CAPÍTULO 18El pasado nunca muere #4
—Antes de nada —señaló Andris—, quiero confirmar que vas a creer lo que te digo.
Haberte entregado las instrucciones de la Disciplina Nº3 y haber comprobado que entrenamos la Nº2 durante semanas; además de todas las explicaciones que te he dado sobre mis actos, me parecen pruebas más que suficientes.
Me la estoy jugando al ayudarte de esta manera.
Xalara asintió, aunque en verdad iba a contestarle que aún tenía mucho que demostrar para poder llegar al punto de confianza que él solicitaba.
—Yo era amigo de tus padres —dijo tras un largo silencio—. Supongo que eso ya lo sabías, porque no pareces sorprendida. Imagino que Huberto te lo contó.
—¿Por qué estaba en Yadarme? —insistió Xalara, que no quería perder la potestad en la conversación, llevándola hacia sus intereses.
—Fui desterrado de la capital por el Lórdezeit; igual que les pasó a tus padres —reveló—. Me sentía solo, y mis únicos amigos se encontraban en ese pueblo del Noroeste, así que la decisión de mudarme allí fue bastante sencilla.
—¿Cómo conoció a mis padres? —preguntó Xalara, sintiendo algo extraño al saber que Andris había estado junto a ella desde el principio.
—Primero conocí a tu padre, porque vivíamos muy cerca en un barrio en el sur de Bibrébem. De hecho, fue así como nos conocimos Los 4 . Yo era amigo de Alexios y Huberto, y tu padre fue el último en llegar al grupo. Tu madre entró más tarde en nuestras vidas.
Xalara se afanaba en pensar a toda velocidad para que no se le olvidara ninguna pregunta ni el significado de las respuestas, pero se encontraba tan ansiosa que realmente estaba consiguiendo el efecto contrario.
—Mi padre, Huberto y Alexios no eran de la élite, ¿cómo es que vivían en el mismo barrio que usted?
—Porque en realidad yo tampoco lo era —aclaró—. Como bien sabrás, el apellido Bóstoul no forma parte de esa clase social. Y por aquel entonces prevalecía siempre el apellido del padre. Por eso no vivíamos en una mansión, aunque sí es verdad que frecuentaba bastante la de mis abuelos maternos.
Tras reflexionar y sopesar varias cuestiones que transitaban por su mente como en un círculo vicioso, soltó algo que le vino de repente .
—Huberto, háblame sobre él.
Andris respiró profundo. Por algún motivo parecía satisfecho de que ese nombre acabara de salir a colación.
—Lo que vas a escuchar ahora es un relato muy duro —le advirtió.
—Hable —lo apremió Xalara.
Él inspiró de nuevo, como tomando fuerzas para contarlo.
—Tus padres fueron los fundadores de…
—Sí, de la Resistencia, lo sé —repuso Xalara, que de pronto había sido embargada por la impaciencia.
—Ellos fueron traicionados y delatados ante la Orden —continuó Andris sin acelerar su dicción—. Huberto fue quien lo hizo.
La chica farfulló algo que ni siquiera llegó a convertirse en una palabra.
—Fue él quien hizo llegar al Lórdezeit la información, y por lo tanto el responsable de que acabasen ejecutados —aseveró, e hizo una pausa—.
Nunca hubo pruebas fehacientes, pero todo el pueblo sabía que fue él.
Por eso le dieron de lado y le tenían miedo; por esa razón Huberto terminó convirtiéndose en un borracho solitario, porque sabía que todos lo odiaban.
Solo espero que encuentre el arrepentimiento para redimirse como me ha sucedido a mí.
—Hasta donde yo sé, Huberto nunca fue un heredero —argumentó Xalara, aunque más bien se trataba de una sugerencia, puesto que nada confirmaba esa teoría.
—No, es cierto, él nunca formó parte de la Orden —admitió Andris—. Se fue de Bibrébem voluntariamente, antes de verse obligado a alistarse, como nos pasó a los demás.
—¿Entonces? —solicitó Xalara, aún sin saber si podía creer algo de lo que estaba escuchando.
—Huberto abandonó la capital por culpa de tu padre —explicó.
—¿Por qué motivo exactamente?
—Porque lo odiaba —aseguró él—. Lo odiaba por haberle robado al amor de su vida. Tu madre, Lana.
Intentó que no fuese así, pero Xalara se quedó boquiabierta.
Aquel argumento pesó como una losa sobre ella, puesto que tenía mucho sentido.
Aunque nunca abiertamente, Huberto había sugerido en varias ocasiones que estaba enamorado de su madre, y que por eso protegía a su hija.
Sin embargo, Xalara nunca le dio demasiada importancia, porque por alguna razón eso la incomodaba bastante.
—Pero Huberto siempre me ha protegido —dijo ella, intentando disfrazar su tono de duda.
—Eso no lo discuto —afirmó Andris—. El amor hacia tu madre era real y sincero, y tú tienes su misma sonrisa.
De alguna forma estar cerca de ti era como seguir al lado de Lana.
Por eso mi pregunta es si realmente estaba interesado en protegerte, o en cuidar el legado de su amada.
Lo que tampoco he entendido nunca es cómo los habitantes de Yadarme no ataron cabos para llegar a la conclusión de que tú eres su hija.
