Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #5
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CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #5

Casi instantáneamente, los músculos del cuello de Arturo se oprimieron, privando a sus pulmones de oxígeno. No desactivó la fórmula arlasófica hasta que su padre comenzó a convulsionar mientras era sujetado por los herederos.

—Ya está bien de juegos —manifestó Xalara con aquella desconocida voz.

Sus padres fueron arrastrados al exterior de la casa, a la cual prendieron fuego después de dibujar el símbolo de la Orden de los Herederos en el suelo frente a la entrada .

Arturo no emitía sonido alguno, como si estuviera demasiado grogui para hacerlo, o puede que no fuera capaz debido a una lesión en sus cuerdas vocales tras la agresión sufrida, pero Lana gritaba desesperada contemplando cómo las llamas devoraban su casa, antes de ser empujada calle arriba.

—Id llamando puerta por puerta y haced sonar la campana —ordenó el cuerpo en el que estaba instalada la mente de Xalara—. Que todos los habitantes, sin importar edad o condición, acudan a la plaza.

La mayoría de los herederos comenzaron a dispersarse por las calles mientras aporreaban las puertas de las casas y hacían cimbrear una campana portátil.

—Ahora pagaréis el precio de resistiros a la voluntad del Lórdezeit —aseveró Xalara con la que, ya sin ninguna duda, era la voz de Érmul Nórebol.

Con una incontenible energía nacida en lo más profundo de su desesperación, la chica gritó la palabra «no», alcanzando cada rincón de su mente, y la calle de Yadarme, con todo lo que había en ella, se desvaneció ante unos ojos que no eran los suyos.

Volvía a ser ella misma, con su cuerpo, corriendo por lo que parecía una mansión de estancias infinitas y perseguida por una bandada de cuervos que graznaban amenazantes a su espalda.

Consiguió despistarlos cuando subió por una escalera que acabó arrojándola a un corredor estrecho, donde la inclinada techumbre se encontraba cerca de su cabeza.

Allí acabó topándose con una puerta que estaba bloqueada.

Después de intentar en vano abrirla, comenzó a golpearla con manos y pies, hasta que el sonido de un reloj de péndulo se escuchó acercándose hacia ella, como si fuesen los pasos de alguien invisible que caminaba por el pasillo, produciendo sonidos de tic-tac cada vez más rápidos y audibles.

Xalara se agazapó contra la puerta cerrada, esperando el inminente choque contra esa entidad que no podía ver. Sin embargo, cuando debería haber sentido su contacto, los sonidos del reloj comenzaron a escucharse al otro lado de la puerta, como si la hubiesen traspasado .

Tras un parpadeo y sin entender cómo, Xalara se encontró de pronto otra vez en esa sala repleta de enormes espejos, encerrada en algo que no podía ver ni sentir con el tacto. El acelerado sonido de un segundero percutía sus tímpanos, y creyó que se volvería loca si no cesaba.

« Tienes que despertarte, solo es una pesadilla » —pensó, pero su deseo esta vez no se cumplió.

Estaba oscuro y, aparentemente, no había nadie más en la estancia, hasta que la puerta de la derecha se abrió muy despacio.

Fue desconcertante ver que quien entraba era ella misma.

Xalara estaba vestida con su antigua cazadora vaquera, una sudadera gris y unos pantalones negros.

A la espalda llevaba una mochila, y a la cintura una espada envainada: la espada legada por sus padres.

La chica corpórea se mostraba tan desorientada por estar allí como la propia Xalara que la observaba supuestamente desde dentro de un reloj, y esta quiso gritarle que escapara antes de que le robasen los objetos, pero no podía hablar.

Cuando Xalara miró hacia sí misma en el reloj se quedó paralizada, como si todos sus músculos se hubiesen vuelto de acero y hubieran desaparecido las extremidades.

Después comenzó a acercarse, como para comprobar si lo que estaba viendo era real.

De repente una gélida nube negra salió desde la Xalara que estaba en el reloj, disparada hacia la boca y nariz de la chica, e instantáneamente sus brazos se extendieron hacia atrás.

Lo mismo sucedió con su cuello, inclinando la cara forzosamente hacia el techo, mientras todo el cuerpo sufría fuertes espasmos.

A continuación, los pies de Xalara se elevaron unos pocos centímetros, quedando suspendida en el aire.

Parecía incapaz de respirar y sus ojos se volvieron completamente negros.

La Xalara que estaba dentro del reloj se sentía impotente ante el hecho de estar destruyéndose a sí misma.

Se escuchó un sonido sordo, como si un objeto de cerámica hubiese explotado sin ningún tipo de combustión.

Un instante después ocurrió lo mismo, y los pantalones de Xalara cayeron al suelo junto con las botas al quedarse sin sustento.

En el lugar donde debían estar las piernas ahora solo existían dos vórtices de humo negro.

Pero, antes de asimilarlo, sucedió con los brazos, cuyos dedos de la mano desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

Luego fue el torso, y finalmente la cabeza de Xalara, siendo los ojos los últimos en colapsar bajo un sonido horrendo.