Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #4
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CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #4

Una buena parte del claustro estaba ocupada por los farolillos de los deseos , que esperaban apagados a que alguien los encendiese.

En el centro del patio, los maestres, los supervisores y otros miembros del personal ya estaban con un farolillo en la mano, aguardando a los reclutas para supuestamente lanzarlos al cielo todos juntos .

Xalara se quedó al margen cuando la gran mayoría de reclutas, por no decir todos menos ella, recogieron un farolillo y extrajeron el papel y el lapicero que había dentro de una pequeña cápsula.

Se fijó en que Ozora también escribía su deseo para el nuevo año.

Pero sobre todo estaba pendiente de Michelle, preguntándose, o más bien fantaseando, con que estuviera escribiendo el deseo de que ambas pudieran reconciliarse para recuperar su amistad.

Aden no dejaba de hablar con ella mientras escribían, y Xalara estaba segura de que el chico le estaría explicando el principio aerostático que hacía posible el vuelo de esos farolillos.

Minutos después todos salieron al patio, y tras activar la fórmula fairefol para encender la vela situada en la base, soltaron los farolillos y estos comenzaron a ascender hacia el cielo de Lúgardark portando sus deseos.

No sabía explicar si se debía únicamente a la belleza y solemnidad de la escena, pero, para su propia sorpresa, Xalara sintió una tremenda necesidad de pedir su propio deseo. Entonces cogió uno de los farolillos y, como veía ridículo plasmar su deseo en un papel, decidió escribir una carta.

No sé cómo explicar lo que siento, nunca se me ha dado bien hacerlo.

Sé que somos diferentes y que te traté muy mal al principio.

Pero sabes una cosa… Nunca te he dicho que, conocerte, me cambió la vida.

Llevaba sola muchos años, incomprendida por todo aquel que me rodeaba, y tras perder a Víliam estaba convencida de que siempre sería así.

Sin embargo, cuando me encontré contigo en este sitio tan oscuro, tú fuiste la única luz que cambió esa certeza, y me sentí acompañada como nunca antes.

Por eso, ahora que no te tengo a mi lado, me siento vacía y sin esperanza, sabiendo que el poco tiempo que me queda será de esta forma.

Así que, al nuevo año le pido que nos reconcilie para que vuelvas a encender esa luz en medio de tanta oscuridad.

Perdón si te hice daño, porque esa nunca fue mi intención.

Te quiero, Michelle .

Xalara terminó el mensaje entre lágrimas y se apresuró a doblarlo para meterlo en la cápsula. Luego salió al patio, procurando mantenerse lejos del resto, y acercó sus dedos índice y pulgar a la vela para pronunciar:

— Fairefol .

No tardó en surgir una pequeña llama, y Xalara soltó con suavidad el farolillo, que se elevó mansamente en el aire.

Pero cuando había alcanzado unos pocos metros de altura, cambió bruscamente de dirección, como movido por una repentina ráfaga de viento.

Enseguida dirigió la vista hacia Diago y sus amigos, comprobando cómo Zanerya y no él empujaba el farolillo mediante arlasofía , hasta que terminó chocando contra Michelle.

Ella se llevó las manos a la cabeza, sobresaltada cuando una pequeña porción de su cabello se incendió. Aunque fue apagado rápidamente por Aden sin sufrir mayores consecuencias.

Eso provocó que gran parte de los presentes mirara hacia allí, mientras Diago y los suyos se partían disimuladamente de risa.

Xalara ni siquiera se enfadó con ellos. Estaba demasiado harta para hacerlo, y no esperó a recibir sus burlas e insultos, sino que entró en el claustro para marchar hacia el barracón.

Casi había llegado a la puerta del ala oeste cuando escuchó unos pasos corriendo a su espalda.

Al volverse vio que Michelle corría hacia ella, con Aden detrás intentando alcanzarla, seguramente para evitar lo que sucedería.

Xalara se quedó inmóvil, cerrando los ojos para recibir de buen grado el puñetazo.

Pero no fue así, sino que recibió un fuerte abrazo.

Cuando abrió los ojos vio la nuca de la chica, y a Aden estático, resollando unos metros más allá, observando la escena con las cejas arqueadas.

—Lo siento mucho —sollozó Michelle—. He sido una estúpida por sentir celos de ti. En realidad, me salvaste la vida cuando te presentaste candidata. El orgullo no me dejaba comprenderlo.

—Yo nunca quise …

Pero la mano de Michelle se posó sobre la boca de Xalara para ahogar sus palabras.

—Ya está, es suficiente —afirmó ella—. ¿Volvemos a ser amigas?

—Siempre —asintió Xalara con la voz tomada.

Luego se fundieron en otro abrazo al que, titubeante, se sumó Aden, y Xalara se fijó en cómo los últimos farolillos se perdían definitivamente en el cielo nocturno y neblinoso de Lúgardark.

