CAPÍTULO 19La Disciplina Nº3 #3
Como si se hubiera mareado, de un momento a otro se encontró dentro del agua, tan fría que sintió algo comparado a cientos de agujas atravesándole la piel. Luchó por salir a flote mientras el uniforme se volvía más y más pesado.
Al final lo consiguió, teniendo que coger grandes bocanadas de oxígeno cuando alcanzó la superficie.
Comenzó a mover los brazos y las piernas para desplazarse hacia el primer obstáculo: una barra fija y horizontal de goma, situada sobre el nivel del agua, que debía superar por arriba, como indicaba una flecha.
Sin saber cómo, aunque posiblemente guiada por su instinto de supervivencia, Xalara consiguió tocar con las manos la barra, a la que se aferró para hacer tracción e impulsarse por encima.
Sintió un estallido de adrenalina al darse cuenta de su logro.
Inmediatamente después, vio que otra similar la esperaba.
Como si su cuerpo hubiera aprendido de la anterior, la sorteó con cierta soltura.
Ahora quedaba la parte más complicada: una larga red amarrada tensamente a las corcheras que delimitaban los carriles de natación, bajo la cual tenía que pasar buceando, por supuesto sin poder agarrarse a ella.
Lo había visto hacer varias veces a sus compañeros, pero para ella resultaba imposible, motivo por el que había tenido que soportar sus burlas y la constante reprimenda de la maestre Brenda Lenders, que se veía obligada a rescatarla en cada intento para que no se ahogara.
No sabía cuántos litros de agua había tragado ya por culpa de ese maldito ejercicio.
Sin embargo, no podía brindarle a la presidenta del Gobierno la satisfacción de verla morir en directo; no sin luchar al menos.
Así que, arrastrada por una repentina fuerza de voluntad sostenida por el odio hacia Crispina, inhaló una gran bocanada y sumergió todo su cuerpo bajo el agua, obligándose a abrir los ojos para no perder de vista la red.
Como suponía, su cuerpo no tardó en suplicarle oxígeno.
Intentó bloquear esa necesidad en su mente y empezó a dar brazadas anchas bajo el agua.
Pero cuando ni siquiera había alcanzado la mitad de la red, toda esa fuerza de voluntad se esfumó como si alguien hubiera quitado el tapón de una bañera.
La falta de aire y la fatiga acumulada por los anteriores obstáculos, además de la ansiedad e impresión que siempre le causaba permanecer bajo el agua, provocaron que los músculos de Xalara desfalleciesen y comenzara a hundirse en la piscina.
Entonces sintió cómo una fuerza ajena a ella se adueñaba de su cuerpo, otorgándole el impulso necesario para desplazarse hacia adelante sin apenas esfuerzo.
Xalara sacó la cabeza a la superficie y el aire frío llenó sus pulmones con agresividad, antes de nadar un poco más hasta alcanzar el final de la piscina, donde se impulsó con los brazos para subir de nuevo a la pista.
Tuvo que quedarse de rodillas en el suelo, apoyándose con las manos, jadeando como nunca lo había hecho. Pero enseguida recordó que el trabajo aún no había finalizado, puesto que debía llegar a la meta antes que, al menos, uno de los demás participantes.
Al levantar la vista, contempló que Samanta estaba alcanzando la meta.
Aquello casi le provocó el desmayo: había vencido al agua contra todo pronóstico solo para morir en la orilla.
Sabedora de que había llegado su final, miró hacia la tribuna para ver la reacción de Crispina.
En ese momento, una persona se cruzó en su campo de visión.
Era Roldán, que corría con mucha dificultad mientras se agarraba el hombro izquierdo con la otra mano: el agua se le había complicado por culpa de la lesión.
Xalara se levantó en cuanto lo procesó.
No le costó alcanzar al recluta de la Comarca Central y superarlo, pero cuando estaba a punto de llegar a la meta, fue presa de unos terribles calambres en sus gemelos; tan brutales que tuvo que dejarse caer para soportarlos.
Miró hacia atrás: Roldán estaba muy cerca, pero también el final de la pista. Así que apretó los dientes y comenzó a gatear, sintiendo cómo sus rodillas ardían al raspar la abrupta rugosidad del suelo.
—Ya casi está —masculló para automotivarse.
Efectivamente, sus manos magulladas palparon la textura suave y fría de la línea de meta, y esa fue la estimulación definitiva para, con un agónico esfuerzo, rodar sobre sí misma y pasar todo su cuerpo al otro lado de la línea.
Quedó tumbada bocarriba, resollando y con los latidos del corazón percutiendo en sus oídos.
No supo que había ganado a Roldán hasta que este empezó a protestar, cuando alguien acababa de cubrirla en el suelo con una toalla.
—¡Ha hecho trampas! —exclamó el chico—. ¡La estaba viendo, se hundía, ya no tenía fuerzas para seguir bajo el agua! —se vio obligado a hacer una pausa para recobrar el aliento—. ¡Y de repente ha comenzado a desplazarse sin más hacia adelante !
—Todo ha transcurrido dentro de la legalidad —refutó la voz de Míxiliam.
Xalara se incorporó para observarlo.
