Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 10¡Que comience el espectáculo! #3
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CAPÍTULO 10¡Que comience el espectáculo! #3

La recluta quiso preguntar quién y por qué, pero ya había aprendido que era imposible iniciar una conversación con esa mujer, y se limitó a acompañarla hacia el pasillo que dividía ambos dormitorios, bajo el gesto indagador de Michelle.

Fuera estaba Andris, junto a Diago, que miró a Xalara como si fuese a matarla allí mismo.

—Tenéis que venir conmigo —les informó el maestre—. Es por Las Cinco Disciplinas.

El ritmo cardíaco de Xalara se disparó, temiendo que fuera a celebrarse la Disciplina Nº1 ese mismo día. Al fin y al cabo, aunque pasó algo desapercibido, la presentadora Tedya Yons había anunciado, al final de la ceremonia de selección, que se vería con los participantes en una semana.

Los del Noroeste siguieron a su Maestre Jefe por los pasillos de Lúgardark, mientras el resto de reclutas bajaban al comedor para desayunar y disfrutar del día libre.

Accedieron al ala sur y Andris les hizo entrar en una sala, donde ya esperaban los participantes del Suroeste y Noreste, junto a sus Maestres Jefes y el árbitro de Las Cinco Disciplinas. Todos sentados en torno a una mesa rectangular presidida por Míxiliam.

—Sentaos —ordenó este, con una voz que despertaba escalofríos, más si cabe por la situación en la que estaban.

Nadie excepto él parecía conocer lo que iba a ocurrir.

Pronto llegaron los reclutas del Sureste con Brenda Lenders, y, finalmente, un par de minutos después, entraron los de la Comarca Central con Gúlfrica al frente, quien no desestimó la oportunidad de lanzar una de sus habituales y despectivas miradas hacia Xalara cuando se sentaba, igual que lo hizo Samanta Zolian.

—Bien —habló el árbitro—. Os he reunido hoy aquí para daros a conocer las últimas directrices de la competición.

Xalara se fijó en cómo la participante del Suroeste, sentada frente a ella, tragaba saliva, y dedujo que todos estaban asustados. Era comprensible, pues si se realizara la Disciplina Nº1, ese día sería el último para dos de las personas que se encontraban sentadas a esa misma mesa .

—La Disciplina Nº1 se llevará a cabo el domingo quince de diciembre, en la Comarca del Sureste, a donde viajaréis esa misma mañana por medio de una estación de traslado. Y lo haréis acompañados de vuestros mentores.

—¿Mentores? —preguntó Diago, sin pedir permiso para hacerlo.

Los ojos de Míxiliam se entornaron hacia el chico de una forma mecánica.

—Vuestros Maestres Jefes ejercerán como mentores, con el fin de ayudaros a conseguir la victoria en cada una de las Disciplinas —explicó el árbitro.

—¿Y los mentores sabremos en qué consistirá cada Disciplina antes de celebrarse? —intervino Gúlfrica.

—No —aclaró Míxiliam—. Hasta minutos antes de cada Disciplina, ninguno de los participantes, ni tampoco sus mentores, conocerán dato alguno sobre ella.

—¿Y cómo pretende que nos puedan ayudar? —terció Samanta, elevando la pregunta a un tono de protesta.

—Ellos os ayudarán a nivel de fortaleza mental, para que estéis listos ante cada Disciplina, sabiendo lo que os jugáis.

El árbitro miró a cada miembro de la mesa.

—¿Hay más preguntas? —declaró finalmente—. Si no es así, por último, os diré que esta misma noche se celebrará un programa de televisión en directo desde Bibrébem, donde seréis entrevistados por Tedya Yons para que el público pueda conoceros.

—¿Viajaremos a la capital? —preguntó con emoción el participante del Noreste, contagiando a otros.

—Así es —confirmó Míxiliam, con un tono muy diferente al del chico—. Este mediodía, y por medio de la Red de Traslado, seréis escoltados y viajaréis a Bibrébem.

Xalara tardó en asimilar lo que estaba escuchando: ¿iba a volver a salir de Lúgardark hoy mismo?

—Ahora acudid a desayunar y luego directos a vuestro barracón, del que no os podéis mover hasta recibir nuevas instrucciones — anunció el árbitro—. Por mi parte esto es todo —concluyó, y se puso en pie, claramente para invitarlos a salir.

Cuando Xalara entraba en el comedor, acompañada por los otros nueve participantes, Michelle y Aden salían de él.

El chico miró a Xalara con una sonrisa en los ojos; sin embargo, Michelle actuó como si esta fuera invisible.

Xalara estuvo a punto de girarse para decirle que se cambiaría por ella sin dudar, si tantas ganas tenía de morir, como le ocurriría a ella el quince de diciembre en un pueblo de la Comarca del Sureste.

Fue entonces cuando se percató de que no sabía cuántas semanas restaban para ese domingo, pues había perdido la noción del tiempo, y en Lúgardark no existían los calendarios para los reclutas.

Aunque se aventuró a apuntar que sería dentro de dos semanas, según sus estimaciones.

Sabía que Michelle llevaba la cuenta a la perfección.

Después de desayunar, Xalara y Diago subieron a su barracón.

