CAPÍTULO 14La Noche de los Deseos
La Noche de los Deseos
Xalara estaba situada tras él y, para su suerte, fue la elegida por la maestre Lenders para ayudar a su compañero, dado que apenas podía caminar sin el apoyo de alguien.
—Gracias —dijo Aden cuando estuvieron bajo techo, sin poder ocultar las muestras de dolor.
—Me han obligado —opinó Xalara, recordando cómo el chico les había jugado una encerrona a ella y a Michelle con consecuencias terribles para ambas—. Aunque prefiero estar aquí dentro que pasando frío ahí fuera —añadió con una sonrisa forzada para suavizar lo primero.
—¿Estás bien? —dijo el chico.
—¿Y tú me lo preguntas? —respondió ella—. Apenas puedes caminar .
—Ya, bueno, pero como no había podido hablar contigo desde que volviste de la Disciplina Nº1… quiero decirte que me alegro mucho de que estés aquí.
Xalara volvió a sonreír, esta vez con más sinceridad.
—Debió de ser muy duro —insistió él.
—No quiero hablar de ello —repuso la muchacha, cuya tensión concentrada en algún punto volvió a repartirse por todo su cuerpo.
—¿Crees que me obligarán a volver aunque tenga algo roto? —se preocupó Aden, cambiando de tema como Xalara le pidió.
—No, el año pasado yo estuve ingresada varios días en el centro de sanación hasta que me recuperé.
—¿Y eso?
—Haces muchas preguntas —opinó Xalara con un tono que no sonaba a reprimenda—. ¿Lo sabías?
Aden sonrió, una expresión que permutó enseguida en una mueca de dolor tras un mal apoyo.
Llegaron al centro de sanación, donde fueron recibidos por una oleada de calor gracias a las chimeneas que siempre estaban encendidas allí. Xalara accionó la campanilla que había al lado de la puerta, la cual conocía bastante bien.
Aurora Áselfof, vestida con el uniforme gris claro, salió de su oficina mientras recogía el cabello, que ya era mucho más blanco que castaño, en un moño. Cuando vio a Xalara no pudo disimular un gesto que la delataba.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando más a la chica que a Aden, el verdadero paciente.
—Me he caído en la formación por culpa del hielo —explicó él—. Supongo que me he roto la cadera.
—No creo —opinó la sanadora con una voz tierna—. ¿Cómo te llamas?
—Aden Nordín, recluta de la Comarca del Noroeste, señora —respondió como si fuese la pregunta de un examen.
—Ven, Aden, túmbate de costado en la cama. Por supuesto dejando libre el lado del golpe —se apresuró a añadir cuando ella y Xalara condujeron al chico a la más cercana—. Pero antes quítate toda esa ropa de abrigo. Tú ayúdale, Xalara.
La recluta, que ya se iba, tuvo que abandonar su propósito. Aden la observaba con la misma incomodidad que ella sentía mientras le ayudaba a desvestirse, dejando solo el uniforme deportivo.
—Veamos qué ha pasado —dijo Aurora, colocándose sobre los ojos azules las gafas que le colgaban del cuello e inclinándose sobre el chico para examinarlo, bajándole un poco el pantalón, lo que hizo que Xalara se diera la vuelta para no ver la cadera desnuda de su compañero—.
Tenías razón, sufres una leve fisura en la pelvis —dictaminó la sanadora, y Xalara no pudo evitar echarle un fugaz vistazo de reojo a la marca morada e inflamada, cuestionándose cómo podía saber Aurora que eso se debía a una fisura y no a una simple magulladura—.
Y has tenido suerte de que solo te haya afectado en una zona pequeña y aislada, porque estos golpes suelen derivar en problemas más complejos de tratar.
Aden se apresuró a subirse el pantalón cuando la sanadora se volvió hacia una mesa con ruedas donde tenía una serie de utensilios de sanación, aunque la apartó para ir más lejos.
—Ven —le dijo a Xalara—, tienes que ayudarme.
Por alguna razón, la recluta estaba convencida de que lo único que quería Aurora era hablar con ella donde Aden no pudiese escucharla.
—Ya te había echado de menos por aquí —comentó con sarcasmo cuando entraron en la oficina—. El semestre pasado fuiste mi paciente más asidua.
—Pues ya ve —contestó Xalara—. Al menos esta vez no soy la protagonista.
—Es el chico nuevo, ¿verdad?
—Sí —confirmó la recluta.
—¿Y tú qué tal te encuentras? —preguntó la sanadora mientras buscaba en un armario.
Xalara pudo ver en él un frasco similar al que casi le cuesta la vida unos meses atrás.
—Se refiere a la Disciplina Nº1, ¿no ?
El silencio que siguió lo hizo evidente.
—Pues estoy aquí, así que supongo que bien —dijo con un tono que gritaba su desinterés por seguir hablando del tema.
—Por la forma en la que lo cuentas no lo parece —opinó la mujer—. ¿Cómo le va a Michelle? Casi se me hace extraño no veros juntas.
—Ella y yo no nos hablamos —respondió Xalara con la pesadumbre que eso le causaba.
—Me cuesta creerlo —admitió Aurora, desviando la vista hacia Xalara—. Parecíais inseparables e independientes la una de la otra. ¿Qué ha ocurrido entre vosotras?
La joven carraspeó.
