero negro en el trayecto hacia el patio delantero, donde presumiblemente se unirían a Paris y Samanta para acudir al pueblo del Noroeste donde se llevaría a cabo la Disciplina Nº4.

Una especie de pálpito le aseguraba a Xalara que sería Yadarme.

Sin embargo, en el patio no estaban los otros dos participantes, al menos a simple vista en medio de una aglomeración de gente.

Además de todos los reclutas de Lúgardark en perfecta formación, había, a los pies de la escalera que subía hacia el vestíbulo, un montón de cuero negro : Xalara estimaba que serían más de un centenar.

Cuando parecía que el cuero negro que los acompañaba se detenía para ordenarles que se sumaran a la fila de su comarca, aceleró para conducirlos hacia la escalera, a cuyos pies se hallaba el participante del Noreste, Paris Nyuman, mientras que Samanta Zolian llegaba en ese mismo momento.

Ninguno de ellos transmitía saber a qué se debía todo aquello. Aunque Xalara se hacía una idea.

Una hipótesis que confirmó cuando vio surgir a la Escolta Presidencial entre la niebla que ocultaba la parte alta de la escalera. Aquello no podía augurar nada bueno, y buscó sin éxito a Andris. Tampoco estaban los otros dos mentores.

La presidenta y su séquito se detuvieron varios escalones antes del final, y aparecieron dos cámaras de televisión ocultas hasta entonces para captar su presencia, aunque una de ellas se giró para enfocar a los cuatro participantes ya reunidos.

A continuación, uno de los cuero negro le acercó a la presidenta un megáfono que hizo flotar mediante arlasofía para que ella lo recogiera.

Desde algún punto que Xalara no apreció, emergió la figura de Tedya Yons. La presentadora de televisión caminaba hacia la escalera, acompañada por una cámara flotante que recogía todos sus movimientos.

—¡Buenos días a todos! —saludó tras subir al primer peldaño.

Aunque, dada la ausencia de un megáfono para ella, a la mitad de los reclutas les resultaría imposible entenderla.

De todas formas, su mensaje apuntaba a los telespectadores—.

Vaya nervios tenemos, porque ya está aquí la Disciplina Nº4.

Desde luego han sido unas semanas de mucha ilusión e impaciencia.

Xalara miró a Samanta, que lucía tan preocupada como ella misma. Diago permanecía con un gesto insulso, y una vena en la sien de Paris palpitaba con visible intensidad.

—Pero, antes de nada —continuó Tedya—, la presidenta del Gobierno, aquí presente, nos comunicará las normas de la Disciplina.

Dicho esto, la presentadora y su cámara se apartaron para cederle todo el protagonismo a Crispina.

Hasta ese momento, Xalara no había reparado en la ausencia del árbitro Míxiliam Weinter, interpretando que la presidenta ejercería el papel de anfitrión, juez y verdugo para cumplir su cometido de una vez por todas.

—Habiendo superado el ecuador de Las Cinco Disciplinas, la competición debe subir un escalafón con el propósito de hallar a su merecido ganador —informó Crispina, y sus ojos se fijaron en Xalara antes de continuar hablando—.

La Disciplina Nº4 consistirá en una expedición a las Montañas del Norte, donde los participantes se adentrarán para encontrar una montaña cuya peculiar forma se asemeja a la de una persona con los brazos abiertos.

Al principio nadie parecía asimilar el verdadero significado de las palabras de Crispina, puesto que las reacciones tardaron en llegar. La propia Xalara lo hizo tras ver que Diago, a su lado, levantaba los brazos en señal de protesta.

—¡Nos envía a una muerte segura! —gritó él sin guardarse ni un ápice de indignación, interrumpiendo a la presidenta cuando iba a retomar la palabra.

—¡Silencio! —bramó el capitán de la Escolta Presidencial, señalando al recluta con un dedo amenazador.

—¡No voy a callarme! ¡Es una misión imposible! —insistió el chico, y luego miró a los otros participantes, seguramente buscando su implicación en las protestas .

Xalara asumió no solo su propio final, sino el de los otros tres que morirían junto a ella, como una especie de daño colateral.

A lo largo de la historia, nadie que se hubiera adentrado en el sistema montañoso que cercaba la totalidad de Las Cinco Comarcas había regresado.

Xalara no podía negar que el plan de la presidenta, además de original, ahora sí sería infalible.

Supuso que Andris ya conocía anoche lo que iba a pasar, y por ello mostró esa actitud tan apagada.

—¡Esto no es justo! —gritó ahora Paris—. ¡Así no habrá ningún ganador!

Uno de los cuero negro se adelantó en el grupo, y tras correr hacia los cuatro participantes, golpeó al recluta del Noreste en la boca del estómago, haciendo que se doblara por la cintura. Eso provocó que Diago empujase al cuero negro para tirarlo al suelo.

Aquello fue el inicio de una revuelta, dado que muchos de los reclutas situados en la parte delantera de las filas rompieron la formación para unirse a las protestas con una mezcla caótica de voces.

Todos se la tenían jurada a la presidenta desde que los obligó a realizar la EDMO, y ahora querían hacérselo saber como nunca lo habían hecho.

Xalara se fijó en Crispina, que ya había sido envuelta por la Escolta Presidencial, pero no había ascendido ningún escalón para alejarse de un peligro que se abalanzaba sobre ella, como si estuviera segura de que contendrían la situación.

Aunque sin recurrir a las armas, la mayoría de los cuero negro presentes tuvieron que emplearse para sostener el aumento en la intensidad de las protestas, pues muchos reclutas que solo habían amenazado con unirse a la revuelta finalmente lo hicieron de manera progresiva.

Xalara y Samanta, aunque no tomaron partido, pronto se quedaron atrapadas entre ambos bandos.

En medio del creciente revuelo, Xalara, tras recibir un golpe en la oreja que mermó su audición a causa de un incómodo pitido, presenció cómo uno de los cuero negro desenvainaba su espada y no dudaba en lanzar un ataque hacia uno de los reclutas, que cayó impelido hacia atrás con una mancha fulgurante de sangre en su pecho .

El cuero negro acababa de cruzar una línea sin retorno, obligando a varios de sus compañeros a defenderse de la misma forma, provocando un rastro de cuerpos inertes y sanguinolentos.

Aquello consiguió que poco a poco el ambiente se apaciguase, si es que a aquel reguero de sangre se le podía denominar así. Más de una veintena de reclutas yacían en el suelo, además de tres cuero negro : uno de ellos se arrastraba intentando escapar con las piernas inertes.