CAPÍTULO 15La Disciplina Nº2 #3
Aden también parecía con ganas de aportar algo, pero no dijo nada tras observar el duro gesto que le dedicó Xalara, que por un momento deseó volver a estar enfadada con Michelle, así no tendría que dar explicaciones a nadie sobre sus decisiones.
—¿Y si te estás equivocando? —insistió ella aun así.
—Michelle… ya, por favor —zanjó Xalara.
—Vale, está bien. Me callo —aseguró volviendo a centrarse en su cena.
No hubo más comentarios al respecto, pero eso no significó que Xalara pudiera dejar de darle vueltas.
En la madrugada del domingo, las reclutas del Noroeste se levantaron para la formación, y como ocurrió antes de la Disciplina Nº1, la supervisora se acercó a Xalara para decirle que ella debía esperar en el dormitorio hasta que viniesen a buscarla.
Cuando la mujer se dio la vuelta, Michelle abrazó a su amiga.
—Esta tarde o noche, o cuando sea, nos volveremos a ver, ¿queda claro? —le dijo al borde del llanto, dándole suaves puñetazos en la espalda.
Xalara asintió, puesto que el nudo que se le había formado en la garganta no le permitió contestar.
—Ahora que te he recuperado no pienso volver a perderte —añadió Michelle después del abrazo—. Y espero que tú te esfuerces al máximo por conseguirlo.
De nuevo asintió, incapaz de contener las lágrimas. Zanerya pasó a su lado y le dedicó una sonrisa maliciosa cuando salía del dormitorio.
—¡Vamos! —bramó la supervisora tras ver que Michelle no terminaba de separarse de su amiga—. ¡Tus compañeras ya están en el pasillo!
Los minutos posteriores fueron horribles para Xalara. Sentía que el dormitorio se encogía a cada segundo, comprimiendo el oxígeno y volviéndolo tóxico. En algunos momentos se arrepintió de no haber acudido a la mentoría, porque ahora ni siquiera sabía a dónde iría a morir.
Se acordó de Ozora y se esperanzó tontamente con la idea de que apareciese para darle alguna pista, como quizá ocurrió la última vez. Pero quien entró en el dormitorio fue de nuevo la supervisora.
—Es la hora —anunció con su hosco semblante .
Xalara se levantó de la cama, vestida con la ropa de abrigo, sin detenerse a arreglar las arrugas que se habían creado en el cobertor.
Llegó hasta la puerta sin ser consciente de haberlo hecho.
Diago salió al mismo tiempo. Él parecía tan asustado como su compañera, pues ambos vieron muy próximo su final la última vez que se encontraron en esa misma situación.
—Hola —saludó Andris cuando apareció por el hueco de la escalera, mirando solamente a Xalara con una expresión de disgusto—. Tenemos que viajar a la Comarca del Suroeste.
Salieron al patio delantero cuando todavía se llevaba a cabo la formación. Xalara buscó con ahínco a sus amigos, para tener la oportunidad de verlos una última vez, pero no los encontró, puesto que la niebla era demasiado espesa aquella madrugada.
Tras un complicado ascenso, en el vestíbulo se reunieron los ocho participantes y los cuatro mentores, a los que ya esperaba un grupo de cuero negro en la puerta. Ozora articuló disimuladamente la palabra «suerte» sin apenas usar la voz cuando Xalara pasó a su lado.
Aún no había amanecido cuando fueron trasladados hacia la Comarca del Suroeste, específicamente a un pueblo llamado Foreina. Como pudo leer Xalara en la fachada de la estación de traslado, donde había al menos una veintena de cuero negro más esperando.
« Crispina no ha escatimado en medidas de seguridad para evitar que me escape » —pensó Xalara.
—Bienvenidos —los saludó con amabilidad una mujer rubia y con rizos, excesivamente maquillada, bajo un paraguas debido a la intensa lluvia que caía en esos momentos—. Espero que el traslado haya sido sin contratiempos. Venid conmigo.
Esta vez, la estación estaba dentro del propio pueblo, y el edificio en el que entraron solo se hallaba a unos metros de distancia. Aun así, los recién llegados se mojaron bastante.
Los mentores se marcharon por una puerta que quedaba a la izquierda y sin dar explicaciones .
—Imagino que tendréis hambre —intervino la mujer de los rizos con una sonrisa mientras entregaba su paraguas a una joven que se acercó para ello—. Ahí podéis desayunar.
Los participantes entraron en un improvisado comedor, dado que el edificio donde estaban no era un hostal ni nada parecido. Esta vez, a diferencia del almuerzo de la Disciplina Nº1, tuvieron que servirse su propio alimento en una mesa larga.
Bajo una estrecha vigilancia por parte de los numerosos cuero negro , cada recluta desayunó por libre y sin dirigirse la palabra.
Excepto los anfitriones Brock Zeyral y Rebeca Firen, quienes parecían haber consolidado su amor después de encender la mecha en la ceremonia de selección.
Xalara sintió rabia al verlos tan felices, como si no fuesen conscientes de que, como mucho, solo uno de ellos dos saldría con vida de esa locura llamada Las Cinco Disciplinas.