Sabía que algo sin explicación le había sucedido bajo el agua. Quiso convencerse de que fue fruto de una enorme fuerza de voluntad.
—Ni yo ni ninguno de mis ayudantes, hemos detectado anomalía alguna en el desarrollo de la Disciplina —zanjó el árbitro con mucha seguridad en su tono.
—¡¡Mentira!! —insistió Roldán, y su voz se mezcló con un sollozo mientras probablemente comenzaba a asimilar su muerte, mirando a un lado y a otro como buscando un inexistente apoyo a su relato—. Tenéis que creerme: Verdreven ha hecho trampas.
La presentadora se acercó hasta ellos, ignorando las súplicas del participante.
—Ha sido una Disciplina Nº3 trepidante —dijo—. Nos habéis brindado un espectáculo mayúsculo. Mi más sincera enhorabuena a todos. Señor Weinter, es su turno.
Esta vez no existían nervios ni expectación por conocer los resultados, pues todos sabían quién había llegado el último y con eso bastaba.
—Al final de la Disciplina Nº3, la clasificación es la siguiente —el árbitro desplegó una hoja de papel—. En primera posición ha llegado a la meta Diago Zúnkerberg, participante del Noroeste.
Como ya era costumbre, el muchacho alzó los puños hacia la cámara para mostrar su orgullo.
—El segundo ha sido Paris Nyuman, del Noreste —continuó Míxiliam—.
Tercera ha sido la participante de la Comarca Central, Samanta Zolian.
En cuarta posición ha entrado en meta Xalara Verdreven, del Noroeste —hizo una pausa.
La muchacha continuaba en el suelo y fue, al escuchar su nombre, cuando se puso en pie a duras penas, tiritando incontrolablemente—.
Y en quinto y último lugar, ha llegado Roldán Gúrenbel, de la Comarca Central, convirtiéndose en el participante eliminado.
Este, al escuchar la confirmación de su sentencia, se dejó caer de rodillas, farfullando seguramente algo contra Xalara .
—Hasta aquí ha llegado la Disciplina Nº3 —intervino Tedya Yons, acaparando todo el protagonismo—. La Disciplina Nº4 se celebrará dentro de dos semanas en la Comarca del Noroeste. Hasta entonces, sean muy felices —finalizó, despidiéndose ante su cámara.
Como siempre hacía, nada más cortarse la emisión televisiva, la presentadora se retiró enseguida, aunque esta vez se detuvo en la tribuna donde se hallaba la presidenta, con quien intercambió algunas palabras antes de marcharse definitivamente.
Por unos minutos, Xalara se había olvidado de ella, pero ahora no apartaba la vista de Crispina, augurando una reacción explosiva en su contra tras no haber cumplido sus expectativas.
La presidenta del Gobierno, acompañada de su Escolta, bajó de la tribuna y se dirigió con determinación hacia el lugar donde estaban los participantes, aunque pronto comprobaron quién era su único destino.
La Escolta Presidencial se abrió en abanico, aislando a Crispina y Xalara del resto de los presentes, quienes además se apartaron.
—Presidenta —lloriqueó Roldán—, usted lo ha visto, Verdreven ha hecho trampas.
Crispina ni siquiera miró al chico: para ella solo parecía existir Xalara, que no apartó la mirada de sus ojos inestables. A pesar de los calambres que seguía sufriendo, se esforzó en mantener la compostura, aunque sin poder disminuir su ritmo cardíaco.
—Ya deberías haber muerto —declaró la presidenta—. Pero aquí estás, de pie frente a mí. ¿Qué tengo que hacer para verte morir? No —se respondió a sí misma de inmediato—, ya sé cómo voy a hacerlo. Y te aseguro que será muy pronto.
La rabia se adueñó de Xalara, lo que la llevó a decir algo bastante contraproducente en esa situación:
—¿Por qué no lo hace ahora? —la desafió.
—¿Y convertirte en una mártir? —respondió Crispina, esbozando apenas el fantasma de una sonrisa—. No, hay una forma mejor de hacerlo .
—Entonces usted y yo no tenemos nada más que hablar hasta que llegue ese momento —sentenció la recluta permanente de Lúgardark, dándole la espalda para irse.
—¿Te ha contado mi sobrino cómo murió tu amigo? —preguntó la presidenta, provocándola.
Xalara se volvió nuevamente hacia ella, aunque solo de perfil.
—Víliam Buendi chilló como una niña asustada cuando su propia arlasofía comenzó a consumirlo —declaró con un tono burlesco—.
Primero fueron sus piernas, derritiéndose como un plástico al fuego.
Luego, sus manos, sus brazos, su torso; y finalmente su cabeza estalló en mil pedazos luminiscentes.
¿Eres consciente de que tu amigo sufrió la muerte más horrible que existe, y que todo fue por tu culpa?
La chica terminó de volverse hacia la presidenta, a la que se acercó dando un corto paso. Enseguida Gustavo Zorien se interpuso entre ellas, propinándole un empujón a Xalara mientras desenvainaba ágilmente su espada y la apuntaba hacia ella.
El capitán de la Escolta Presidencial miraba a Crispina, esperando la orden definitiva. Xalara estaba convencida de que no aprobaría su asesinato, como ocurrió tras negar la presidenta con la cabeza.