Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 18El pasado nunca muere #2
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CAPÍTULO 18El pasado nunca muere #2

Cuando hizo un barrido visual al patio, vio algo que colgaba de uno de los árboles, precisamente en el que Víncel Rétfor solía sentarse a leer.

Desde donde se encontraba era imposible distinguir qué era aquello, debido a la niebla y la intensa lluvia.

Así que no le quedó más remedio que acercarse para averiguarlo, teniendo que salir del claustro y ponerse a merced de la lluvia.

Pero esta no la mojaba, como si un halo invisible repeliera las gotas.

Cuando estaba cerca de ese árbol, sintió que alguien corría a su espalda, pero cuando se volvió no había nadie. Aun así, algo la reclamaba ahora desde el claustro.

No podía creerlo, pero allí estaba Víncel Rétfor, vestido con el uniforme de Lúgardark y portando un libro en la mano.

Lo más llamativo era que negaba con la cabeza, sin apartar la vista de Xalara, como una especie de advertencia, o al menos así lo interpretó ella.

Cuando iba a preguntarle algo, Víncel se evaporó, convirtiéndose en una nube más negra que la noche.

Nuevamente la atención de Xalara se centró en aquello que colgaba del árbol, volviendo a caminar hacia allí. No tardó en observar que el viento lo mecía y que se trataba de algo cubierto por una tela blanca. Cuando se acercó a unos tres metros de distancia supo lo que era.

El cuerpo inerte de Rebeca Firen, suspendido mediante una sábana arrugada como una cuerda, permanecía ahorcado de una de las ramas, vestido con un camisón blanco que nada tenía que ver con el reglamentario pijama de Lúgardark.

El rostro del cadáver estaba perfilado hacia Xalara, pero el viento hizo que girase definitivamente para mirar hacia ella.

Tenía los ojos cerrados, aunque de ellos brotaban hilos de sangre que le recorrían el rostro.

De repente los abrió, y estos mostraron unas cuencas vacías y oscuras, consiguiendo que Xalara cayese de espaldas debido a la impresión.

Lo siguiente que vio fue a Tíndrac Zoris frente a ella en el auditorio, y sin saber el motivo, Xalara le soltó un puñetazo, provocando que el maestre cayera sobre la siguiente fila de reclutas.

—Pagarás por esto —aseveró él mientras se recomponía, apretándose la nariz para frenar la hemorragia.

Xalara quiso argumentar que no lo había hecho conscientemente, pero el shock le impedía pronunciar palabra alguna.

Más aún al ver que Michelle la observaba confusa, lo mismo que Aden.

Nadie parecía entender nada de cuanto acababa de suceder, y Xalara se preguntó si se habría elevado del asiento con los ojos velados.

Tíndrac bajó de la grada como una exhalación y salió al pasillo. Tardó en regresar con un par de los cuero negro que vigilaban Lúgardark, quienes, después de que el maestre apuntase con el dedo hacia Xalara, subieron a por ella para sacarla del auditorio.

Como imaginó la recluta, estos la bajaron directamente hacia los calabozos, donde la encerraron en una de las celdas. Precisamente en la que ya había ocupado unos meses atrás, cuando coincidió con Eizan en la de al lado.

Nadie asomó allí durante horas, en las que Xalara no paraba de recordar esa pesadilla que había sufrido y el posible significado de todo aquello, repasando los detalles una y otra vez por muy desagradables que fuesen, tratando de hallar alguna conexión entre las pesadillas que había sufrido últimamente.

Tampoco se explicaba por qué había golpeado al maestre, aunque eso seguramente se debió a una reacción natural y defensiva de su cuerpo.

Todo esto estaba dejando de lado la preocupación por la Disciplina Nº3, que se celebraría al día siguiente.

Finalmente trató de convencerse de que había sido una simple pesadilla al quedarse dormida tras una mala noche de descanso. Pero después de todo, ¿quién podía asegurar algo así ?

A una hora indeterminada, Xalara escuchó unos pasos y luego un fuerte chasquido, antes de que la puerta se abriera arrojando luz al interior.

—Gracias, ya puede irse, yo me hago cargo —dijo la voz de Andris antes de asomarse a la celda.

—Buenas noches —saludó el maestre—. ¿Has podido aprovechar el cautiverio para dormir?

Xalara le apartó la mirada, consciente de que la pregunta tenía un doble sentido.

—¿Te parece razonable lo que has hecho? —inquirió él a continuación, cambiando radicalmente el tono—. Agredir a un maestre…

—¿Y usted me lo pregunta? —replicó ella, sintiendo cómo crecía la ira en su interior.

—Te salva que mañana es la Disciplina Nº3 —aseguró él, haciendo caso omiso al ofensivo comentario—. De otra manera, no sé cuánto tiempo habrías pasado aquí dentro.

—¿Salvarme? —protestó Xalara con una carcajada repleta de ironía—. ¿Lo que busca matarme puede en realidad salvarme?

—Si dejases de ser tan orgullosa y abrieras la mente de una maldita vez, yo podría ayudarte de verdad.

—Curioso escuchar algo así de la persona que ansía matarme.

—¿De verdad sigues pensando eso? —dijo Andris—. Si quisiera matarte, ¿no sería mucho más sencillo hacerlo ahora? ¿Qué te lleva a pensar que no lo haga o lo haya hecho ya?

—Supongo que no quiere mancharse las manos directamente. La gente como usted es propensa a delegar el trabajo sucio a otros para seguir guardando las apariencias.

