Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 19La Disciplina Nº3
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CAPÍTULO 19La Disciplina Nº3

El domingo comenzó igual que cualquier otro.

Había demasiados fantasmas revoloteando en su mente y muchos frentes abiertos. Deseó que existiera algún artilugio que le permitiese extraer sus preocupaciones para clasificarlas fuera de la cabeza. « Quizá Aden sea capaz de fabricarlo con varios materiales » —pensó irónica y resignadamente.

La supervisora no les permitía hablar en el dormitorio, por eso Michelle tuvo que hacerlo disimuladamente cuando pasó junto a su amiga para dirigirse a la formación matinal.

—Nos vemos luego —siseó, guiñándole un ojo, aunque en su cara asomaban el miedo y la duda de que eso llegara a cumplirse .

Un sentimiento que compartía la propia Xalara, aunque, por alguna razón, esta vez se negó a sentir que se despedía de su amiga, como si su mente se autoengañara y olvidara conscientemente que tendría que luchar contra el agua en uno de los ejercicios de la Disciplina.

Consciente de que no tendría que acudir a la formación, como ya ocurrió en las dos Disciplinas anteriores, no se movió de su sitio al lado de la litera cuando todas sus compañeras marcharon hacia el pasillo.

—¿Qué crees que estás haciendo, Verdreven? —le recriminó la supervisora al percatarse de ello.

—¿Esperar? —respondió Xalara, confusa.

—Tienes que ir con tus compañeras.

—Pero creí que…

—Me da igual lo que creas —zanjó la supervisora, cortando su argumento—. Únete a ellas, ¡deprisa!

Xalara se apuró para sacar el abrigo del cajón y salir al pasillo, donde Diago también estaba colocado en la fila de los chicos. Por su expresión, él tampoco había recibido explicación alguna.

La formación transcurrió como cualquier otra, aunque quizá los ejercicios físicos fueron algo más suaves de lo habitual. Luego regresaron al barracón para ducharse. Momento en el que, muy sorprendida, Michelle se dio cuenta de que su amiga continuaba entre ellos.

—¿No se supone que deberías estar viajando o al menos preparándote para ello? —le preguntó cuando iban hacia el barracón.

—Sí, esto es raro —admitió Xalara.

Antes del desayuno los participantes tampoco recibieron instrucciones para que hiciesen lo contrario.

—¿Por qué nadie nos dice nada sobre la Disciplina? —preguntó Diago, que estaba esperando a Xalara en el pasillo que dividía el barracón.

Ella se encogió de hombros, y junto a Michelle y Aden acudió al comedor para desayunar.

—Igual se ha suspendido por algún motivo —opinó Aden.

—Se lo habrían comunicado —terció Michelle .

—O no —dijo Xalara—. No me extrañaría que la supervisora lo sepa y no lo diga.

—A no ser que le ordenaran hacerlo —repuso Aden.

—Puede que ella tampoco lo sepa —dijo Michelle, encogiéndose de hombros.

—No lo sé, pero todo esto es muy raro —insistió Xalara, atenta para ver si se cruzaba con alguno de los participantes de las otras Comarcas.

Cuando entraron en el comedor se llevaron otra sorpresa, pues habían instalado una mesa nueva y una televisión sobre ella, aunque estaba apagada.

—¿Y eso? —preguntó Michelle, señalando el aparato con el dedo.

—Ya no sé qué pensar —reconoció Xalara, abrumada, sin saber a qué se refería exactamente su amiga.

Aden no aportó nada, pero sus embelesados ojos parecían desnudar cada componente del aparato.

El único participante, aparte de Diago, con el que Xalara llegó a cruzarse en el comedor fue Samanta, a la que, por supuesto, no cuestionó acerca de todo cuanto estaba aconteciendo.

—¿Para qué creéis que es la televisión? —preguntó finalmente Aden cuando los tres se sentaron con su bandeja.

—Lo sabía —celebró Michelle—. Creía que era un aparato de televisión, pero no quería decirlo por si acaso.

—Tengo una teoría —opinó Xalara, sin saber qué sentir realmente por ello—. Quizá retransmitan la Disciplina Nº3 para que podáis verla.

—¿Tú crees? —dijo Michelle, con una mezcla de emoción y nerviosismo.

—Puede ser… —convino Aden, con un tono distinto al de su amiga—. Si se disputa, claro.

Como si fuera algo que Xalara tenía atascado y que debía sacar cuanto antes para poder respirar, les contó lo sucedido la noche anterior con Andris .

—¿Por qué lo tiraste? —le reprochó Michelle, temblando de rabia, haciendo referencia al plano que explicaba las instrucciones de la Disciplina Nº3.

—Baja la voz —le exigió su amiga—. Ya sabes el motivo.

—Te estás equivocando, y lo único que vas a conseguir es perjudicarte a ti misma. Acuérdate de lo que te digo —refutó Michelle, muy enfadada, dirigiendo una mirada a Aden para que la apoyase, pero él se inclinó por mantener una posición neutral, lo que Xalara agradeció.

—Puede ser —reconoció ella, acongojada, haciéndolo por primera vez respecto a Andris—. Porque después…

—¿Qué pasó? —inquirió Michelle, anticipándose con ansiedad.

A Xalara no le complacía tener que compartir algo tan íntimo sobre sus padres y, además, supuestamente Aden desconocía su habilidad de presenciar escenas del pasado.