A pesar de ir solos, el chico no realizó ningún comentario displicente hacia su compañera, sino que parecía concentrado, como si el programa de esa noche fuese en realidad la Disciplina Nº1.

Y, tras reflexionarlo, Xalara llegó a la conclusión de que quizá lo era o que, por lo menos, podía tratarse de la Disciplina Nº0.

Horas más tarde, cuando permanecía tumbada en su cama, con la mirada perdida en la de Michelle, la supervisora entró y la sacó de su ensimismamiento.

—Recluta Verdreven, tienes que ponerte el uniforme de gala. ¡Ya! —la apresuró, dando una fuerte palmada que activó por fin a Xalara.

No había vuelto a vestir ese uniforme desde su llegada a Lúgardark, cuando Crispina Streif realizó el acto de presentación de la EDMO. Ni siquiera les habían ordenado ponérselo durante la ceremonia de selección.

Todos los movimientos de Xalara mientras se cambiaba los hacía tiritando por una mezcla de frío y tensión.

La supervisora, que había salido del dormitorio después de darle la orden, regresó cuando la recluta terminaba de ajustarse la chaqueta de cuello alto .

—Arregla la arruga que hay en la parte baja de tu falda —señaló tras examinar a Xalara, que obedeció de inmediato al detectarla—. Ahora tienes que salir al pasillo.

Allí esperaba Andris: Xalara y Diago aparecieron al unísono.

—¿Estáis listos para viajar a la capital? —preguntó el maestre, como si fuesen a una divertida excursión al bosque.

Diago asintió. Xalara no hizo ni dijo nada: se limitó a seguir, resignada, a la persona que seguramente la acompañaría hacia la muerte el quince de diciembre.

A esas alturas, ya estaba convencida de que Bóstoul se hallaba en Lúgardark con el único propósito de matarla.

No podía ser casualidad que él fuese maestre, luego Maestre Jefe de Xalara y, por último, su mentor en una competición diseñada para acabar con su vida.

Después de cruzar el patio delantero, subieron la escalera hacia el vestíbulo, donde esta vez la puerta de salida estaba abierta. Allí los esperaban varios cuero negro y el resto de participantes, todos uniformados de gala junto a quienes ahora eran sus mentores.

Al lado del mecanismo de abertura estaba Ozora, que rápidamente fijó su vista en Xalara, con una expresión difícil de descifrar.

Los cuero negro formaron profesionalmente, flanqueando a los reclutas, dividiéndose en dos mitades, a la vez que los mentores se retiraban para separarse del grupo, dejando claro que ellos no irían.

Como movida por un sexto sentido que puso de gallina la piel de su nuca, Xalara miró hacia atrás y vio a la Lady Maestre asomando por la puerta de la garita de la guardiana. La anciana se volvió hacia dentro en cuanto se percató de que estaba siendo observada.

Después salieron al exterior y Xalara se fijó en el corredor que conectaba el vestíbulo con la taberna.

Ni siquiera recordaba que estuviera abierta.

Pero lo hizo al ver que varios reclutas se dirigían hacia ella, y supuso que estos no sabían nada del viaje a la capital ni del programa de esa noche en televisión.

Seguidamente bajaron la escalera que subieron la noche en que llegaron a Lúgardark, y Xalara no pudo reprimir cierta excitación al verse allí fuera, algo que pensó que jamás volvería a darse .

Aquella primera vez no se dieron cuenta, o al menos ella no lo hizo, pero a los pies de la escalera, aunque separada a unos pocos metros, se encontraba la estación de traslado.

—Ahora viajaremos de tres en tres —explicó uno de los cuero negro —: los dos reclutas de cada comarca escoltados por uno de nosotros.

Como ocurrió al llegar al vestíbulo, Xalara y Diago fueron los últimos en ser trasladados hacia la estación ubicada en Bibrébem.

Allí, todo un ejército de cuero negro creaba un amplio anillo de seguridad para los recién llegados.

Aunque no se veía a ningún curioso cerca, probablemente debido a ello.

Tampoco había cámaras de televisión ni vallas que delimitaran el perímetro, como sí ocurrió cuando Xalara llegó a la capital para ser juzgada por la presidenta unos meses atrás.

Los participantes de Las Cinco Disciplinas fueron conducidos hacia la puerta de un edificio cercano.

Después de recorrer un corto pasillo llegaron a una pequeña estancia, donde se encontraban una chica y un chico tras un mostrador de recepción. A su espalda había un cuadro colgado de la pared donde aparecían muchas personas posando junto a Tedya Yons en un plató de televisión.

—Bienvenidos, participantes —saludó la chica alegremente, saliendo tras el mostrador para acercarse a ellos—. Aquí tenéis el número de vuestro camerino, donde pasaréis unas confortables horas de espera. Están en la tercera planta.

Como si conociese a la perfección a cada uno de los participantes, la chica les entregó una pequeña placa de metal con un número grabado en ella.

Era evidente que se encontraban en la Sede de la Radiotelevisión de Las Cinco Comarcas.

—Podéis llegar hasta ellos por medio del ascensor —dijo señalándolo con el dedo—. O si lo preferís, podéis hacerlo por las escaleras —añadió, esta vez apuntándolas con los ojos .