—¿Crees conocerme? —repuso Andris, entrando en la celda con una actitud desafiante.

—Sí —afirmó Xalara sin titubear y sin levantarse del frío catre.

—Entonces, dime, ¿qué crees que quiero realmente? ¿Qué piensas que hago aquí?

—Ya se lo he dicho .

—No, qué va —repuso él, empleando un tono misterioso—. En realidad aún no me has dicho absolutamente nada.

Andris se había acercado demasiado a Xalara, y ahora tan solo los separaban unos cuantos centímetros.

—¿Qué piensas sobre mí de verdad? Quiero oírte decirlo —presionó el maestre.

—Me han mentido toda la vida —respondió Xalara, clavando valientemente la mirada en el hombre, aunque sin llegar a levantarse a pesar de que la situación invitaba a ello—. Incluso lo han hecho las personas más cercanas a mí. ¿Piensa que ahora voy a creer en usted?

—Siempre hay una primera vez para todo —arguyó él.

Xalara negó resoplando, pero incomprensiblemente se había apagado gran parte de ese fuego que le devoraba por dentro cuando tenía delante a Andris Bóstoul.

—Ya comprobaste que la Disciplina Nº2 estaba basada en un ejercicio que practicamos durante semanas —dijo él—. ¿Por qué crees que lo hice?

—Puede que para intentar salvar a Diago —contestó la recluta con una falsa y evasiva sonrisa—. También es posible que le pareciese demasiado pronto acabar conmigo, así el espectáculo puede alargarse.

—Tienes la sonrisa de tu madre —afirmó Andris sorpresivamente—. Aunque sin duda has heredado la testarudez de tu padre.

A Xalara le escocieron los ojos, y no solo era porque se esforzaba en no pestañear para demostrar valor, sino porque algo dentro de ella acababa de romperse tras oír a Andris mencionar a sus padres.

Se mantuvieron la mirada durante segundos, en los que el maestre sonreía mientras Xalara apretaba los labios para contener las lágrimas de frustración o lo que fuera ese extraño sentimiento que la embargaba.

Finalmente, fue ella quien perdió la batalla y se levantó del catre, esquivando al hombre antes de abandonar la celda.

—Ve al barracón y dúchate —dijo él con una autoridad que no había mostrado ante Xalara hasta ese momento—. A la hora de la cena te espero en mis aposentos para la mentoría .

Después de ducharse, cuando todos sus compañeros ya estaban en el comedor, Xalara también acudió, pues estaba hambrienta.

Los ojos de Aden se abrieron como dos ventanas al verla aparecer, anunciándole a Michelle su llegada. Su amiga se acercó a ellos tras coger la cena en la barra de servicio.

—¿Estás bien? —le preguntó Michelle, con un tono que sonaba muy preocupado.

—Esta mañana, cuando… eh… ¿me elevé del asiento? ¿Tenía los ojos velados? —preguntó Xalara, ansiosa por descartarlo.

—Qué va, nada de eso —confirmó Michelle—.

Simplemente te quedaste dormida. Algunos te vieron y comenzaron a reírse, eso alertó al maestre, que se giró y te vio.

Intenté advertirte dándote golpes en el brazo, pero no despertabas.

Así que Tíndrac llegó hasta ti y fue cuando te despertaste y le pegaste.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Aden, quien aún, después de varias horas, parecía desconcertado.

—Acababa de tener una pesadilla —explicó Xalara—, y reaccioné de esa forma; no lo sé.

—¿Ya te han perdonado? —preguntó Michelle.

—Algo así —dijo Xalara.

Luego empezó a cenar y se mantuvieron callados por un corto tiempo, hasta que Aden comenzó a carraspear y a mirar a Michelle, lanzándole indirectas que Xalara también detectó.

—¿Pasa algo? —preguntó ella, molesta.

—Díselo —profirió su compañero.

Ahora fue Michelle quien se aclaró la garganta.

—Aden y yo —soltó—, hemos pensado que deberías ir a la mentoría.

—¿Lo habéis pensado? —dijo Xalara con reticencia—. ¿Ahora podéis leerlos la mente?

—Lo llevamos hablando todo el día —aclaró el chico.

—Ya vi que os susurrabais secretos a mi espalda —aseguró Xalara, aguantándose un sonoro reproche.

Michelle y Aden compartieron una breve mirada .

—Hemos llegado a la conclusión de que Andris quiere ayudarte a ganar Las Cinco Disciplinas —aclaró Michelle atropelladamente.

—¿Y en qué evidencias os habéis basado para llegar a esa conclusión? —preguntó Xalara sin esconder su enfado.

—Por favor, Xalara, aparca el orgullo y el odio que sientes hacia él y acude a la mentoría —repitió Michelle—. Imagino que estará ahora con Diago, puesto que él no está aquí.

—Todavía puedes llegar a tiempo —terció también Aden—. No pierdes nada por escucharlo.

—Por la razón que sea —dijo Michelle—, creo sinceramente que Andris quiere ayudarte de verdad a ganar. Me pareció un buen argumento cuando te explicó sus razones para estar aquí.

—Yo nunca os he dicho que haya hablado con él sobre eso —se percató Xalara, lanzando un mohín displicente a sus amigos—. Él os lo ha pedido en la instrucción de hoy, ¿verdad? Os ha dicho que hablaseis conmigo para convencerme.