Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 15La Disciplina Nº2 #2
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CAPÍTULO 15La Disciplina Nº2 #2

Xalara estaba convencida de que Aden hizo ademán de sacar del bolsillo el reloj que había fabricado, y se preguntó dónde lo guardaría él para que no se lo encontrasen .

—No tenemos tiempo para eso —opinó el recluta—. Ya es tarde para coger la comida.

—En ese caso puedo ofreceros algo —declaró Aurora con una sonrisa—. Al fin y al cabo, no puedo negarles alimento a mis pacientes más asiduos.

Durante los siguientes minutos, los cuatro comieron entre algún que otro comentario sin importancia. Tras despedirse y citarse con el deseo de volver a verse en unas horas, Michelle y Aden se marcharon para comenzar las instrucciones de la tarde.

La oscuridad de la noche alcanzó las ventanas traslúcidas del centro de sanación más rápido de lo esperado por Xalara.

La chica se pasó las horas intentando recordar todos los detalles de la visión sobre la captura de sus padres.

No porque quisiera revivirla, sino porque en algún punto de su mente estaba segura de que había algo más que no era capaz de recordar y que creía crucial para ofrecer algún tipo de explicación dentro de la poca lógica que existía en todo aquello.

Por otro lado, Aurora pasó casi la tarde dentro de su oficina, sin recibir a ningún paciente más, solo se asomó un par de veces para vigilar que todo estuviese bien en Xalara.

La joven ya se sentía totalmente recuperada cuando la sanadora se acercó a ella tras sonar las campanas que anunciaban el final de la última instrucción del día.

—¿Entonces te encuentras con fuerzas para volver junto a los demás? —le consultó Aurora tras mirarle el pulso y revisar sus ojos con la luz que emitían sus dedos tras activar la fórmula volter .

Xalara asintió, aunque en el fondo estaba cómoda al lado del calor de la chimenea y no le apetecía marchar.

—Está bien, levántate despacio.

Con miedo, Xalara se incorporó en la cama y después posó los pies en el suelo, con Aurora muy cerca, lista para intervenir si fuese necesario. La muchacha se sentía plena físicamente, como si nada le hubiese sucedido unas horas atrás.

—¿Todo bien? ¿Equilibrio, sostenibilidad en las piernas, vista diáfana? —preguntó la sanadora mientras le tomaba otra vez el pulso .

—Sí, todo correcto —afirmó Xalara, contenta de que así fuera.

—Perfecto —asintió Aurora—. Por lo que a mí respecta, puedes recibir el alta.

—Vale —dijo Xalara—. Una vez más, gracias por todo.

—Para eso estoy aquí —declaró—. Pero, Xalara —añadió cuando la recluta se iba—. Quiero advertirte de que todas tus compañeras y casi todos tus compañeros vieron lo que te pasó anoche. No será fácil para ellos asimilarlo, como tampoco lo ha sido para mí.

Xalara no dijo nada y se limitó a asentir, pues era consciente de que tendría que enfrentarse a las miradas y comentarios del resto. Aunque eso no le resultaba ajeno, esta vez adquiriría una connotación más seria.

—Y, Xalara —volvió a detenerla cuando esta ya cruzaba el umbral de la puerta—. Si notas cualquier anomalía en tu cuerpo, por mínima que te parezca, solicita venir aquí cuanto antes. ¿De acuerdo?

—Así lo haré —convino la recluta antes de marcharse definitivamente camino de su barracón.

Pese a estar hambrienta, Xalara decidió no acudir al comedor para la cena.

El barracón se encontraba vacío cuando llegó. No obstante, su llegada fue escuchada por la supervisora de dormitorios, que salió de su oficina y le echó un vistazo de pies a cabeza, aunque no hizo ningún comentario antes de volver a entrar.

La recluta accedió al dormitorio, y tras pegarse una ducha y ponerse el pijama reglamentario observó ensimismada su cama, que estaba toda revuelta. Trató de visualizarse sobre ella, retorciéndose y luego elevándose. Pero cortó ese pensamiento enseguida.

Cuando sus compañeras empezaron a llegar de la cena, Xalara ya se encontraba metida en la cama, tapada con las sábanas hasta casi los ojos. Las primeras no notaron su presencia, pero cuando entró Michelle, esa ocultación se desmoronó por completo.

—Estás aquí —apuntó ella con alegría—. Qué bien.

Por sus expresiones, todas las demás parecían convencidas de que, en realidad, Xalara había vuelto de entre los muertos y no del centro de sanación.

La ausencia de comentarios al respecto le confirmó de una forma más fehaciente que lo vivido con ella la noche anterior había sido incluso más horrendo de lo que imaginaba.

A pesar de haber recuperado la amistad con Michelle, a la que se había sumado la de Aden, los siguientes días no fueron fáciles.

Pero, contra todo pronóstico, nadie hacía alusión, al menos delante de ella, al extraño suceso.

Ni siquiera Gúlfrica, pues la maestre había mantenido una actitud distante con Xalara.

« Al menos ha tenido una parte positiva » —reflexionó ella.

El más interesado en lo ocurrido continuaba siendo Aden, quien realizaba preguntas y comentarios que casi nunca recibían respuesta, o bien Michelle cambiaba drásticamente de tema. Ella no se separaba ahora de su amiga, como si quisiera recuperar todo el tiempo que estuvieron enfadadas.

