CAPÍTULO 12La Disciplina Nº1 #5
—Seguimos con el tercer escalafón en la Disciplina Nº1 —dijo el árbitro—.
La siguiente pareja con mayor puntuación ha sido la Comarca del Suroeste.
Rebeca Firen y Brock Zeyral también han acertado tres respuestas y fallado dos.
Pero como lo hicieron en más tiempo que la pareja del Centro, han quedado en tercer lugar.
Los dos participantes se cogieron tiernamente de la mano y pegaron sus frentes, pero, aunque todo apuntaba a ello, no llegaron a besarse. Fue entonces cuando Xalara recordó que Rebeca había declarado estar enamorada de Brock durante la ceremonia de selección.
La inquietud aumentó hasta el extremo, pues, indudablemente, todos comprendían la importancia de lo que venía.
Los anfitriones del Sureste y la pareja del Noroeste conocerían enseguida quiénes morían y quiénes continuaban vivos para quizá hacerlo en la próxima Disciplina. Xalara estaba tan asustada que incluso se vio tentada de agarrarse al brazo de su compañero, sintiendo una inentendible conexión con él.
—Ha llegado el momento de conocer a la pareja eliminada en la Disciplina Nº1 —anunció el árbitro con cierto tono empático, como si por primera vez manifestase algún atisbo de sentimiento—.
La pareja que ha conseguido la cuarta mayor puntuación, y por lo tanto no será la eliminada —hizo una pausa que nadie aceptó—.
Es la Comarca del Noroeste. Diago Zúnkerberg y Xalara Verdreven han obtenido una respuesta acertada, una contestada fuera de tiempo y tres fallidas.
—¡Pero los del Sureste también! —protestó la voz de Brenda Lenders desde algún lugar del teatro donde no se la veía.
Míxiliam ignoró el comentario y continuó explicando.
—La última pareja en cuanto a puntuación ha sido la del Sureste.
Aslya Berzán y Brad Zorey han conseguido una respuesta acertada y cuatro fallidas.
Pero para su acierto necesitaron más segundos que los del Noroeste.
Por lo tanto, los participantes del Sureste son los primeros eliminados de Las Cinco Disciplinas.
Al lado de Xalara, Diago no disimulaba su alegría por haberse salvado, levantando los puños hacia el techo para luego dirigirlos a la cámara de televisión que flotaba frente a ellos.
Unos metros más allá se encontraban los participantes del Sureste, cada uno asumiendo su inminente final de una forma distinta.
El chico continuaba de pie, con la mirada perdida en un horizonte invisible y los brazos decaídos.
Su compañera, en cambio, permanecía de rodillas en el suelo, abatida, con el rostro hundido entre sus manos, temblando por el incontrolable llanto que la embargaba.
—Hasta aquí ha llegado la Disciplina Nº1 —dijo Tedya Yons, agarrando de nuevo la dirección—.
Pero lo mejor de todo es que aún nos quedan otras cuatro que prometen ser tan entretenidas como esta o incluso más.
Nos vemos en la Disciplina Nº2. Hasta entonces, sean muy felices —concluyó con un tono festivo, en contraste con el drama que se vivía a su lado en el escenario.
La emisión en directo fue cortada, y Xalara se sintió un tanto indignada al comprobar que no emitirían las ejecuciones en directo. Aunque sabía por qué lo hacían y, sin duda, era premeditado.
Tedya se largó igual de deprisa que en sus anteriores apariciones, como si le irritase permanecer allí por más tiempo.
El hombre del bigote de manubrio subió al escenario.
—Por favor, todo el que no sea indispensable debe abandonar la sala —solicitó, hablando por el micrófono—. Vamos a proceder con la ejecución de los eliminados.
Los sollozos de la participante del Sureste se hicieron más estridentes tras oírlo.
—Venga, hacedlo de una vez, no alarguemos más su sufrimiento, no se lo merecen —les apremió Míxiliam a dos cuero negro que hasta ese momento se habían mantenido al margen del trabajo de sus compañeros.
—Vosotros tenéis que bajar del escenario —les indicó el hombre del bigote de manubrio a los participantes que avanzaban a la siguiente Disciplina.
No fue necesario insistirles, pues todos obedecieron enseguida. Xalara fue la última en hacerlo. Seguía conmocionada, pero al mismo tiempo su mente trataba de inventar algo que salvara a esos pobres chicos, aunque sabía que no había remedio.
Poco después, en el escenario solo quedaron los dos participantes eliminados, hasta que subieron también los cuero negro que harían el papel de verdugos .
—¡Es mi hijo! ¡Dejadme despedirme de él! —gritó un hombre desesperado que irrumpió en la estancia.
Su presencia hizo que Brock, que se había mantenido entero, se derrumbase entre lágrimas.
