Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #3
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CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #3

La recluta, que se había quedado rumiando cómo una anciana nonagenaria era capaz de subir y bajar aquellos peligrosos peldaños, entró y dejó que la puerta se cerrase a su espalda. Al fijarse en la guardiana vio que su rostro mostraba el vestigio del llanto.

—Te he hecho una pregunta —insistió Ozora, sentada en una silla, con la voz todavía un poco rota.

—Igual no es el mejor momento —se percató Xalara, haciendo ademán de marcharse .

—Ahora no te vayas —ordenó la guardiana, poniéndose en pie—. Quiero que me digas por qué estás aquí.

Aún vaciló con no hacerlo, pero Xalara decidió quedarse.

—¿Por qué me preguntó antes de la Disciplina Nº1 si me gustaba leer libros de historia? —indagó ella sin ponerle filtros a su pregunta.

—¿Te apetece un té caliente? A mí sí —respondió Ozora evasiva, acercándose a la chimenea.

—Vale —aceptó Xalara, adoptando una actitud dócil, consciente de que así sería más sencillo abordar el tema.

No volvieron a dirigirse la palabra hasta que la guardiana terminó de preparar el té y servirlo en la mesa.

—Siéntate, por favor —le pidió a la joven cuando ella ya lo hacía.

—¿Por qué? —inquirió de nuevo Xalara con cierta brusquedad—. ¿Por qué me preguntó si leía libros de historia?

—¿Tan grave es? —dijo la mujer—. A mí me gusta leer ese tipo de libros. Algunos los he leído decenas de veces.

No obstante, en su expresión Xalara detectaba incomodidad, o puede que solo quisiera hallar algo que no existía; no sería la primera vez.

—He tenido mucho tiempo para leer estos últimos años —aseguró Ozora—. Mi madre me tenía recluida en mi propio dormitorio, y los personajes de esos libros fueron mi única compañía. Aunque acabaron convirtiéndose en una obsesión. Por eso… En fin.

La guardiana tomó un trago de té y aquello pareció bloquear las lágrimas que emergieron en sus ojos.

Al escuchar esto, los niveles de empatía de Xalara se dispararon al máximo, y aunque quiso comentarlo, no supo cómo hacerlo.

—Desde pequeña tuve que sentir el rechazo de otros niños —continuó Ozora—.

Se metían conmigo porque me consideraban demasiado masculina, y jamás encajé en ningún colectivo.

Cuando cumplí quince años, el Lórdezeit ascendió al poder, y mi padre se vio obligado a entrar en la Orden de los Herederos para salvar la vida de su familia.

Aun así, nunca entendí su decisión hasta mucho tiempo después, y por eso lo odié; lo hice hasta que murió en la Guerra Civil de Bibrébem .

Tras escuchar esa afirmación, Xalara tragó saliva como un acto reflejo.

—Después de aquello, los herederos me reclutaron contra mi voluntad, como sustituta de mi padre.

Durante ese tiempo descubrí dos cosas: que tenía talento para la lucha, y que no quería convertirme en un instrumento de represión.

Por eso ejercí un doble papel dentro de la Orden.

Por un lado, actuaba tal y como establecía el protocolo del Lórdezeit, pero, a la vez, me encargaba de frenar abusos cuando podía.

Esa fue mi única forma de resistir desde dentro.

»Cuando el Lórdezeit murió, me entregué voluntariamente a las autoridades para asumir mi condena.

Pero cuando fui juzgada por la propia Syliana, ella me exculpó de todos los cargos.

Aun así, nada fue bien para mí desde entonces, pues toda la sociedad conocía la cara de quienes fueron herederos.

Por esa vergüenza me encerré en casa, y mi madre puso mucho de su parte para que así fuera.

Ozora dejó de hablar para sonarse los mocos de manera estruendosa.

—Hace algún tiempo, Syliana llegó a mi casa con la intención de rescatarme, ofreciéndome el puesto de guardiana de Lúgardark.

Aunque no estoy muy de acuerdo con esto de la EDMO, ella me daba algo distinto: la oportunidad de usar mi fuerza para proteger en lugar de someter.

Además, era una vía de escape para dejar atrás, de una vez por todas, mi oscuro pasado —concluyó sin poder apartar el pañuelo de su rostro.

—¿Y lo ha conseguido? —preguntó Xalara al cabo de unos segundos—. ¿Ha dejado atrás su pasado?

La guardiana compuso una sonrisa resignada y siniestra debido a la cicatriz que nacía en la comisura de sus labios antes de responder:

—Alguien me dijo que tu pasado no te define, sino lo que haces en el presente.

—¿Quién se lo dijo? —demandó Xalara, sintiendo un escalofrío que le erizó la piel del cuello.

—Syliana Meistre —aseguró—. Y ella lo sabe mejor que nadie. Es una buena persona, la mejor que he conocido .

Cuando Xalara iba a interrogarla acerca de ello, la guardiana se levantó y caminó hacia un mueble situado en la esquina, de cuyos cajones extrajo un periódico que tiró sobre la mesa.

La recluta consultó a la mujer con la mirada antes de estirar el brazo para recogerlo.

—Página siete —apuntó Ozora, al parecer sin remordimiento por estar incumpliendo una norma de Lúgardark.