—¡Los participantes de Las Cinco Disciplinas tienen que acompañarme! —anunció de pronto la guardiana, asomando en la puerta del comedor con su potente voz.

Xalara fue la primera en levantarse, a pesar de saber adónde se dirigía.

—Pues ahora sí parece que ha llegado el momento —comentó resignada.

Michelle y Aden también se levantaron. La chica se abrazó a Xalara.

—Recuerda que nos vemos luego —dijo.

Aunque no contestó, la efusividad con la que Xalara correspondió al abrazo expresó más que cualquier palabra. Aden, al otro lado de la mesa, le dedicó un solemne gesto de asentimiento para infundirle ánimos.

Los cinco participantes que aún quedaban en competición (representantes de tan solo tres comarcas) marcharon tras Ozora, camino del patio delantero, donde subieron la escalera para llegar hasta el vestíbulo.

—¿Estás nerviosa? —le preguntó la guardiana a Xalara disimuladamente mientras remontaban escalones.

—Tranquila —masculló la muchacha de forma cortante .

—Espero que tengas suerte —zanjó también Ozora.

Arriba, como siempre, los esperaban los cuero negro que los escoltarían. Sin embargo, no había ni rastro de los mentores, y eso no pasó desapercibido para nadie.

—¿No nos acompañan los maestres? —preguntó Roldán, el participante de la Comarca Central.

—Eso no es asunto tuyo —respondió uno de los cuero negro con rotundidad.

Fueron trasladados hacia el pueblo en cuestión, situado en la Comarca del Noreste.

Cuando Xalara supo que era Josmon, algo dentro de ella se removió.

No sabía exactamente el motivo, pero estaba convencida de que ese nombre le sonaba mucho, y de no ser por los nervios que le bloqueaban en ese momento la mente, sabía que podría recordarlo.

Un ejército de cuero negro los esperaba a la salida de la estación de traslado, creando un enorme anillo de seguridad en el frío descampado donde estaba ubicada.

Esta vez no fue ningún funcionario a recibirlos para conducirlos hasta algún edificio, sino que el propio Míxiliam Weinter apareció por un hueco que le permitieron los cuero negro .

Fue entonces cuando Xalara reparó en que el pueblo se encontraba a la izquierda y que, a la derecha, había una serie de postes de madera que servían de sustento a una lona negra gigante, que daba la impresión de esconder algo.

—Voy a explicaros en qué consistirá la Disciplina Nº3 —dijo el árbitro con su habitual desapego y sin saludo previo—.

Está basada en la instrucción de Formación Física de la EDMO, y en ella pondréis a prueba vuestra potencia motriz, resistencia física, equilibrio y agilidad, mediante una pista de cinco obstáculos que tendréis que superar.

Eso confirmaba que Andris no le había mentido a Xalara, que ya solo pensaba en el agua y en qué hacer para no ahogarse.

Diago sonreía, seguramente convencido de que esta era la Disciplina más acorde a sus habilidades.

—Las normas son muy sencillas —continuó Míxiliam—.

El objetivo es llegar a la meta antes que los demás.

Todos los participantes saldréis al unísono y ocuparéis una casilla de salida y un carril en función de vuestra clasificación en la Disciplina Nº2.

Esto solo es algo anecdótico, puesto que no supone ningún beneficio extra.

Por supuesto, nadie puede interferir de manera alguna en el ejercicio de otro: ni para perjudicarlo ni para ayudarlo.

De hacerlo, seréis castigados con una penalización que os obligará a comenzar de nuevo la pista.

Xalara observó una vez más a Diago y después a Samanta: al contrario que el chico, la participante del Centro parecía nerviosa. Pero tampoco debía centrarse en ellos dos, puesto que no serían sus únicos rivales.

—Como bien sabéis —continuó Míxiliam—, la participante Rebeca Firen ya no está con nosotros, por lo que sois uno menos de lo esperado. Por esa razón, en esta Disciplina solo habrá un eliminado, y lógicamente será el último que llegue a la meta. ¿Alguna pregunta?

Roldán levantó la mano.

—¿Sí? —lo miró el árbitro, dándole permiso para hablar.

—¿Cuáles son esos obstáculos? —cuestionó el participante de la Comarca Central—. Porque yo tengo una pequeña lesión en el hombro izquierdo.

—Ahora lo comprobaréis —repuso Míxiliam, sin hacer alusión al contratiempo del chico—. Seguidme.

Como Xalara intuyó, y bajo un sol engañoso debido al intenso viento que mantenía la temperatura muy baja, el árbitro los condujo hacia la derecha de la estación de traslado, escoltados en todo momento por el ejército de cuero negro , aunque no había nadie de quien protegerse.

No tardaron en llegar al lugar indicado.

Como surgida de la nada, una cámara flotó hacia ellos, para que los telespectadores pudieran ver sus caras de tensión desde la comodidad del sofá en sus casas. Aunque no era una sensación desconocida para ella, ese pensamiento consiguió que Xalara se sintiera víctima de una gran injusticia.

—¡Hola a todos! —dijo la inconfundible voz de la presentadora Tedya Yons, que apareció a la espalda de los participantes, caminando y mirando hacia una cámara que flotaba frente a ella—. Ya está aquí la Disciplina Nº3. Imagino que estaréis tan nerviosos y emocionados como yo.