—Supongo que Aden tiene que quedarse aquí unos días, y yo tengo que ir a ducharme y desayunar —respondió, zanjando el tema.
—Xalara —reclamó la sanadora cuando ya se iba—. Me alegro de que estés aquí, quiero decir…
—Lo he entendido —se anticipó ella.
Luego se acercó a la cama de su compañero.
—Yo ya me voy —le avisó por la espalda.
Aden intentó volverse, pero el dolor se lo impidió.
—Si no regreso en unas horas… ¿podrías decirle a Michelle lo que ha pasado? —solicitó el chico.
—Sabes que no —contestó escueta antes de abandonar apresurada el centro de sanación, convencida de que Aurora le preguntaría a Aden el motivo del desencuentro entre las dos examigas.
Cuando Xalara regresó junto a sus compañeras para la ducha, notó que Michelle estaba preocupada. Sus miradas se cruzaron en un par de ocasiones, en las que pareció tentada de preguntarle por Aden, o más bien esperando a que Xalara la informara sin pedírselo.
De camino a la instrucción de Historia Militar, Keity Járrenjeil se acercó a Xalara para caminar a su lado.
—No he podido hablar contigo desde que volviste de la Disciplina Nº1 —se excusó sin dejar de mirar al frente—. Solo quería decirte que me alegra verte de vuelta .
Dicho esto, Keity aflojó disimuladamente el paso para unirse al grupo de reclutas que venían por detrás.
Los pasillos de Lúgardark estaban especialmente fríos después de la primera nevada. Por ese motivo resultó reconfortante entrar en el auditorio, donde la chimenea permanecía encendida. El veterano maestre los esperaba en el centro de la estancia.
—Como ya os habrán informado y si no lo hago yo, la Disciplina Nº1 estuvo basada en la instrucción de Historia Militar —dijo él, consiguiendo que gran parte de los reclutas, entre los que no se encontraba Michelle, mirase a Xalara y Diago—.
Sé que la mayoría de vosotros apenas atendéis a mis enseñanzas.
Algo que casi les cuesta la vida a dos de vuestros compañeros.
De no ser porque la recluta Verdreven sí se interesa, hoy habría dos asientos libres en ese graderío.
El recluta Zúnkerberg no supo responder a ninguna de sus preguntas, y lastró a su compañera por una imprudencia en la última que era conjunta.
Como cabía esperar, la crítica no fue bien encajada por Diago ni por sus más acérrimos amigos, que lo miraban con exageradas expresiones de empatía.
Xalara observó cómo él tenía los puños apretados encima de su pupitre, sin duda a punto de soltar algún insulto contra el maestre.
Lo que más temía ella era que esas palabras de Aldo se volvieran en su contra en forma de alguna represalia por parte de Diago, y deseaba que cambiara de asunto cuanto antes, como así ocurrió.
No obstante, el muchacho no le dijo nada después de Historia Militar, ni tampoco en el comedor a la hora del almuerzo. Estaba claro que sabía que le debía la vida. Xalara esperaba que nunca olvidara ese detalle a pesar de su corta inteligencia.
Por la tarde, durante la instrucción de Combate, Gúlfrica no comentó la ausencia de Aden para hacer alguna alusión a su torpeza.
Era evidente que para la maestre no resultaba gratificante el agravio si el protagonista no estaba presente.
Eso demostraba que al menos siempre iba de cara, lo cual era resaltable en una sociedad tan hipócrita.
Más sorprendente todavía para Xalara fue que no le hiciera ningún comentario sobre la Disciplina Nº1.
Pero que no sacara ese tema no significaba que la instrucción fuera a ser placentera para ella .
—Después de haber pasado muchos días defendiéndoos con mediocridad de mis insulsos ataques, ha llegado el momento de que lo hagáis por parejas, poniendo en práctica lo entrenado —informó Gúlfrica—.
Haciéndolo por turnos, uno de los reclutas de cada pareja lanzará un solo ataque que el otro tratará de repeler; luego os cambiaréis los papeles.
Juntaos con quien tenéis a la derecha. Verdreven, Nédelen, vosotras vais de pareja —añadió enseguida cuando ambas miraban al compañero de al lado.
Esa circunstancia no sorprendió a Xalara, puesto que ya estaba acostumbrada a esos giros de guion por parte de la maestre si era ella la protagonista. Gúlfrica buscaba elevar aún más la tensión entre ambas reclutas, en un conflicto conocido por todos tras la pelea que tuvieron en la taberna.
En el primer semestre, Gúlfrica ya las había puesto a combatir juntas, pero Xalara se negó a luchar contra ella. Aquello derivó en que la propia maestre terminase como su rival, venciéndola y humillándola. Ahora la situación era muy distinta.
Xalara y Michelle, con el gambesón puesto y una espada arlasófica en la mano, se separaron de sus compañeros y caminaron hacia el centro del patio.
—¡Más rápido! —las apremió Gúlfrica—. ¡Quiero que todas las parejas lo practiquéis varias veces y que yo pueda verlo!
Ambas reclutas tomaron posición y empuñaron sus espadas en ristre. Xalara, con los pies semihundidos en la nieve, sintió que todo se oscurecía a su alrededor, como si el atardecer hubiera empezado a correr más rápido.
—Nédelen, tú serás la primera en lanzar un ataque —señaló la maestre.