Pasó mucho tiempo hasta que vio de soslayo cómo la mujer de los rizos rubios entraba en la habitación, cuando Diago, que había desayunado en exceso, lo que podría jugar en su contra si la Disciplina consistiera en realizar ejercicio físico, apuraba un bollo de hojaldre.
—Tenéis que venir conmigo —dijo ella, sin mostrarse tan risueña como antes.
Xalara, nerviosa hasta el punto de notarse desorientada, chocó contra Samanta Zolian, que le dedicó una mirada despectiva antes de susurrarle:
—Asquerosa tercera clase.
No le hizo caso, puesto que tenía preocupaciones más importantes que atender.
No fue necesario salir del edificio para llegar a la sala donde se encontraba el árbitro Míxiliam Weinter, acompañado por los cuatro mentores.
Nada más verlo, el cuerpo de Xalara activó el modo alerta, como si su presencia confirmara dónde estaba y hasta ese momento no lo hubiese asimilado.
—La Disciplina Nº2 estará basada en la instrucción de Arlasofía Aplicada —dijo el árbitro, y Xalara se fijó en Andris, que miraba al suelo sin gesticular—.
Consistirá en desplazar una esfera igual que esta —dijo, mostrándola—, por un circuito lleno de obstáculos —esta vez fue Andris el que miró a Xalara con una sonrisa disimulada.
Diago también observaba a su mentor, aunque con un gesto insulso—.
La esfera siempre tiene que ir flotando.
Si toca el suelo, el participante será castigado con una penalización de cinco segundos cada vez que lo haga.
Ahora estaba claro el motivo por el cual habían practicado durante semanas un ejercicio similar en la instrucción de Lúgardark, y fue la primera vez que Xalara tuvo dudas sobre si en verdad Andris quería ayudarla a sobrevivir. Una idea que se obligó a rechazar.
—Los dos participantes eliminados serán los que más tarden en completar el circuito, sumando cualquier penalización en la que se incurra —continuó explicando—.
Saldréis a competir de dos en dos. El orden de participación será el inverso al de vuestra posición final en los resultados de la anterior Disciplina.
Eso significaba que Xalara y Diago serían los primeros, algo que la chica ya no sabía si era beneficioso o todo lo contrario.
—Por supuesto, no se podrá interferir o manipular la esfera del rival con el que compartáis el turno de participación. Si noto algo así, cada vez que lo vea, serán diez segundos de penalización que se sumarán al tiempo final del infractor. ¿Alguna duda?
Nadie respondió.
Finalmente, Míxiliam se marchó sin dar ninguna explicación adicional. Los mentores lo hicieron tras él cuando varios cuero negro irrumpieron en la habitación por otra puerta, tomando posición junto a las paredes.
—No se puede hablar —les recriminó uno de ellos a los reclutas del Suroeste.
Transcurrieron unos cuantos minutos hasta que entró la mujer de rizos rubios, con un papel en la mano que tuvo que consultar antes de hablar.
—Xalara Verdreven y Diago Zúnkerberg, es vuestro turno de participación .
Ninguno de los dos se dirigió una mirada, sabedores de que esta vez serían rivales, y siguieron a la mujer fuera de la habitación, recorriendo un largo pasillo con las paredes de piedra, donde había varios cuero negro escoltando el trayecto de los participantes.
Se detuvieron delante de una puerta de hierro que permanecía cerrada.
Esa parte del edificio era bastante antigua.
—Tenéis que esperar aquí —señaló la mujer, que parecía tan nerviosa como los propios participantes.
De repente, se escucharon unos ruidos al otro lado de la puerta, y esta se abrió deprisa, obligando a la mujer a apartarse.
—Entrad, chicos —dijo ella—. Que tengáis mucha suerte.
Diago y Xalara salieron a un patio abierto, circundado por unas paredes de enorme altura, cuya ampliación en la parte superior parecía reciente. Un cordón de cuero negro rodeaba el perímetro bajo una lluvia intensa.
Amparada por un soportal, Tedya Yons, con un abrigo largo de terciopelo negro y un micrófono suspendido a la altura de su boca, miraba hacia una cámara que flotaba en el aire mientras presentaba a los dos primeros participantes.
Otra se encargaba de enfocar a los chicos del Noroeste, que se detuvieron cuando el árbitro, situado bajo una plataforma de hierro elevada a la que se accedía mediante dos escaleras, levantó una mano para ordenárselo.
—Participantes —saludó Tedya—, tenéis que subir a la plataforma.
Cada uno lo hizo por la escalera de hierro que quedaba a su lado, la cual los elevó hasta una altura de unos dos metros.
Xalara subió por la derecha.
Desde allí pudo ver que el patio estaba repleto de estacas clavadas en un suelo de tierra que se había convertido en barro, sirviendo de soporte para unas cuerdas instaladas a distintas alturas y que delimitaban dos circuitos paralelos aparentemente similares, llenos de curvas e inclinaciones del terreno, y al menos tres obstáculos que los participantes debían superar con la esfera que los esperaba inmóvil al inicio del circuito .
En el extremo opuesto del patio había un par de relojes iguales al que servía de cronómetro para responder a las preguntas de la Disciplina Nº1.