Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 8La ceremonia de selección #3
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CAPÍTULO 8La ceremonia de selección #3

Por un momento creyó que Las Cinco Disciplinas terminarían incluso antes de empezar, pero un chico de tez pálida y pómulos sonrosados se puso en pie, al parecer sin demasiada convicción.

Su cara de bonachón contrastaba con el cuerpo musculado.

Daba la impresión de que el recluta ya se había arrepentido.

Sin embargo, las normas eran claras: una vez que te presentabas candidato, ya no había marcha atrás.

—¿Cuál es tu nombre, recluta? —le preguntó Tedya después de esperar unos segundos de rigor, seguramente por si alguien más se levantaba.

—Nyuman —dijo el muchacho, y se aclaró la garganta—. Recluta Paris Nyuman.

—Muy bien, Paris —asintió la presentadora con una sonrisa contenida—. Siéntete orgulloso del paso que has dado. ¿Cuál es el motivo por el que decides presentarte candidato a participar en Las Cinco Disciplinas?

—Busco ser recordado, señora —respondió esta vez con mucha más determinación.

—Es una buena motivación, no cabe duda —convino Tedya—. Por favor, mantente de pie hasta nueva orden. ¡Un fuerte aplauso para Paris Nyuman, nuestro primer participante de Las Cinco Disciplinas!

Además de los procedentes del escenario, Paris solo recibió unos cuantos aplausos de sus compañeros, a los que respondió asintiendo con orgullo.

—Ahora es el turno de las valerosas chicas del Noreste —anunció la presentadora—. Que se pongan en pie aquellas candidatas a participar.

Esta vez sí parecía seguro que la competición había muerto allí, tras unos cuantos segundos en los que nadie se levantó.

Pero, cuando la presentadora iba a intervenir, quizá para lanzar un ultimátum, tres chicas se pusieron en pie al mismo tiempo, lo que provocó un gutural y ahogado sonido de asombro en el pabellón.

—Parece que tenemos la primera candidatura múltiple —comentó Tedya, visiblemente emocionada—. ¿Cuáles son vuestros nombres y el motivo por el que os presentáis ?

Las tres contestaron al unísono.

—De una en una, por favor, chicas —profirió la presentadora entre risas—. El árbitro tiene que apuntar vuestros nombres en las papeletas. Tú primero —dijo señalando con el dedo a una chica delgada y rubia, con grandes pecas en la cara.

—Vera Berag —respondió la recluta—. Y me presento para conseguir mucho dinero.

—Resulta curioso que tu nombre y apellido suenen tan parecidos —apuntó la presentadora, seguramente buscando la risa fácil en un momento tan tenso como ese.

El árbitro anotó el nombre en la papeleta, justo cuando un funcionario del Gobierno le acercaba una urna opaca con el escudo de la institución grabado en una de sus caras.

—Tú —dijo Tedya, señalando ahora a una chica de aspecto enfermizo, como si llevase una semana sin comer demasiado.

—Bártera Téndal —contestó, y el árbitro escribió su nombre en una nueva papeleta—. Me presento para poder ayudar económicamente a mi familia.

Xalara no pudo evitar mirar a Michelle tras oír esa motivación.

—Y por último… —dijo la presentadora, clavando la vista en la tercera candidata del Noreste.

—Victoria Velestra, señora —contestó la recluta con la voz temblorosa, a punto de empezar a llorar.

La chica tenía el pelo castaño y rizado, con unos ojos saltones detrás de unas gafas redondas.

—Dinos tu verdadera motivación para presentarte —exigió Tedya.

La recluta agachó la mirada antes de hablar.

—En verdad no quiero presentarme, me he equivocado al levantarme —se sinceró.

—Pero, Victoria, querida mía, conoces las normas, y las sabías antes de ponerte en pie. No hay marcha atrás una vez que te presentas.

La chica asintió, con las lágrimas recorriendo el relieve de sus pómulos. Tedya gesticulaba facialmente como si empatizara con el arrepentimiento de la recluta .

El árbitro hizo un gesto para confirmar que las tres papeletas estaban dentro de la urna.

—Ahora solicito que el Maestre Jefe del Noreste se acerque para sacar el nombre de la participante —dijo la presentadora.

Tíndrac Zoris ya estaba levantado, esperando a ser reclamado. El maestre se acercó a la parte delantera del escenario y el árbitro se apartó para que pudiese meter su mano en la urna, que reposaba sobre una base metálica.

Tras rebuscar, el maestre extrajo una papeleta.

—Por favor —terció Tedya—, entréguesela al señor Weinter para que lea el nombre de la participante.

—Bártera Téndal —dijo en voz alta el árbitro sin retrasarlo, con un tono tan neutro como si estuviese leyendo un anuncio cualquiera en un periódico.

A continuación, mostró la papeleta con el nombre a la cámara para despejar cualquier sospecha de conspiración.

—¡Excelente! —gritó Tedya—. Enhorabuena, Bártera: eres la segunda participante de Las Cinco Disciplinas.

Se produjeron tímidos aplausos. Ninguna de las dos rechazadas parecía disgustada por el resultado.

—Y con esto cerramos la Comarca del Noreste. Muchas gracias, Maestre Jefe.

Tíndrac no hizo ningún gesto antes de volver a sentarse.