—Ahora somos tres en el mismo saco —reflexionó Michelle, haciendo alusión a aquella frase que dijo al principio del semestre cuando rechazó al muchacho.

Paradójicamente, Zanerya, sin saberlo y en contra de su voluntad, acababa de arreglar un problema que parecía insalvable. Desde allí Xalara no llegaba a distinguirla, pero seguro que estaría igual de confusa que todos los demás.

Esa noche, Xalara se acostó con una sensación totalmente distinta a la de las últimas semanas, sabiendo que ahora, quien se encontraba en la cama superior, era alguien que la quería. Y antes de dormirse pensó que, después de todo, quizá la Noche de los Deseos no era tan ridícula.

En medio de otra noche, Xalara caminaba por las calles vacías y silenciosas de Yadarme.

Pero no era ella quien lo hacía, puesto que no eran sus brazos ni sus manos; además su vista estaba unos cuantos centímetros más alta de lo normal.

En definitiva, no era su cuerpo, pero sí su mente, o quizá eso tampoco.

A su lado caminaban varios herederos, especialmente uno que lo hacía casi a su par.

—Es esta —dijo él, con la voz distorsionada por la máscara, deteniéndose frente a la entrada de una casa típica de Yadarme, con la pared blanca y las vigas de madera cruzadas, aunque Xalara no llegaba a distinguir exactamente en qué parte del pueblo se encontraba.

—Entonces acabemos cuanto antes —dijo ella, o quien fuera dueño de esa masculina voz—. Odio estar en este suelo infestado de falsos arlasofos .

—No los mate —declaró el mismo heredero, poniéndose delante de la puerta—. Se lo suplico, señor. Enciérrelos en una celda para siempre, pero no los mate.

—Ya les perdoné la vida en una ocasión, conmovido por tus súplicas —aseguró—. Ahora no habrá piedad para ellos; se unirán a mi ejército nocturno.

—Quizá puedan serle útiles —insistió el heredero—. Él es muy inteligente, ya vio lo que casi consigue con sus objetos más preciados. No estuvo lejos de robárselos.

—Y también impulsivo y peligroso para mis intereses —argumentó la voz que salía de Xalara—. Han sembrado una semilla que no podemos dejar que germine.

—Entonces mátela a ella —sugirió el heredero, sonando desesperado—. Conviértala en su nukternoz y haga que él lo presencie. Ese será mayor castigo que simplemente acabar con su vida. Luego enciérrelo en la celda más fría y oscura que exista.

—La decisión está tomada, Alexios —rubricó Xalara con autoridad—: Arturo Vágüer y Lana Oróbric serán convertidos esta noche delante de todo el pueblo, para que sirva de precedente y erradique sus ideas de sublevación.

El heredero asintió, resignado ante la realidad de los acontecimientos.

—Deje que al menos me despida de ellos —solicitó, más calmado—. Permítame entrar y despedirme a solas. Al menos concédame ese beneplácito.

—Hazlo —dictaminó la voz que nacía del interior de Xalara tras unos segundos—. No tardes ni intentes tonterías.

Alexios forzó la endeble puerta de una patada y entró en la vivienda.

Transcurrieron unos pocos minutos hasta que Xalara, impotente al no ser dueña de nada más que sus pensamientos, y los herederos que la acompañaban fuera, irrumpieron en la casa donde, presumiblemente, ella había nacido.

Alexios se apresuró a ponerse la máscara de heredero que tenía en la mano.

Tanto él como el hombre que estaba a su lado resollaban.

La mujer se encontraba sentada en una silla, temblando por el llanto desconsolado.

Xalara quiso colocarse delante de sus padres para protegerlos, pero ese anhelo fue tan imposible como cuando deseó gritarles que corrieran y escaparan de allí, porque, ¿cómo podía ponerse delante de ella misma?

Los herederos que entraron se abalanzaron sobre Arturo y Lana.

Por un momento, pareció que Alexios desenvainaría su espada para defenderlos, pero finalmente se apartó y se colocó junto a Xalara, presenciando el amordazamiento sin mover un dedo para evitarlo.

Lana no ofreció apenas resistencia, pero Arturo tuvo que ser golpeado varias veces y fue precisa la intervención de tres herederos para llegar a reducirlo.

En contra de su voluntad, Xalara se agachó hasta poner la cabeza a la altura de la de su padre, que tenía un ojo semicerrado por la inflamación del golpe y sangraba por una herida abierta en su labio inferior.

La chica quiso estirar los brazos para estrecharlo, pero ninguno de sus estímulos llegaba a producirse.

—¿Creías que conseguirías vencerme juntando a unos cuantos falsos arlasofos en un pueblucho como este? —comentó Xalara con la voz de hombre.

Arturo le escupió en el rostro, aunque ella no percibió ningún salivazo. Su brazo se accionó y se estiró hacia su padre, quedando muy cerca de su garganta.

— Begagxio —pronunció la voz de aquel hombre.