CAPÍTULO 12La Disciplina Nº1 #3
Unos aplausos apagados, y seguramente artificiales, penetraron en sus tímpanos cuando el hombre del bigote de manubrio les habló a ella y a Diago, sacándola de su mundo interior.
—Entrad, vamos —los apremió.
Los participantes del Noroeste avanzaron y doblaron la esquina que los condujo hacia un escenario de madera, cuyo telón estaba abierto y atado en dos extremos.
Xalara supo que se trataba de un teatro, algo habitual en las comarcas del sur.
No así en las del norte, donde trabajar fingiendo ser otras personas estaba incluso catalogado como algo indecente.
Era un espacio amplio, aunque pequeño comparado con el plató de televisión donde se realizó el programa de presentación de los participantes.
De todas formas, la cantidad de asientos era irrelevante, dado que el público brillaba por su ausencia.
Solo unas pocas personas, sobre todo miembros del equipo televisivo, ocupaban algunos asientos en la parte delantera.
Aun así, Xalara se fijó con atención para descartar que la presidenta del Gobierno estuviera allí, y se la imaginó en el Palacio de la Sede mirando un televisor y aguardando ansiosa su muerte.
Tedya Yons se encontraba tras un atril equipado con un micrófono. Varias cámaras apuntaban a ella y a los jóvenes recién llegados.
—Por favor —dijo la presentadora, empleando un tono muy solemne—. Ocupad el atril que tenéis a vuestra izquierda.
Los participantes se colocaron donde les ordenó, y la vista de Xalara se volvió más turbia que una noche de Lúgardark.
—Bien —continuó Tedya, sin perder ni un ápice de seriedad—. Diago, Xalara, ha llegado el momento que seguro tanto habéis esperado: vuestra participación en la Disciplina Nº1. Como les he dicho a los otros participantes, os deseo mucha suerte.
La presentadora agachó los ojos hacia unas tarjetas que tenía sobre el atril.
—Xalara, tú serás la primera en responder, así que escucha con atención —anunció, y luego esperó antes de volver a hablar, mirando a su cámara como solo ella sabía—.
En la antigüedad, el terreno conocido estaba habitado por diferentes pueblos y tribus, que siempre se encontraban batallando por ampliar su dominio territorial, siendo consideradas las primeras guerras conocidas.
Al noroeste se encontraban los Layos, al noreste los Voseos, en el centro los Telces y el suroeste estaba ocupado por los Noslanos; pero ¿qué pueblo habitaba el sureste?
—¡Tiempo! —gritó el árbitro sin aviso, desde el pasillo central que dividía los asientos del público.
Un sonoro chasquido reverberó en toda la sala, poniendo en marcha un reloj al fondo que Xalara no había visto, iluminado por una lámpara de pared. Cuando lo asimiló, ya habían transcurrido cuatro de los veinte segundos que tenía para contestar.
Estaba segura de la respuesta, puesto que la había leído varias veces en el ejemplar de Historia de Las Cinco Comarcas que albergaba en su desaparecida estantería esquinera, en el dormitorio de Yadarme. Pero se encontraba tan nerviosa que su memoria parecía haberse bloqueado de repente.
—¡Diez! —gritó el árbitro—. ¡Quince!
Embobada, Xalara contemplaba sus manos frías y sudorosas temblando apoyadas en el atril, mientras escuchaba las advertencias de Míxiliam como un eco lejano que anulaba su capacidad intelectual.
—¡Los Godovios! —gritó Xalara finalmente.
—¡Tiempo!
Tedya consultó al árbitro con la mirada, y este le devolvió una ostentosa negación.
—Lo siento, pero tu respuesta, aunque era correcta, ha entrado fuera de tiempo —afirmó la presentadora con una mueca de disgusto.
Diago miró amenazante a su compañera, quien alternaba la vista entre el reloj, ya detenido en la pared del fondo, y el árbitro.
—¡Solicito una reclamación! —gritó Andris, poniéndose en pie, sorprendiendo a todos. Especialmente a Xalara, que no lo había visto cuando examinó la platea—. No está claro que haya sido fuera de tiempo.
—No existe la posibilidad de reclamación —repuso Míxiliam con autoridad—. Ni tampoco puede usted participar de manera alguna en el desarrollo de la Disciplina Nº1. Por eso le pido que abandone la sala inmediatamente.
Andris amagó con replicar. Sin embargo, tras mirar hacia una Xalara devastada, obedeció la orden del árbitro y se marchó.
—Estoy seguro de que ha sido fuera de tiempo —sentenció Míxiliam, aunque quizá no fuese necesario—. Y mi consideración es la única válida según el reglamento.
—Aclarado esto —intervino Tedya—, continuamos con la siguiente pregunta, ahora para Diago.
La presentadora removió las tarjetas.
—Esos mismos pueblos mencionados anteriormente, tras años de cruentos enfrentamientos, consiguieron fusionarse en uno solo tras alcanzar un pacto a orillas del río Brem.
Con el tiempo construyeron una ciudad fortificada que daría pie a la actual Bibrébem.
Aun así, no lograban ponerse de acuerdo sobre quién debía gobernar, por eso volvió a producirse una batalla, esta vez para elegir al primer rey de Bibrébem.