—Espero que en sus casas estén sintiendo lo mismo que nosotros —dijo Tedya resoplando, soltando teatralmente el nerviosismo delante de su cámara.

El pulso de Xalara volvió a dispararse ante la perspectiva de que la próxima comarca en ser nombrada podría ser la suya. Le sudaban las manos a pesar de tenerlas frías.

—Continuamos con la ceremonia de selección —avisó la presentadora—. La siguiente comarca, de la cual conoceremos a sus dos participantes, será… ¡Comarca del Sureste !

Xalara escuchó cómo, a su lado, Michelle soltaba un suspiro de alivio: una sensación que ella también experimentó. Lo que aún no entendía era por qué no se miraban.

—En pie los chicos que se presenten candidatos —dijo Tedya.

Enseguida un par de reclutas se levantaron de su asiento; nadie más lo hizo.

—De nuevo tenemos que acudir a la suerte para conocer al participante masculino del Sureste —apuntó la presentadora.

Después de que ambos pronunciasen sus nombres y motivaciones, Aldo Rénir, como su Maestre Jefe, se encargó de sacar la papeleta que el árbitro leyó de inmediato.

—Brad Zorey.

El seleccionado era un recluta que se veía muy fuerte para un combate físico, pero no demasiado espabilado a juzgar por su expresión. Aunque esa solo fuese una apreciación de Xalara.

Para las chicas del Sureste no se realizó ningún sorteo, dado que solo se levantó una recluta llamada Aslya Berzán, que recogía el pelo rubio en una larga y descuidada coleta. Sus ojos azules no se detenían en ningún punto.

Xalara veía cada vez más improbable que la competición no llegara a completarse, lo que le generaba una mezcolanza de sensaciones.

—Ahora vamos a conocer a los participantes de la Comarca Central —anunció Tedya—. Seguro que miles de personas están ansiosas por descubrir vuestros nombres. ¡En pie esos chicos del Centro! —dijo, acompañando sus palabras con un amplio gesto del brazo que los animaba a hacerlo.

Se produjo de forma progresiva, pero más o menos la mitad de los chicos se levantaron en el graderío de la Comarca Central.

Xalara se acordó de Aden y su argumento al asegurar que se presentarían muchos más candidatos de los que cabría esperar, especialmente en esta comarca.

—¡¿Qué tenemos aquí?! —chilló Tedya, llevándose las manos a la cabeza—. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… —mascullaba mientras iba co ntándolos—. ¡Veintitrés! ¡Nada más y nada menos que veintitrés candidatos masculinos de la Comarca Central! ¡Guau!

Los aludidos no escondían el orgullo, aunque también cruzaban con sus compañeros algunas miradas cargadas de desdén.

—No sé si alguien esperaba una participación tan amplia; al menos yo no, después de lo visto anteriormente —reconoció Tedya, y al parecer era su primera opinión sincera desde que empezó a parlotear.

Tanto, que Xalara creyó que había sufrido un lapsus.

Durante los siguientes minutos, eternos para Xalara, los reclutas fueron diciendo sus nombres y las motivaciones para presentarse candidatos, las cuales coincidían bastante en contenido.

—Les aseguro que aquí se ha escuchado cada nombre con enorme tensión. No sé cómo lo habrán vivido ustedes desde sus casas —comentó Tedya mientras Míxiliam introducía la última papeleta en la urna—. Maestre Jefa, si es tan amable...

Gúlfrica se levantó despacio de su silla, colocada al lado de Syliana, que, por primera vez en opinión de Xalara, sí aparentaba tener más de noventa años. Estaba encogida y con la vista perdida, como si su mente se hallara lejos de ese pabellón.

La joven no quiso retener su atención en esa parte del escenario, evitando un posible cruce de miradas con la presidenta.

Finalmente, Gúlfrica introdujo la mano en la urna y sacó la papeleta con el nombre de Roldán Gúrenbel, un recluta de pelo corto color azabache que, junto a su expresión ceñuda y brazos musculosos, le confería un aspecto muy fiero.

Esforzándose para recordar todos los apellidos en orden alfabético, Xalara confirmó que no se trataba de un miembro de las treinta y seis familias de la élite.

Los reclutas que no fueron elegidos mostraron su frustración por el resultado.

—¡Qué momento tan emocionante acabamos de presenciar! —aseguró Tedya, zarandeando los brazos como queriendo soltar toda la tensión acumulada—. Veremos si ahora con las chicas vivimos algo parecido. ¡Que se pongan en pie esas valientes reclutas de la Comarca Central!

Seguramente, después de lo visto con sus homólogos masculinos, todos estaban convencidos de que las reclutas de la Comarca Central se levantarían en masa. Pero no fue así: solo se puso en pie Samanta Zolian, despertando en Xalara un incomprensible sentimiento de reproche hacia ella.

—Tan inesperado como antes es lo que acaba de suceder con las chicas de la Central —reconoció Tedya sin ningún atisbo de entusiasmo—. ¿Nombre y motivación para presentarte candidata?

—Creo que todos me conocen —repuso la recluta con seriedad.

—Tienes que decirlo —explicó la presentadora—. Es parte del protocolo.

—Me llamo Samanta Zolian —dijo con desgana tras unos segundos, sin sonar tan ufana como de costumbre—. Y me presento con el objetivo de ganar Las Cinco Disciplinas para honrar el apellido de mi familia.