Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 9El chico extraño de Seiden #3
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CAPÍTULO 9El chico extraño de Seiden #3

—Pues no —admitió él—. De hecho, se me conoce como el chico extraño de Seiden —aclaró con pesadumbre.

—Lo siento, a veces los genios sois unos incomprendidos —reflexionó ella para tratar de consolarlo.

—Yo no soy ningún genio —refutó Aden con desdén—.

Mi padre también dice que soy raro y que esos trastos que fabrico nunca me darán de comer, y que debería aprender de mi hermano mayor.

Durval ya está casado y trabaja de pescador.

Sale cada madrugada con un grupo de personas a faenar en un barco pesquero .

—Que no te afecten esos comentarios —dijo Michelle tras no ser capaz de encontrar otras palabras para animarlo, pues a ella la habían educado bajo ese mismo ideal, aunque al parecer con mucho más cariño.

—En verdad sí que tengo una amiga —añadió Aden de repente, empezando a jugar nerviosamente con sus dedos en la manga del uniforme—. Vive cerca de uno de los muelles, y a veces me guarda piezas que encuentra porque sabe que me gusta.

Michelle lo miró con una sonrisa pícara.

—Que me gustan las piezas, quiero decir —aclaró él rápidamente, ruborizándose.

Luego, arrastrados por la perceptible incomodidad de ambos, caminaron en silencio hasta llegar ante una pared de roca, donde también terminaba uno de los límites del lago.

—Creo que hay que dar la vuelta —dijo Michelle.

—Eso parece —convino Aden, y se aclaró la garganta—. Hasta ahora solo hemos hablado de mí. Te he contado cómo es mi pueblo y mi vida en él. Ahora te toca a ti.

—No hay mucho que contar —aseguró ella con desgana mientras volvían sobre sus pasos—. Mejor pregúntame lo que quieras saber, eso lo hará más fácil.

—Vale —asintió él—. ¿Por qué no habías querido hablar conmigo?

Michelle no esperaba esa pregunta, y menos aún de una forma tan directa, por eso se quedó callada durante unos segundos.

—Pues porque… Hasta que llegué a Lúgardark nunca había tenido amigas. Siempre me rechazaron por mi físico; y por otras razones, supongo.

—¿Tu físico? —cuestionó él, observándola disimuladamente de pies a cabeza.

—Sí —asintió Michelle—. Tú ya me conociste así, con los efectos de la EDMO sobre mi cuerpo, por decirlo de alguna forma, pero, hasta hace unos meses estaba… en fin, un poco rellenita.

—Ah, por eso algunos te llaman Redondita Nédelen .

—Exacto —confirmó ella, molesta por el tono del chico al decirlo .

—Perdona por interrumpirte —profirió él—. Me contabas que nunca habías tenido amigos hasta llegar aquí.

—Así es —prosiguió Michelle—, y me costó muchísimo conseguir una.

Pero luego formamos un gran tándem —dijo sin hacer mención, aunque fue lo primero que pensó, al hecho de que ellas resolvieron el misterio de las desapariciones—.

No quería que nadie se entrometiera entre nosotras.

Supongo que estaba celosa de que me quitases a la única amiga que tenía, y te veía como una amenaza, por eso te rechacé. Lo siento.

—Y qué caprichoso es a veces el destino, que ahora esa amiga ya no la tienes y no es por mi culpa —manifestó Aden con un tono neutro difícil de interpretar.

Michelle miró a su compañero de comarca un par de veces, alternando la vista entre él y el suelo.

—Es bastante más complicado de lo que parece visto desde fuera —comentó.

—Explícamelo entonces —solicitó él.

—No quiero hablar de ello —zanjó la chica, aunque algo en su fuero interno suplicaba manifestarse—. Es que me ha mentido, ¿sabes? Me garantizó varias veces que ella no se presentaría.

—¿Y tú? —indagó Aden.

—¿Yo qué?

—Me refiero a si también le dijiste que no te presentarías.

—Yo le dije que sería genial ganar Las Cinco Disciplinas —contestó después de unos instantes.

—No te he preguntado eso —repuso Aden.

Michelle se sintió impotente ante la actitud del muchacho.

—Le aseguré que yo no tenía ninguna posibilidad de ganar —añadió a regañadientes.

—Y aun así te presentaste —presionó Aden—. Eso significa que las dos os habéis mentido, o al menos ocultado vuestras verdaderas intenciones, con lo cual os deja al mismo nivel .

—¿Al mismo nivel? —le reprochó Michelle con los ojos dilatados por la incredulidad—. ¿Estás de broma? Yo me levanté primero cuando la presentadora solicitó a las candidatas.

—No creo que eso cambie nada —opinó Aden—. Además, estaba sentado justo detrás de vosotras, y no tengo claro que tú te levantaras primero.

—Pero ¿tú a favor de quién estás? —discutió Michelle, harta de su actitud.

—De nadie, simplemente expreso mi opinión de lo sucedido.

—Ella me ha robado la única oportunidad de darle una buena vida a mi familia —refutó, más efusiva que nunca.

—Quizá estés equivocada, y cuando Xalara se levantó al ver que tú lo hacías, fue para protegerte.

—¿Eso es lo que piensas?

—Sí, y te diría que le pidieses perdón para poder recuperar esa amistad que habéis formado.

—¿Pedirle perdón? ¿Yo? —dijo señalándose a sí misma, muy cabreada—. ¿En serio?

—Sí, eso he dicho —reafirmó él con una calma exasperante.

—Entonces creo que es mejor que te metas en tus propios asuntos, chico extraño de Seiden —replicó Michelle antes de apretar el paso para dejarlo atrás y perderse entre la niebla.