Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 18El pasado nunca muere #3
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CAPÍTULO 18El pasado nunca muere #3

—Ya sé que piensas que nadie puede cambiar tanto —intervino Aden—.

Pero te aseguro que las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte luego se sienten como si hubieran renacido.

Arrepentidas por lo que hicieron hasta ese momento, sienten que han tirado todos esos años de su vida, pero que todavía están a tiempo de revertirlo.

—Solo os lo diré una vez —repuso Xalara, haciendo acopio de fuerzas para relajarse—. No volváis a hablar de lo que es Andris o de qué quiere para mí. Porque solo yo sé quién y cómo es. ¿De acuerdo?

Aden asintió, al parecer resignado.

—Vale —dijo Michelle finalmente—. Solo espero que no te estés equivocando.

El resto de la cena se desarrolló en silencio entre ellos tres, incluso apenas cruzaron miradas.

Cuando llegaron al barracón, Aden se despidió en el pasillo que dividía ambos dormitorios, dándoles las buenas noches de manera muy fría .

Las reclutas del Noroeste se metieron en la cama después de ponerse el pijama y lavarse los dientes.

Como siempre hacía al acostarse, dado que era su postura preferida al inicio, Xalara, con un hormigueo en la barriga producido por los nervios de la inminente Disciplina Nº3, se tumbó bocarriba, estirando los brazos hasta meter las manos debajo de la almohada.

Esa vez sus dedos se toparon con algo punzante, y estuvo a punto de soltar un alarido por el sobresalto.

Se trataba de un sobre, en cuyo dorso indicaba:

No lo abras hasta que apaguen las luces.

Justo en ese instante, y como si la supervisora hubiera sido alertada por una intuición, clavó los ojos en Xalara desde la puerta, preparada para apagar las luces.

Sin embargo, solo fue una última mirada como para asegurarse de que la recluta no estaba haciendo nada extraño, puesto que enseguida accionó el interruptor e imbuyó la habitación en la oscuridad.

Aun así, Xalara esperó unos minutos antes de activar la fórmula volter debajo de las sábanas, para desvelar el contenido del misterioso sobre, recordándole cuando leía a escondidas en su casa de Yadarme para que Aura no la descubriera.

Primero pensó que era algo ideado por Michelle, seguramente azuzada en última instancia por Aden, pero esa letra no era de ninguno de los dos.

Leyó el dorso varias veces antes de abrir el sobre.

Dentro albergaba un par de fotografías. La primera era una copia de otra que ya había visto antes.

En la imagen estaban Alexios, Huberto, Andris y su padre: Arturo, en edad juvenil.

Acompañados de la inscripción: Los 4 . La fotografía no le despertó demasiadas sensaciones, al contrario de cuando encontró una similar en la cabaña de Huberto, pero, aun así, no dejaba de resultar impactante verlos a todos juntos en un mismo lugar.

Bajo esta fotografía había otra que sí le produjo mayor sorpresa, donde Andris acompañaba a Huberto y los padres de Xalara con más edad y reunidos en lo que parecía ser un sótano de una casa de Yadarme, mientras bebían algo.

Ya no quedaban fotografías en el sobre, pero sí un papelito doblado en dos mitades con el mensaje:

Si quieres saber más sobre tus padres y el significado de estas fotografías, reúnete conmigo en las escaleras del barracón. Asegúrate de que todas tus compañeras estén dormidas.

No traía remitente, pero era indudable a quién pertenecía.

Dudando sobre si debía acudir a la llamada o ignorarla por completo, transcurrió un lapso suficiente para que todas o la gran mayoría de las reclutas del Noroeste se durmieran.

Aunque no podía certificarlo, Xalara se levantó, se calzó y abrió con cuidado el cajón que había debajo de su cama para extraer el abrigo y no sucumbir al frío nocturno de Lúgardark. Luego marchó despacio hacia la puerta.

En el pasillo miró primero a la derecha, asegurándose de que la supervisora no se encontraba al acecho. Después lo hizo hacia la izquierda, donde estaba la escalera.

Al asomarse, comprobó que Andris la estaba esperando, sentado en los peldaños. Él miró hacia arriba cuando la escuchó aparecer, y sin hablarle, le hizo señas para que lo siguiera. La muchacha vaciló antes de hacerlo.

Cuando llegaron al final de las escaleras, Xalara abrió la boca para decir algo, pero Andris la frenó.

—Aquí no, sígueme —susurró.

¿Y si en realidad quería llevarla a un sitio apartado para matarla? Aunque, si no lo había hecho hasta ahora… ¿por qué iba a hacerlo esa noche, a horas de la Disciplina Nº3?

Deambularon por el ala oeste, subiendo varios pisos sin detenerse en ninguno.

Cuando alcanzaron el que se suponía que buscaba, el maestre se detuvo para vigilar el pasillo antes de dar su aprobación a la recluta para que ella también se adentrase.

Al fin, Andris se paró frente a una ventana, por donde entraba una tenue claridad desde el exterior.

El maestre metió una mano en el bolsillo y sacó otro sobre. Esta vez fue él quien lo abrió para entregarle el contenido a Xalara. A ella le costó recogerlo de su mano, pero lo hizo.

