Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 18El pasado nunca muere
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CAPÍTULO 18El pasado nunca muere

El pasado nunca muere

Xalara consideraba una gran proeza haber superado las dos primeras Disciplinas, sabiendo que el objetivo de ambas era acabar con su vida. Pero también era consciente de que necesitaría mucho más que suerte para seguir avanzando.

Seguramente por ello buscó un nuevo acercamiento hacia su hermana, para preguntarle si conocía novedades.

Pero Greis siempre huía y Xalara ya había desistido.

En sus asiduas y absurdas conjeturas, visualizaba a Víliam y a Eizan conociéndose en ese ficticio mundo que había tras el velo de la muerte.

De todas formas, no había visto entre los reclutas de la Comarca Central alguna cara nueva que sustituyera a Eizan como ocurrió con Aden, ocupando el lugar del fallecido Jeimmy Rénderson.

En uno de esos constantes lapsos que dedicaba a reflexionar, Xalara se acordó del Libro Guía, sabiendo que, de tenerlo en su poder, podría conocer en qué consistiría cada Disciplina, y así prepararse para enfrentarlas.

No quería pensar demasiado en los dos objetos que le legaron sus padres, por la vergüenza que le generaba haberlos perdido cuando su única misión era protegerlos.

Eso también le hacía pensar en Huberto y en cómo se encontraría ahora, temiendo que ya lo hubiesen ejecutado por ayudarla.

Lo cual supondría una muerte más que cargar sobre su espalda, como lo eran también los hasta el momento cuatro participantes asesinados en Las Cinco Disciplinas.

Otro aspecto a destacar en esas semanas era el ya confirmado cambio de actitud de la maestre Gúlfrica hacia ella y, por extensión, hacia sus amigos Michelle y Aden.

Ahora se mostraba más desagradable con otros reclutas.

Como por ejemplo con Diago, y no dejaba de ser llamativo, puesto que él parecía su recluta favorito dentro de la Comarca del Noroeste, si es que eso era posible en una persona como Gúlfrica: carente de empatía y sentimientos afectivos.

—¿No notáis a la maestre diferente? —comentó Aden cuando salían los tres juntos de la instrucción de Combate del viernes.

—¿Diferente, dices? —terció Michelle, como indignada—. No tiene nada que ver con la Gúlfrica de antes. Al menos con nosotros, porque hoy a Diago…

—¿Tú qué opinas? —inquirió Aden, dirigiéndose a Xalara .

—Mi teoría es que está tan molesta porque yo haya sobrevivido a las dos primeras Disciplinas, que ya ni soporta mirarme —opinó, aunque más bien pretendía desviar el tema hacia otro lado, sospechando hacia dónde querían llevar sus amigos la conversación.

—No, yo creo que no es por eso —insistió Aden—. Si no, ¿por qué tampoco se mete con nosotros dos?

—Porque sois mis amigos, imagino —argumentó Xalara, encogiéndose de hombros.

Aden negó con la cabeza antes de hablar.

—Mi opinión es que, de alguna manera, ha dirigido su odio hacia otros. Quizá Diago le haya hecho o dicho algo que ignoramos.

—No sé; me parece rara esa teoría —arguyó Michelle.

—¿Cuál es la tuya? —preguntó el chico.

—Fue una heredera —aseguró ella, sorprendiendo a su amigo—. Así que…

—¿En qué te basas para decir eso? —presionó él.

—Por una conversación que escuchamos Xalara y yo.

—Explícate —solicitó el muchacho con el ceño fruncido.

—Gúlfrica y Andris estaban discutiendo en una habitación cuando pasábamos por el pasillo.

—¿Y qué decían exactamente para llevarte a esa conclusión?

—Bueno, era más que evidente que Gúlfrica había sido en el pasado una heredera, igual que Andris.

—Reconozco que no lo esperaba —admitió Aden, mirando también a Xalara, aunque en el fondo parecía escéptico—. Pero eso tampoco explica el cambio de actitud.

—Puede que le tenga miedo a Xalara —opinó Michelle—. Después de… bueno, ya sabéis a qué episodio me refiero.

Los tres sabían que se refería a aquella noche en la que Xalara tuvo la pesadilla y se elevó sobre la cama. Pensar en ello le causaba más terror a Xalara que a cualquier otro, por eso se esforzó en zanjar el tema antes de que fuese a más .

—Solo os digo una cosa —les advirtió ella—: No os acostumbréis a esta versión de Gúlfrica, porque si de algo estoy segura es que no va a durar para siempre, y menos hacia nosotros.

El sábado previo a la Disciplina Nº3 llegó al día siguiente.

En la formación ocurrió algo inusual, ya que los reclutas del Suroeste se retrasaron unos cuantos minutos.

Como siempre formaban al lado de los del Noroeste, Xalara pudo observar que, especialmente entre las chicas, mostraban una expresión digna de alguien que acabase de ver a un fantasma, incluso algunas parecían haber llorado.

Más extraño aún resultó que ni la maestre Lenders ni los supervisores les echasen nada en cara por su tardanza.

Después de ese interrogante, la formación matinal se desarrolló con relativa normalidad.

Sin embargo, Xalara no podía deshacerse de esa mala sensación que se le clavó en el pecho tras ver a esas chicas.