Xalara abrió el ejemplar de El Arlasofo con la casualidad de hacerlo por la página deseada, y sus ojos se fijaron en una parte del texto que alguien había rodeado a bolígrafo.

Se rumorea que Xalara Verdreven habría empezado una especie de amistad con la recientemente nombrada guardiana de Lúgardark, Ozora Dein, con la que muchos aseguran haberla visto. No sería de extrañar conociendo los antecedentes de ambas.

La anciana Lady Maestre se ha negado a dar explicaciones a los medios de comunicación cuando se le ha requerido por carta.

No obstante, este periódico ha podido saber que, en realidad, fue Meistre quien contrató a Ozora Dein y no la presidenta del Gobierno. Por lo que la responsabilidad de todo cuanto pueda suceder con ella corre a cargo de la anciana.

—¿Por qué me enseña esto? —preguntó Xalara sin esconder su desconfianza, despegando los ojos del papel hacia la guardiana—. ¿La Lady Maestre le ha pedido que lo haga?

—Lo he hecho porque he querido —afirmó la guardiana, pero su tono no convencía.

—No pareces esa clase de persona —opinó Xalara en voz baja—. ¿Fue ella la que te contó también en qué consistiría la Disciplina Nº1 para que luego me lo dijeses a mí? ¿Por esa razón me preguntaste si me gustaba leer libros de historia?

—No sé de qué me hablas —respondió Ozora, quitando el periódico de la mesa .

—Ese artículo insinúa que contratar a la guardiana es una decisión del Gobierno —presionó la recluta, poniéndose en pie para acercarse a la mujer, que de repente parecía acorralada—. ¿Por qué iba Syliana a arriesgarse contratando, además, a alguien con tus antecedentes?

Ozora estaba al borde del llanto, y estiró sus brazos hacia Xalara gritando:

—¡ Begagxio !

La muchacha salió disparada hacia atrás por una tremenda fuerza intangible, golpeándose en la espalda contra la mesa.

—Lo siento, perdóname. Yo no… —gimoteó Ozora de inmediato, llevándose las manos temblorosas hacia los ojos, como si no quisiera ver lo que había hecho.

Luego empezó a dar vueltas sin sentido por la estancia mientras Xalara se ponía de pie con un fuerte dolor instalado en la zona lumbar.

La recluta temía que Ozora le diese la estocada. Por eso se apresuró a salir de allí sin perder el contacto visual con la guardiana, que acababa de sentarse en el suelo de una esquina, con las manos en la cabeza y encogida como una niña asustada.

Cuando descendía con mucha precaución hacia el patio, Xalara se sintió culpable por lo que acababa de pasar.

Aunque le molestara el simple hecho de dudarlo, tal vez Andris tenía razón: su mente era demasiado conspirativa y quizá estaba viendo algo donde en realidad no había nada.

Eso mismo le ocurrió cuando sospechaba que Víliam estaba dentro de la Orden de los Herederos y en realidad su único propósito era protegerla, como hizo hasta su último aliento.

También lo tenía claro con Alexios y, al final, no fue así.

Se acercaba el fin de año, y en Las Cinco Comarcas, como era tradición, siempre se celebraba con la Noche de los Deseos.

Xalara, igual que los cumpleaños, solo lo había festejado con su madrina cuando era pequeña.

Nunca pensó que en un sitio como Lúgardark celebrarían algo así, por eso, cuando Andris les informó sobre ello a los del Noroeste durante la instrucción del martes treinta y uno de diciembre, le costó asimilarlo .

—Antes de que os vayáis tengo que deciros algo —anunció el maestre—. Tras la cena de hoy celebraremos la Noche de los Deseos.

Entre los reclutas se formaron miradas de complicidad y caras de satisfacción. Xalara se fijó especialmente en Michelle, que le sonrió a Aden, aunque este no le devolvió el gesto. Y cuando notó que Xalara la observaba, ella también borró la sonrisa.

—Habrá farolillos suficientes para que todos tengáis la oportunidad de escribir y lanzar al cielo vuestro deseo para el nuevo año —continuó el maestre—.

No es obligatorio participar en el ritual, pero sí lo es acudir al patio delantero, donde estaremos todos, incluidos los maestres.

Os pido, además de un serio comportamiento, un respeto por aquellos compañeros que no quieran celebrarlo.

Aun con el poco apetito que tenía, la cena de esa noche, por lo extraordinario de su contenido, fue la más sabrosa que Xalara recordaba desde que llegó a Lúgardark.

Cuando nadie lo esperaba, sonaron las campanas, pero no fueron tres como era costumbre para finalizar la cena, sino cinco.

Muchos reclutas se pusieron en alerta, dudando sobre la obligatoriedad de salir hacia la entrada del centro de formación militar.

Sin embargo, la rápida aparición de la guardiana en la puerta del comedor calmó los ánimos.

—¡Tranquilidad! ¡No se trata de lo que pensáis! ¡Solo es el aviso para que salgáis al patio! —se afanó en informar Ozora, con quien Xalara evitó por todos los medios posibles cruzar la mirada.

Cuando salieron al patio, la nieve había dejado de caer después de unas cuantas horas haciéndolo ininterrumpidamente, como si el propio clima se hubiera unido a la celebración. Incluso la temperatura se había suavizado. A ello también contribuía que la niebla fuese menos densa de lo habitual.