Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #2
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CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos #2

Michelle no esperó un nuevo aviso para hacerlo y sacudió su espada, de la que brotó un haz de luz blanco dirigido hacia Xalara. Preparada, ella lo desvió hacia el cielo de Lúgardark, donde se perdió entre la niebla antes de que se escuchara su peculiar desvanecimiento.

—¡Ahora cambiad las tornas! —ordenó la maestre .

Pero Michelle parecía tener otros planes, y cuando Xalara había bajado la guardia, disparó de nuevo hacia ella. Un ataque que impactó en su espada y que estuvo muy cerca de causarle daño físico. No se detuvo ahí, sino que siguió atacando como si estuviera poseída por una rabia incontrolable.

Gúlfrica la desarmó tras empujarla por la espalda desde la distancia, mediante una fórmula arlasófica .

—Solo un ataque por turno —le reprochó la maestre.

Michelle jadeaba y tenía los ojos fuera de sí, mirando hacia su odiada compañera. Xalara estaba tan dolida moralmente que ansiaba cerrar los suyos y desaparecer para siempre.

—No creas que me importa que hubieras acabado con la matapresidentes —aseguró Gúlfrica cuando llegó a la altura de Michelle y recogió su espada, que se había clavado en la nieve.

Sin embargo, la recluta no dejaba de observar a Xalara, como si no existiera nadie más, y de repente abandonó corriendo el patio de Combate. La maestre no se lo recriminó, a pesar de que iba contra las normas.

Tras largarse sin permiso, Michelle tampoco apareció durante la siguiente instrucción, causando un revuelo cuando pasaron lista.

Ni se encontraba en el barracón cuando fueron a ducharse y cambiarse para acudir a Arlasofía Aplicada.

Xalara temía que quizá, arrastrada por un sentimiento destructor, Michelle hubiese hecho alguna locura, y recordaba una y otra vez a Viggo dejándose caer del balcón.

—¿Dónde está Michelle? —preguntó Andris cuando todos se hubieron sentado, incluso sin la necesidad de pasar lista.

El maestre se fijó en Xalara, pero ella apartó la mirada, fingiendo que no se había dado cuenta.

—Se fue durante la instrucción de Combate, señor —dijo el recluta Garret.

—¿Puedo saber por qué?

El corazón de Xalara se aceleró intuyendo que iban a nombrarla como la culpable .

—Creo que fue por algo que le dijo la maestre —respondió esta vez Ashe.

—¿Pero nadie sabe dónde está?

Para esta pregunta no hubo respuesta.

Andris no insistió y comenzó a impartir su instrucción, en la que volvieron a los inicios de la EDMO, teniendo que desplazar, mediante arlasofía , una liviana esfera de un lado para otro, aunque esta vez sorteando una serie de obstáculos que recrudecieron el ejercicio.

Nadie fue capaz de conseguirlo a la primera, incluso una gran mayoría tampoco a la segunda ni a la tercera.

Cuando sonaron las campanas para anunciar el fin de la instrucción y con ello la jornada lectiva, el maestre se acercó a Diago cuando este salía y también se afanó en reclamar la atención de Xalara, sin llamar la del resto de sus compañeros.

—Me han informado de que la Disciplina Nº2 se llevará a cabo el domingo doce de enero —les comunicó—. Es decir, en cuatro semanas menos un día.

—¿Y en qué consistirá? —preguntó Diago, con más ansiedad de la que seguro quería mostrar.

—Ya sabéis que desconozco esa información —explicó, dirigiendo una fugaz y esclarecedora mirada hacia Xalara.

—Pues vaya mierda —opinó el chico antes de irse, seguido por su compañera.

—Espera, Xalara —solicitó Andris, pero ella lo ignoró.

La cena de esa noche fue breve para Xalara, pues se apresuró a comer lo poco que había echado en su bandeja con la intención de visitar a Aden en el centro de sanación antes del toque de queda.

Por el camino pensó en varias cosas. En la proximidad de la Disciplina Nº2, pero principalmente en el paradero de Michelle, algo que estaba deseando contarle a Aden, por si a él se le ocurría un lugar al que podría haber ido. Xalara estaba tan preocupada que tenía el grifo de las ideas cerrado .

Toda esa inquietud respecto a Michelle se esfumó cuando entró en el centro de sanación, pues ella se encontraba sentada al lado de la cama de Aden, conversando con él como si nada.

El chico fue el primero en divisar la llegada de Xalara, hacia la que desvió los ojos. Michelle no tardó en percatarse y se levantó de la silla con brusquedad, saliendo de la estancia a toda prisa. Cuando se cruzó con Xalara, esta pudo notar que Michelle había estado llorando.

Xalara ni siquiera hizo ademán de contenerla, simplemente cerró los ojos y tragó saliva, como si así pudiera eliminar el nudo que se le había formado en la garganta. Luego se acercó a la cama que ocupaba Aden, quedándose en el piecero.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó el chico.

—¿Qué? —respondió ella, como salida de un trance—. Esa pregunta debería hacértela yo, ¿no crees?