Lo sucedido recientemente había solapado casi cualquier otra preocupación de Xalara. Sin embargo, todo ello no borraba la cercanía de la Disciplina Nº2, que sobrevolaba su conciencia como un ave rapaz esperando el momento apropiado para dar caza mortal a su presa.

El día anterior a la Disciplina llegó mucho antes de lo que Xalara hubiera deseado, como si todos los relojes que existían hubiesen acordado acelerar el tiempo. A esas alturas, y dada su experiencia con ellos, ya no se atrevía a descartar nada.

—Todavía no sabes en qué consistirá la Disciplina de mañana, ¿no? —preguntó Michelle en voz baja cuando ocuparon sus habituales asientos en la grada del auditorio donde se impartía Arlasofía Aplicada.

—Sé lo mismo que las otras doscientas veces que me lo has preguntado —contestó Xalara, aunque no quería utilizar ese tono, no pudo evitarlo debido al estrés que estaba soportando.

Pero lo que más le costaba reconocer, era el miedo que tenía a morir después de haber recuperado a su amiga.

—No sé, como hoy llevas todo el día algo ausente, creí que, de alguna manera, quizá te hubieses enterado y no querías decirlo para no preocuparnos —se excusó ella .

—No sabremos nada hasta que nos lo diga el árbitro mañana, antes de empezar —aclaró Xalara, rebajando el tono y sin saber si aquella explicación era del todo verídica.

—Puede que esta noche Andris os lo diga en la mentoría —sugirió Aden, sentado junto a Michelle.

Xalara no respondió al comentario.

Como venían haciendo desde unas semanas atrás, continuaron practicando el movimiento de objetos, esquivando los improvisados obstáculos que el maestre Bóstoul había colocado por todo el auditorio.

El ejercicio comenzaba a aburrir a unos cuantos reclutas, dado que lo consideraban un retraso en la instrucción, entre ellos Xalara.

Lo realizaban por turnos de cinco reclutas, teniendo que bajar de las gradas para ello, por lo que el resto, mientras esperaban, podía conversar en voz baja sin que el maestre lo tuviera en consideración.

—Al menos sabemos que no consistirá en Historia Militar; eso ya es algo —profirió Michelle, tratando de mostrarse positiva—. ¿Y sabes en qué comarca se realizará?

—No sé nada —corroboró Xalara—. Y ahora mismo no me gustaría hablar de la Disciplina, ya pienso bastante en ella cuando estoy sola.

—Sí, tienes razón, lo siento —dijo Michelle—. Pero estoy preocupada por ti. Solo es eso.

Aden la miró con empatía.

Xalara no les había desvelado la conversación que mantuvo con Andris acerca del origen de Las Cinco Disciplinas y sus supuestas intenciones de salvarla. Lo consideraba una falsedad, y eso era lo último que necesitaban sus amigos para no dejar el tema.

Todos los reclutas realizaron el ejercicio tres veces, y Xalara dejó claro que ya lo dominaba. Algo por lo que Andris se mostraba satisfecho, aunque ella no soportase esa actitud.

Al finalizar la instrucción e igual que sucedió el día antes de la Disciplina Nº1, el maestre reclamó a Xalara y Diago cuando se iban. La muchacha estuvo a punto de no pararse .

—Esta noche volveremos a tener una mentoría —les informó—. No es obligatorio que sea conjunta, podéis hacerla por separado. Vosotros decidís.

—Yo quiero solo —aclaró Diago de inmediato.

—Perfecto —asintió el maestre—. Con uno que lo decida es suficiente. ¿Quién quiere ser el primero?

—Yo —respondió otra vez el chico, sin darle a Xalara la oportunidad de pensarlo.

—Vale. Entonces lo haremos de la siguiente forma —expuso Andris—.

Cuando sea la hora de cenar, los dos vendréis a mi despacho.

Cada uno de vosotros tendrá media hora para estar conmigo.

Tú, Xalara, esperarás fuera a que tu compañero termine su turno de mentoría.

Ambos cenaréis conmigo, no os preocupéis por eso. ¿Está todo claro?

Diago asintió y Xalara se marchó sin realizar gesto alguno.

Cuando sonaron las campanas que anunciaban la cena, la muchacha se dirigió al comedor como cualquier otra noche: no pensaba volver a reunirse con Andris.

Los supervisores del comedor se quedaron observándola cuando entró, y aunque daba la sensación de que iban a discutirle el hecho de que no estuviera en la mentoría, igual que los otros siete participantes ausentes en la cena, finalmente no le dijeron nada.

La mayoría estaba deseando que Xalara muriese cuanto antes y, visto desde una perspectiva externa, no acudir a la mentoría era algo que podría precipitar ese desenlace.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Michelle cuando se sentó con su bandeja junto a ella y Aden—. ¿Ya ha terminado la mentoría? ¿No dijiste que Diago sería el primero?

—No fui —contestó Xalara como si nada—. Y no voy a ir —añadió enseguida para que Michelle no comenzara a poner objeciones.

—Pero… —habló ella.

—Se acabó, es mi decisión.