Durante la ducha no tuvo la oportunidad de hablar con Michelle para aligerar la carga emocional, pero sí lo hizo cuando se dirigían hacia el comedor para el desayuno.

—¿Te fijaste en las chicas del Suroeste durante la formación?          —preguntó Xalara.

—Sí, algunas parecían asustadas, incluso llorando —confirmó su amiga—. Les ha debido de caer una buena bronca por algo que harían de noche.

—No lo sé —dudó Xalara—. Tengo la sensación de que es algo mucho peor.

—¿Cómo qué?

—No sé explicarlo, es como un instinto. Supongo que llevo demasiadas desgracias vistas —concluyó Xalara, pues seguramente solo estaba exagerando una percepción.

—Será eso —convino Michelle con una sonrisa despreocupada.

No obstante, cuando entraron en el comedor, la presencia de la Lady Maestre y de Ozora encendió de nuevo todas las alarmas internas de Xalara.

—No cojáis aún el desayuno, sentaos primero —les anunciaban a todos los que cruzaban el umbral .

Muchas de las reclutas del Suroeste continuaban sollozando sentadas a su mesa. Xalara se fijó bien en ellas, y no tardó en echar de menos a una.

—¡Escúchenme todos! —gritó Syliana para hacerse oír por encima del murmullo generalizado—.

Tengo que informarles de una fatal noticia —comenzó a decir, y el corazón de Xalara se aceleró, anticipándola—.

Esta pasada noche, una de sus compañeras del Suroeste, la recluta Rebeca Firen, ha decidido quitarse la vida.

Una ola de miradas inquietas recorrió el comedor.

—No hace falta añadir que es una gran pérdida para todos en Lúgardark, pero especialmente supone una noticia amarga para sus compañeras y compañeros de Comarca. Para honrar su memoria, realizaremos un minuto de silencio.

No tuvo que insistir en ello, pues todos se quedaron callados al instante.

—Esto nos recuerda la futilidad de la vida —reflexionó tras concluir el respetuoso silencio—. Que al menos nos sirva para aprender que cada día cuenta. Por mala que parezca la situación en la que estemos inmersos, siempre hay una salida —hizo una pausa—. Ahora, desayunen.

Syliana se marchó acompañada de Ozora, devolviendo la normalidad al comedor, si es que el ambiente que se había generado podía calificarse como tal.

Aunque estaba conmocionada por la noticia, Xalara no entendía la distinción de hacer un minuto de silencio por Rebeca y no así por su compañero Jeimmy Rénderson o por los cuatro participantes de Las Cinco Disciplinas asesinados.

Poco a poco los detalles fueron propagándose por las mesas, y todos se enteraron de que Rebeca se había ahorcado en el baño de su dormitorio, tras colgarse de una tubería del techo con las sábanas mientras todas sus compañeras dormían.

Aquello confirmaba algo: la Disciplina Nº2 había eliminado a tres participantes. Xalara se preguntó si esa circunstancia modificaría de alguna forma lo que restaba de Las Cinco Disciplinas, pero no consideró ético plantearse algo así cuando la muerte de Rebeca aún estaba tan reciente.

—Menudo varapalo lo de esa chica —reflexionó Aden cuando salían hacia la instrucción de Historia Militar.

—Sí, ya te digo —convino Michelle—. Yo todavía estoy temblando por la noticia.

—Rebeca no soportó la muerte de Brock —argumentó Xalara, acongojada, pues en el fondo se sentía responsable—. Cuando lo ejecutaron, Rebeca se rompió en mil pedazos y no ha podido recogerlos.

—¿Cómo os ejecutan? —cuestionó Michelle—. Quiero decir…

—Un disparo de espada —contestó Xalara, siendo la primera vez que hablaba sobre ello con sus amigos—. Lo hacen unos cuero negro , de manera rápida y limpia, tras concluir la Disciplina. El árbitro los despide con unas palabras honoríficas y adiós.

—¿Y después qué hacen con sus cuerpos? —inquirió Aden de una forma un tanto lasciva.

—No lo sé —reconoció Xalara—. A nosotros nos sacan del lugar justo tras presenciar las ejecuciones. Quiero pensar que los envían a sus familias.

Xalara vivió con gran afectación las horas siguientes tras conocer el suicidio de Rebeca Firen, mostrándose ausente mentalmente durante las instrucciones.

Michelle y Aden no dejaban de cuchichear sin contar con ella.

Especialmente durante la instrucción de Tácticas de Guerra y Estrategia, en la que el maestre Tíndrac Zoris, permanentemente de espaldas a los reclutas, se empeñaba en explicar, sobre un mapa lleno de dibujos y anotaciones que colgaba extendido de la pared, una batalla a campo abierto, con elevaciones de terreno muy pronunciadas entre ambos bandos enemigos, exponiendo las múltiples situaciones que podían darse en una batalla de esas características.

Desde el principio de la instrucción, Xalara sentía los párpados especialmente pesados, por lo que tuvo que esforzarse para no quedarse dormida. Sin embargo …

Xalara abandonó el auditorio para encontrarse deambulando por el claustro del patio trasero de Lúgardark, siendo de noche y cayendo una lluvia torrencial.

No recordaba que esa escena formase parte de su pasado, y tampoco podía ser por culpa de haber tocado algún objeto en el auditorio. ¿Acaso estaba alcanzando su habilidad otra dimensión?