Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 8La ceremonia de selección #5
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CAPÍTULO 8La ceremonia de selección #5

—Porque… —la recluta se detuvo para mirar fugazmente a su amiga, que tenía ahora la vista clavada en el suelo—. Porque quiero ganar mucho dinero.

—¿Es ese el verdadero motivo? —inquirió Tedya, consciente, como probablemente lo eran todos, de que Xalara estaba mintiendo.

La muchacha asintió .

—Muy bien —aprobó finalmente la presentadora—. Procederemos a que vuestro Maestre Jefe saque la papeleta de la recluta que participará en Las Cinco Disciplinas. Por favor, señor Bóstoul, si es tan amable de acercarse a la urna.

Andris se levantó, soltando con aparente dificultad la mano de su tía, que parecía incluso más preocupada que las propias reclutas interesadas.

Luego introdujo la mano izquierda en la urna, donde la mitad de su brazo desapareció para alzarse después con una papeleta entre los dedos, que enseguida le entregó a Míxiliam, mientras todos contenían el aliento.

—¡Xalara Verdreven! —leyó el árbitro en voz alta, mostrando la papeleta ante la cámara de televisión para despejar las dudas.

La nombrada se quedó inmóvil y daba la sensación de que el tiempo mismo se hubiera detenido allí dentro, puesto que nadie reaccionaba.

La primera en hacerlo fue Michelle, que se dejó caer en su asiento, algo que puso en marcha a la presentadora como si acabara de accionar un interruptor.

—¡Y con este nombre completamos los diez participantes de Las Cinco Disciplinas! —anunció con una exaltación contagiosa.

El primero en aplaudir fue Andris, a quien se sumó de inmediato la propia presentadora y luego todos los que estaban en el escenario. Sin embargo, solo algunos reclutas de la Comarca Central lo hicieron desde las gradas.

Las cámaras se centraron en capturar la reacción de los participantes.

Pero Xalara no miró a la suya ni sonrió para ella como hacían otros, sino que posó sus ojos en Michelle, que estaba sentada a su lado, con la vista perdida en el escalón de la grada.

Cuando Xalara quiso decirle algo, la amplificada voz de Tedya volvió a llenar el pabellón.

—¡Ahora pido a nuestros diez participantes que vengan al escenario!

Diago pasó al lado de Xalara.

—Vamos, matapresidentes —le dijo con una sonrisa maliciosa.

Aunque no lo hizo enseguida, ella bajó detrás de su compañero de comarca para unirse al resto de participantes.

Juntos subieron los escalones hacia el escenario, donde la presentadora de la ceremonia los esperaba con una amplia sonrisa, bajo una nube de flashes de los fotógrafos recién entrados en el pabellón.

Los participantes se alinearon horizontalmente en la parte delantera del escenario, con sus manos a la espalda, tal y como les habían enseñado en las formaciones.

—¡Qué maravilla ver de cerca vuestras jóvenes caras rebosantes de ambición! —exaltó Tedya, estudiándolos—. Por favor, colocaos ordenadamente por comarcas, según el orden cronológico en el que fuisteis seleccionados.

A pesar de hallarse junto a enemigos tan importantes como Crispina Streif, Gustavo Zorien o el propio Andris, que ya se había retirado hacia atrás, la preocupación y atención de Xalara recaían únicamente sobre Michelle, que continuaba con la vista clavada en el suelo.

No podía arrancarse del pecho ese sentimiento de traición hacia su amiga, aunque en realidad ambas sintieran lo mismo.

La voz de Tedya la rescató de sus pensamientos.

—¡Aquí los tenéis! —señaló mientras una cámara flotaba realizando un travelling horizontal de izquierda a derecha sobre las caras de los participantes—. ¡Diez valerosos reclutas de la EDMO que competirán por hacerse con la victoria final en Las Cinco Disciplinas!

Esperó unos segundos antes de volver a hablar.

—Ahora la presidenta del Gobierno saludará a cada uno de ellos.

Aunque continuaba aturdida, Xalara volvió a ponerse en alerta. Era esperable, pero se le había olvidado que quizá Crispina interviniese en la ceremonia.

Tedya Yons retrasó su posición hasta colocarse detrás de los participantes. La presidenta surgió por el lado contrario al que estaba Xalara, por lo que sería la última en recibir su saludo.

Crispina comenzó a pasear por delante de ellos, dándoles la mano de forma protocolaria, mientras el capitán de la Escolta Presidencial se movía al compás a los pies del escenario, sin perderla de vista.

Tras saludar a Diago, y quedarse con él más tiempo que con el resto, la presidenta dio un paso hacia su derecha, quedando frente a Xalara .

La recluta era consciente de que todos los ojos del país estaban en ese momento sobre ellas dos. Crispina miró detrás de Xalara, como buscando la aprobación de alguien para lo que hizo: ofrecer su mano a la persona que ansiaba matar.

Las manos de la muchacha permanecieron pegadas a la espalda, mientras sus ojos y los de esa mujer conectaron.

—¿Cómo osas negarme el saludo? —profirió la presidenta, apretando los dientes, sin duda para contenerse.

—¿Por qué iba a saludar a la persona que quiere matarme? —refutó Xalara con un tono desafiante.

Crispina retiró su mano y giró el largo cuello hacia la izquierda.

Instantáneamente, Gustavo subió al escenario sin escaleras de por medio, abalanzándose sobre la recluta para reducirla hasta ponerla de rodillas, sin que apenas ofreciese resistencia.

—Tía, esto es innecesario —intervino Andris, que apareció por detrás de Xalara para ponerse junto a la presidenta—. Puede resolverse de otra manera.