Y la pregunta es: ¿Cómo se llamaba ese rey?
—¡¡Tiempo!! —bramó el árbitro, poniendo otra vez en marcha el reloj.
Esa pregunta tenía una respuesta muy sencilla, y Xalara la conocía tan bien que podría haber contestado en cuestión de milésimas.
Pero no era su turno, por eso su inexistente esperanza recaía en un Diago que parecía más vulnerable que nunca, algo que se confirmó cuando finalizaron los veinte segundos y Míxiliam repitió la palabra tiempo .
—El turno ha concluido sin respuesta —declaró Tedya.
Diago dio un puñetazo sobre el atril, demostrando un comportamiento inadecuado al que nadie reaccionó. Ni siquiera Xalara, que estaba absorbida por la situación.
—La respuesta era Bibeo Bíbem —aclaró la presentadora—.
Continuamos con la segunda pregunta para Xalara.
Por favor, atenta a mis palabras —hizo una pausa y comenzó a leer las tarjetas después de mirar a su cámara—.
En algún momento de nuestra historia, el rey Erseo El Octavo fue asesinado tras una sublevación del pueblo contra la corona, y con ello se puso fin al Reino de Bibrébem, dando origen al actual territorio de Las Cinco Comarcas.
Y la pregunta es la siguiente: ¿en qué año se produjo?
—¡¡Tiempo!! —gritó otra vez Míxiliam.
—En el cuatrocientos tres después de la Unificación —respondió de inmediato, casi sin llegar a cumplirse el primer segundo de los veinte, procurando vocalizar lo mejor que pudo.
La presentadora miró hacia el árbitro y este asintió.
—Esa respuesta es correcta —certificó Tedya, con un tono de voz más animoso, aunque sin superar el nivel de neutralidad que exigía un momento tan trascendental como ese.
Diago miró con una sonrisa hacia Xalara, quien solo sintió cierto alivio hasta que comprendió que era de nuevo el turno de su compañero .
—Vamos con la segunda y última pregunta para Diago —terció la presentadora, sin retrasarlo—.
Atento, por favor —hizo su habitual pausa protocolaria antes de continuar—.
Siguiendo el hilo de la anterior pregunta, cuando se fundaron Las Cinco Comarcas, se creó también un Consejo para gobernarlas, denominado el Consejo de Los Cinco, donde todos sus miembros tenían el mismo poder.
Dicho Consejo gobernó durante un tiempo determinado, hasta que fue disuelto para crear el actual sistema de Gobierno, siendo Uxos Zolian su primer presidente.
Sin embargo, no tardaron en llegar las primeras protestas y desacuerdos entre los partidarios de reinstaurar la monarquía, produciéndose numerosas revueltas y batallas campales en las calles de la capital, que incluso alcanzaron al Palacio de la Sede, causando algunos daños materiales a una de sus torres —hizo otra breve pausa—.
Entonces, la pregunta es: ¿en qué año se produjeron dichas protestas?
—¡¡Tiempo!!
En su opinión, Xalara consideraba que esa era la pregunta más fácil de todas, porque la fecha en la que se estableció el Gobierno debía ser conocida por un altísimo porcentaje de la población, y dado que esas protestas se iniciaron al año siguiente…
Sin embargo, Diago parecía tan incapaz como en su anterior turno, por lo que Xalara ya conocía el desenlace.
—En el cuatrocientos siete —respondió él cuando restaban tres segundos para los veinte.
Xalara tuvo que morderse el labio inferior, tan violentamente que se provocó sangre, evitando así golpear a su compañero. Tras el nuevo fracaso, era indudable que ambos estaban condenados a morir en tan solo unos minutos.
Tedya miró al árbitro y él negó.
—Lamento decirte que tu respuesta es incorrecta —manifestó la presentadora—. Fue en el año cuatrocientos veintitrés después de la Unificación.
Diago miró a Xalara, y por primera vez, ella tuvo la ligera sensación de que buscaba una especie de perdón por su parte.
Pero la chica miraba a otro lado, pensando que Andris estaría disfrutando tras esa puerta por la que había salido.
Porque, por muchas palabras y excusas que él inventase, estaba convencida de que su único objetivo era que muriese cuanto antes.
—Y llegamos a la quinta y última pregunta —anunció Tedya, más solemne que nunca—. Ya sabéis que esta es para los dos, así que podéis hablar entre vosotros y discutir la respuesta correcta. Luego uno tendrá que decirla en voz alta antes de que finalicen los veinte segundos. ¿De acuerdo? Vamos allá.
El pulso de Xalara, que se había normalizado conforme avanzaba la participación, volvió a dispararse.
—Según afirma la leyenda —dijo la presentadora—, Imon Saroh creó un ejército rebelde formado por fieles seguidores a su causa y…
—Tedya se detuvo—. Nukternozes —al nombrarlos, fue como si una gélida corriente hubiese recorrido la sala—.
Finalmente, la reina Nandraxa y su heredero al trono se enfrentaron en un duelo final tras el cual se produjo una gran explosión que destruyó el antiguo Reino de Árlay, lo que terminó derivando en la Unificación.
La pregunta es la siguiente: ¿en qué año se produjo la Unificación?