—¿Qué mierda es esto? —protestó después de un primer y rápido vistazo.

—¿Por qué no lo observas detenidamente antes de sacar conclusiones? —arguyó Andris.

Xalara escudriñó el papel que tenía entre sus manos y comprobó que se trataba de una especie de plano o de mapa. Iba a preguntarle la razón de haberle entregado eso, hasta que leyó en una esquina inferior: « Disciplina Nº3» .

Los ojos de la joven se desviaron un momento hacia el rostro de Andris, que la observaba a ella con un gesto de satisfacción.

—¿Esto es real o se trata de una artimaña? —preguntó, dudando, como siempre, de las verdaderas intenciones de Bóstoul.

El hombre sonrió como resignado antes de explicarlo.

—Ya te dije que sé en qué consiste cada Disciplina —aseguró—. Yo aporto bastantes ideas a su creación.

—¿Y quién más interviene?

—Míxiliam, el árbitro.

—¿Usted y él idean cada Disciplina?

—Así es. Él más que yo, aunque…

—Me gustaría creerle —masculló Xalara, volviendo a observar el papel.

—Te aseguro que puedes y debes confiar en mí —insistió Andris con un tono suplicante—. ¿Qué más pruebas necesitas?

Xalara quiso decir algo, pero entonces vio una sombra que surgía por el hueco de la escalera, caminando hacia ellos con determinación. Andris también se percató enseguida. La recluta arrugó el papel y lo escondió en el bolsillo de su abrigo .

—¿Puedo conocer el motivo de que una recluta que no está en el turno de vigilancia nocturna se encuentre a estas horas por los pasillos? —comentó Gúlfrica, mirando despectivamente a Xalara.

—Tampoco se entiende que tú deambules por un ala del edificio que no entra en tu jurisdicción —replicó Andris.

Gúlfrica ni siquiera lo miró, comportándose como si su homólogo no estuviera allí.

—¿Qué es eso que has escondido? —le preguntó a Xalara, apuntando con el dedo al bolsillo derecho de su abrigo.

Cuando iba a responder que no era asunto suyo, amparada por el supuesto apoyo de Andris, este se le adelantó.

—Es una carta que ha recibido —dijo él—. Como bien sabrás, los Maestres Jefes tenemos la responsabilidad de examinar el correo de cada uno de nuestros reclutas antes de entregárselo.

—¿A esta hora? —cuestionó la maestre con un tono burlesco, otorgando por fin importancia a la presencia de Andris—. ¿En este lugar?

—Se me había olvidado entregársela antes —explicó él—. Y era demasiado importante como para esperar a mañana. Más sabiendo a qué se tendrá que enfrentar. Hemos subido hasta aquí para no molestar a sus compañeros ni a los reclutas de la vigilancia nocturna.

Evidentemente, Gúlfrica no era idiota, y a juzgar por su expresión no se creía ni una palabra.

—¿Puedo examinar yo también el contenido de esa carta? —preguntó.

—No se puede violar la intimidad de los reclutas. Salvo que seas su Maestre Jefe, por supuesto —aclaró Andris.

La maestre estudió una vez más sus rostros sin inmutarse.

—Imagino que Verdreven debería irse a dormir ahora que ya ha recibido su correo —dictaminó ella—. Mañana se enfrentará a la Disciplina Nº3, y no queremos que salga malparada —añadió con una leve sonrisa.

—Sí, desde luego —convino Andris—, por eso nos vamos ya.

Agradezco tu preocupación por el bienestar de mi participante, pero como mentora de la Comarca Central que eres, deberías preocuparte por tus dos participantes todavía en competición.

Yo me encargaré de que la mía llegue a su dormitorio y descanse de la mejor manera posible.

El maestre le puso una mano sobre el hombro a Xalara, quien, aunque se sintió incomodada por el gesto, no se apartó.

—Espero que tú también disfrutes de un buen descanso, Gúlfrica —añadió el maestre antes de conducir a la muchacha hacia las escaleras.

Bajaron hasta el piso inferior, más deprisa de lo normal para no facilitar que Gúlfrica los siguiera clandestinamente.

—Supongo que me exigirás explicaciones de todo esto —comentó Andris.

Xalara asintió sin mirarlo.

—Vamos entonces al auditorio de Arlasofía Aplicada —dijo—. Allí estaremos más tranquilos —agregó echando un vistazo hacia atrás para comprobar que la maestre de Combate no se hallaba vigilando oculta entre las sombras.

A Xalara no le apetecía nada caminar hasta el ala este, pero ahora no iba a echarse atrás después de todo. Las dudas respecto a Andris, de alguna forma, comenzaban a debilitarse.

Entraron en el auditorio y cerraron la puerta sin haberse cruzado a nadie durante el trayecto. El maestre solo encendió una lámpara de pared.

—Quiero respuestas —exigió Xalara, harta de caminar y seguir esperando a que él hablase.

—Pues pregunta —aceptó él, sentándose en la primera fila de la grada, y aunque le indicó a la recluta que lo acompañase, ella decidió permanecer de pie, intercambiando sus ubicaciones por una vez.

—¿Por qué estaba usted en Yadarme junto a mis padres? —inquirió, sin estar segura de si esa era la pregunta más acuciante como para tener el privilegio de ser la primera.