Los cuero negro miraron a Míxiliam, y este asintió para autorizar que dejasen a un padre despedirse de su hijo.
El padre de Brock corrió hacia el escenario y se fundió en un abrazo con él, cayendo ambos al suelo de rodillas.
Aquella escena era capaz de ablandar hasta al más rudo de los hombres, porque incluso Diago parecía afectado. Algunos de los participantes salvados comenzaron a llorar. Seguro que, en ese momento, todos se arrepentían de haberse presentado a esa atrocidad llamada Las Cinco Disciplinas.
El abrazo entre el recluta y su padre despertó en la memoria de Xalara aquel recuerdo que tanto se esforzó por borrar, cuando ella y Víliam encontraron a aquella familia asesinada con un bebé en brazos de su madre, en la aldea de Nórinpeil tras el ataque de los herederos fugados de Ívelmer.
No pudo contenerse y, como aquella vez hizo su amigo, vomitó, al parecer sin que nadie a su alrededor se diera cuenta.
—Lo siento, pero tiene que dejarlo —dijo el propio Míxiliam—. Nadie obligó a su hijo a estar aquí, ha sido la decisión de una persona mayor de edad. Él conocía las normas y sus consecuencias.
Sin embargo, padre e hijo se negaban a dar por finalizado el abrazo, y tuvieron que ser separados finalmente por los cuero negro .
—Os lleváis el reconocimiento militar por vuestra valentía. Siempre seréis recordados en Lúgardark —recitó el árbitro cuando los dos participantes eliminados fueron colocados para su ejecución.
—Decidle a mis padres que los quiero mucho —dijo Aslya, quien sorprendentemente había parado de llorar.
—Tu petición será cumplida —afirmó Míxiliam—. Hasta siempre, compañeros —añadió, dedicándoles un gesto de respeto militar.
Algo que también sirvió como orden para los cuero negro , que desenvainaron sus espadas y lanzaron un haz de luz cada uno hacia los reclutas, que cayeron muertos tras recibir el ataque en el centro de su pecho, produciendo un ruido sordo cuando sus cuerpos inertes rebotaron contra el suelo del escenario.
Xalara no cerró en ningún momento los ojos durante la ejecución.
La sala se quedó en un silencio sepulcral, tan solo roto por el llanto desconsolado del padre de Brock, que daba la sensación de despertar escalofríos hasta en las propias paredes.
Unas horas más tarde, los participantes y sus mentores fueron trasladados de regreso a Lúgardark. Allí estaba anocheciendo, y a la nieve acumulada, que ya alcanzaba por encima de las rodillas a Xalara, se sumaba la que continuaba cayendo.
Ozora y unos cuantos reclutas asignados trabajaban con palas para despejar la escalera de acceso a la entrada del edificio. Ya habían creado un estrecho camino que permitía al menos distinguir los resbaladizos escalones.
Todos pararon cuando se percataron de la presencia de los recién llegados.
Xalara comprobó cómo la guardiana no apartaba la vista de ella, y en su rostro se dibujó una leve sonrisa cuando pasó a su lado.
Una de las reclutas rompió a llorar cuando vio que sus dos compañeros del Sureste no se encontraban entre los salvados.
Era la hora de la cena y, tras recibir la consigna de hacerlo, los participantes entraron juntos al comedor. Allí se produjeron escenas de alegría y otras de tristeza, aunque algunas también de indiferencia.
Xalara caminó al lado de la mesa del Noroeste, donde la mayoría le dedicaba gestos de victoria a Diago, quien respondía a todos con efusividad, ya sin rastro de ese miedo que su compañera había visto en él y que habría pagado para que todos lo hubiesen podido presenciar.
Sin embargo, ella estaba pendiente de una sola persona.
Michelle se encontraba sentada junto a Aden. El chico le dedicó una amplia sonrisa a Xalara, y ella estaba convencida de que deseaba levantarse para darle un abrazo. Pero la presencia de Michelle y su falta de reacción al reencuentro se lo impedían.
Aunque no parecía recíproco, Xalara se alegró al comprobar que Michelle estaba ya fuera del calabozo. Le habría gustado percibir en la otra ese mismo alivio que significaba volver a verse, sin que el encontronazo de la noche anterior hubiese sido el último momento juntas.
Si Xalara albergó cierta esperanza de que al haber estado cerca de la muerte eso pondría fin a toda la distancia entre ambas, enseguida confirmó que solo fue una ilusión.
Tras unos instantes compartiendo campo visual, Michelle volvió a concentrarse en su cena. Un acto que Aden le reprochó con una mueca ignorada por la chica.
Finalmente, todos los reclutas se sentaron a sus respectivas mesas, en medio de un silencio que recordó al obligado ambiente que se respiraba durante el primer semestre de la EDMO, especialmente en la mesa del Sureste, donde ahora se sentaban dos compañeros menos.