—No te preocupes por mí —aseguró él con una sonrisa—. Estoy hasta arriba de tónicos analgésicos.

A pesar de todo, Xalara sonrió por primera vez en muchas horas, porque el tono empleado por el chico le causó gracia. Después se sentó en la silla que había ocupado Michelle, para estar más cerca de Aden y evitar que forzara la postura cuando la miraba.

—Michelle me ha contado qué pasó esta tarde —declaró el chico, sin apenas titubear pese al contexto—. Esa Gúlfrica, además de una pésima maestre, es una mala persona.

—Esta vez no ha sido solo culpa de la maestre —dijo Xalara, sorprendiéndose a sí misma tras pronunciar esa opinión—.

Las responsables somos Michelle y yo. Nuestra situación es insalvable —tuvo que detenerse para ahogar un sollozo—.

Pero hay demasiados sentimientos acumulados, y hasta que no desaparezcan, va a ser duro.

—¡Sois unas idiotas! —exclamó Aden, asustando a su compañera, enfatizando cada palabra con una mueca de dolor—.

Nunca he conocido a nadie más tonto que vosotras dos.

Tú has estado cerca de morir y puedes hacerlo en la siguiente Disciplina —explicó sin ningún pudor—, y ni siquiera eso os conmueve para que arregléis vuestros problemas.

No tenéis idea de lo afortunadas que habéis sido por haber formado una amistad tan bonita, y ahora la habéis destrozado.

Te aseguro que, si te toca morir pronto, en lo último que pensarás es en el arrepentimiento de no haber hecho las paces con Michelle.

La chica levantó la mirada desde el suelo hacia su compañero, que tenía la mandíbula tensa por el enfado. Sintió tanta vergüenza al verlo así, que no pudo soportarlo y se fue corriendo mientras la sanadora salía de su oficina, alertada por el tono de Aden.

Cuando Xalara llegó al barracón, Michelle ya estaba en la cama, tapada hasta arriba, algo que agradeció.

Al día siguiente tenía decidido solicitar un cambio de litera, aunque probablemente recibiría una negativa por parte de la supervisora de dormitorios.

De alguna forma estaba segura de que Michelle ya la habría pedido antes, y el resultado era evidente.

Las siguientes jornadas fueron tan duras o incluso más que las anteriores para Xalara.

Aden regresó junto al resto de sus compañeros diez días después de su accidente.

Lo hizo con muletas y sin poder realizar las formaciones matutinas ni ningún otro ejercicio físico que las instrucciones de la EDMO requerían.

Como cabría esperar en su caso, esto fue aprovechado por los de casi siempre para menospreciarlo.

Desde su vuelta, el chico apenas le dirigía la palabra a Xalara, y aunque se sentía dolida, ni mucho menos se lo reprochaba.

El domingo, a falta de dos semanas para la Disciplina Nº2, Xalara se encontraba sola, de pie frente a una ventana en uno de los corredores del ala oeste, observando cómo caían nuevos copos de nieve, perdida en sus innumerables y retorcidos pensamientos.

De pronto, como si fuese un aparato de radio, sintonizó un recuerdo.

Ozora, horas antes de acudir a Tuzrres para la Disciplina Nº1, le había preguntado si le gustaba leer libros de historia, con la casualidad de que la Disciplina consistió exactamente en eso.

¿Y si aquella pregunta no fue una simple coincidencia?

¿Y si la guardiana, por la razón que fuese, sabía en qué consistiría la Disciplina Nº1 y en aquel momento trató de decírselo?

Quizá fuese por el tremendo sentimiento de soledad que la embargaba, pero no pudo resistir el impulso de buscar a Ozora.

Aunque era domingo, la taberna estaba cerrada debido a las duras condiciones climatológicas, por eso las zonas comunes de Lúgardark se encontraban concurridas.

Xalara tuvo que tirar de picardía cuando salió al claustro del patio delantero, para no llamar la atención de un numeroso grupo de reclutas del Noreste que conversaban animosamente.

Al llegar al pie de la escalera que subía hacia el vestíbulo, descubrió que había pisadas en la nieve que cubría los escalones, y aunque lo lógico era pensar que pertenecían a Ozora, descartó de inmediato esa posibilidad porque eran mucho más pequeñas que las que habría dejado la guardiana con sus enormes botas.

Clandestinamente, y con más de un susto en el cuerpo, Xalara alcanzó el vestíbulo, donde, bajo una intensa vigilancia de los cuero negro que custodiaban la salida, se acercó a la vivienda de la guardiana, cuya garita estaba vacía.

Dudó antes de llamar, y esos segundos bastaron para que la puerta se abriese, revelando a la Lady Maestre, que se disponía a salir.

Xalara se quedó tan petrificada como Syliana, y estaba convencida de que le recriminaría haber subido hasta allí.

Pero la anciana, como había hecho durante meses, se fue sin mirar a la cara de la recluta, que no se movió hasta que estiró el brazo para evitar que la puerta se cerrase, sin dejar de mirar hacia la escalera, donde Syliana comenzó a descender hasta desaparecer de su vista.

—¿Qué haces tú aquí? —se sorprendió Ozora al verla desde dentro.