—¿Qué quiere decir exactamente? —preguntó Xalara, percibiendo un mensaje oculto en las palabras y el tono empleado por Andris que deseaba descifrar cuanto antes.
—Huberto amaba a tu madre, pero por el mismo motivo odiaba a tu padre.
Ahora ha permanecido encerrado y aislado en una celda durante meses, y todo ha sido por ti.
Cualquier mente se perturbaría en una situación como esa, más si tiene sus antecedentes.
Seguramente sienta que no es merecedor de ello.
Y alguien así, sometido a una presión tan enorme durante tantos años, se convierte en una persona impredecible.
Durante unos instantes reinó un silencio reflexivo en el auditorio.
—Hace unos días, Huberto se fugó cuando era trasladado de prisión —anunció Andris, captando de nuevo toda la atención de Xalara—.
Y no podemos descartar que su única intención ahora mismo sea vengarse de una vez por todas de tu padre.
Y qué mejor forma de hacerlo que acabar con su única hija y con su único legado, aunque con ello arrastre también el de Lana.
No sé si conoces su peculiar habilidad —insinuó.
—Sí —asintió Xalara—, sé que puede controlar a los pájaros .
—No te voy a engañar, es muy probable que intente ponerse en contacto contigo por medio de una de sus aves. Si es así, tienes que rechazarlo e informarme lo más rápido posible.
—Sabe que no confío en usted, ¿verdad? —profirió Xalara, aunque en esta ocasión sonó menos convincente de lo que pretendía—.
Usted traicionó a su amigo. Alexios murió por su culpa, y mi amigo Víliam también.
Nada ni nadie puede asegurar que esté diciéndome la verdad —insistió, reacia—.
Hasta donde sé, todo esto podría tratarse de una treta para hacerme sufrir.
Al menos Huberto me ha demostrado mucha más lealtad que usted.
—¿Alguna vez has estado enamorada? —preguntó Andris, sorprendiéndola e incomodándola todavía más—. ¿Has amado tanto a alguien como para no importarte nada más? ¿Has querido tanto a otra persona como para ser capaz de todo por ella?
Xalara negó levemente después de un momento, apartando la vista hacia el suelo.
—Por esa razón no puedes llegar a creerme, ni tampoco a entenderme —sentenció el maestre, al parecer harto ya de sus negativas, hasta el punto de que comenzó a llorar—.
Amaba a Alexios, lo quería de verdad, tanto que aún me duele el pecho cuando pienso en él.
Y me creas o no, voy a hacer todo lo posible para honrar su memoria.
Como te dije, la intención de Alexios era protegerte, porque se lo prometió a tu padre.
De la misma manera en la que yo te aseguro ahora que cumpliré mi promesa de protegerte hasta las últimas consecuencias.
No voy a dejar que mueras en Las Cinco Disciplinas, ¿me oyes?
—Si tan comprometido está —expuso Xalara sin dejarse sugestionar por el ímpetu de Andris—, ¿por qué no acaba con la presidenta?
¿Por qué no la aparta del cargo y pone fin a esta locura de Las Cinco Disciplinas?
¿Por qué no hace todo lo posible para terminar con la EDMO y cerrar Lúgardark para siempre? Dígame una razón.
—Porque nadie se atreve ahora mismo a llevarle la contraria a mi tía, y necesito el apoyo de mucha gente para llevar a cabo lo que me pides —argumentó sin dudar—.
Tiene a su servicio a la Escolta Presidencial, a todo el cuerpo de los cuero negro y a un ejército de guardias del Palacio de la Sede.
Todos comprados y sobornados por grandes cantidades de dinero público.
Y para sacarla del cargo hace falta la unanimidad del Consejo, a cuyos miembros tiene amenazados.
—Pero usted es su sobrino, y está demostrado que lo quiere hasta la obsesión —respondió Xalara—. Usted mismo me lo dijo: no va a parar hasta verme muerta porque cree que intenté asesinarle.
—Mi tía ha perdido totalmente el juicio; ya no confía en nadie, solo en sus confabulaciones —aseguró él—. El viernes, cuando falté a la instrucción, fue por un buen motivo. Crispina se casó con su vicepresidenta y yo oficié la boda. ¿Sabes cómo terminó?
Xalara negó sin decir nada, confundida por ese relato.
—Agrediéndome y pidiendo mi arresto después de que yo la intentase relajar tras un altercado incomprensible con su esposa y un hombre que hablaba amistosamente con ella —completó—.
Ese es el punto de locura que ha alcanzado mi tía.
Y si estás insinuando que aproveche cualquier momento de intimidad para matarla, es evidente que no me conoces.
Crispina es la única familia que me queda, y nunca podría perdonarme algo así.
Ya hay demasiada oscuridad en mi vida, y te aseguro que el pasado nunca muere del todo.
Sé que me entiendes, porque tú has perdido a Aura, la única familia que has conocido.
—Sí, a manos de los herederos, por culpa de usted tras haberlos liberado —refutó Xalara, volviendo a envalentonarse—. Por lo que no solo me ha arrebatado a mi amigo, sino también a mi madrina. En realidad, usted me ha robado la vida.
La muchacha se dio la vuelta para encarar la puerta del auditorio.