CAPÍTULO 8La ceremonia de selección
La ceremonia de selección
Conforme se acercaba el sábado, Xalara albergaba más dudas sobre presentarse como candidata para Las Cinco Disciplinas, pero actuaba como si no fuera así.
Desde que supo que Andris Bóstoul estaba en Lúgardark su vida se había vuelto aún más insoportable, y sabía que ganar esa competición era la única forma de salir algún día.
Pero también era consciente de que la presidenta buscaba matarla, por lo que estaba en una auténtica encrucijada.
Cada noche de la semana, cuando se metía en la cama y apagaban las luces, su mente se centraba en ello hasta que se quedaba dormida, por puro agotamiento.
Michelle, que siempre se emocionaba en exceso con este tipo de cosas, no había vuelto a comentar nada acerca de Las Cinco Disciplinas desde la única vez que tocaron el tema. Eso tenía a Xalara preocupada, temiendo que su amiga tomase una estúpida decisión.
Después de la primera instrucción completa con Andris, en la que Xalara se convirtió en protagonista, durante el resto de la semana fue ignorada por el nuevo maestre.
—Como bien sabéis, mañana sábado se celebrará una ceremonia para conocer a los diez participantes que competirán en Las Cinco Disciplinas —dijo Andris cuando ya habían sonado las campanas del final de la instrucción—. Por eso hemos considerado que será un día libre, salvo la formación matutina .
A pesar de la noticia, ningún recluta mostró una reacción visible.
—Espero que hayáis meditado concienzudamente la opción de presentaros como candidatos.
No quiero que olvidéis que en cada Disciplina morirán dos participantes y que solo uno podrá ganar la competición.
También quiero recordaros que, una vez seáis elegidos, no habrá marcha atrás: tendréis que competir hasta el final con todas sus consecuencias.
Muy bien, podéis iros —concluyó tras dejar un lapso en el que posiblemente esperaba alguna pregunta o comentario.
El trayecto hacia el comedor fue el más silencioso que Xalara recordaba desde que flexibilizaron las normas disciplinarias al comienzo del semestre.
Al día siguiente, después de la formación matinal y la ducha, Xalara y Michelle fueron al comedor para desayunar.
Por el camino presenciaron un trasiego de personas cargadas con cajas, que se dirigían hacia el Pabellón de Actos, donde previsiblemente tendría lugar la ceremonia de selección esa misma noche.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Michelle tras tener que pegarse a la pared para facilitar el paso a dos hombres que portaban una caja pesada.
—¿Por qué iba a estarlo? —respondió Xalara de forma cortante, aunque sin poder esconder su incomodidad por la duda.
—No sé, por nada —zanjó su amiga.
Aden ya estaba desayunando y miró a las chicas cuando se sentaron frente a él. Pero el gesto que le devolvió Michelle hizo que agachase la cabeza hacia el plato.
—¿Crees que se presentarán los suficientes candidatos para que Las Cinco Disciplinas salgan adelante? —indagó Michelle, que parecía más inquieta y abierta a tratar el tema que nunca.
—No lo sé —rezongó Xalara—. Pero tampoco entiendo por qué sigues tan preocupada.
Lo mejor para todos es que no se presente nadie.
Eso, además de salvar nueve vidas, enviaría un mensaje de rechazo definitivo a la presidenta.
Desde el primer día de la EDMO, la mayoría mostró su descontento por ser obligados a estar aquí.
Si ahora se prestan a participar en algo creado y fomentado por la persona que los encerró, lo que estarían demostrando es una tremenda hipocresía.
—¿Y si finalmente nos obligan a participar en caso de que no haya diez? —sugirió Michelle, claramente asustada ante ese posible escenario—. Ya nos han obligado a estar aquí.
—Pues, creo que poco podríamos hacer —reconoció Xalara.
—No llegaremos a ese extremo —intervino Aden—.
Estoy convencido de que saldrán no solo diez candidatos, sino muchos más.
La mayoría se presentará por el dinero, y quienes ya lo tienen lo harán por prestigio y sobre todo por orgullo.
Además, aunque no sean económicos, todos tienen sus propios problemas, y poder pedirle al Gobierno cualquier cosa es demasiado irresistible.
La presidenta ha sabido tocar donde más duele.
No sé si será una buena política, pero no es idiota, o al menos está bien asesorada.
Xalara se quedó pensativa tras escuchar lo de «bien asesorada», sopesando la idea de que quizá Andris fuese el verdadero artífice de todo aquello.
—¿Tú te vas a presentar? —le preguntó Michelle, dejando a un lado ese rechazo que siempre había mostrado hacia él.
—No lo descarto —dijo Aden—. ¿Vosotras?
—No, por supuesto que no —aclaró Michelle de inmediato, bajando la mirada hacia su desayuno mientras negaba con una media sonrisa nerviosa antes de volver a levantarla—. Pero solo tienes unas horas para decidirlo —apuntó.
—Siempre me he movido por sensaciones, y estas pueden variar de un segundo para otro, así que prefiero postergar mi decisión para el último momento —argumentó el chico con un aire enigmático, como todo en él, y volvió a centrarse en su desayuno, como si no se hubiera entrometido en la conversación.
—¿Os estáis oyendo? —protestó Xalara—. Deberíamos boicotear la competición, no apoyarla en absoluto —insistió.
—Sí, ya —dijo Michelle—, pues reúne a todos los reclutas y explícaselo tú misma.
—Demasiado tarde para eso, ¿no? —opinó de nuevo Aden .
—Lógicamente, era una ironía —aclaró Michelle, recuperando su hastío hacia el chico.
Xalara se levantó de repente.
—¿A dónde vas? —le preguntó su amiga.
—Creo que se me ha quitado el hambre —contestó antes de marcharse.
El resto del día transcurrió para Xalara en un estado de ausencia mental severa.
El silencio mantenido por Michelle contribuyó bastante.
Ella parecía tan ausente como la propia Xalara, que ya no sabía si preocuparse más porque su amiga terminara presentándose a Las Cinco Disciplinas o por acabar haciéndolo ella misma.
Bien entrada la tarde, aún no les habían informado cuándo y dónde tendría lugar la ceremonia de selección. Pero, después de cómo se produjo la llegada y el anuncio por parte de la presidenta, era posible que nadie lo supiera. Quizá solo Andris.
Por mucho tiempo que pasara desde que lo había vuelto a ver, Xalara continuaba sin asimilar que estuviese vivo. El sacrificio de Víliam no había servido para acabar con él, y eso repercutía en su decisión de presentarse o no a Las Cinco Disciplinas.
Era un dilema moral bastante profundo. Por un lado, no presentarse significaría seguir en Lúgardark hasta el final de sus días, por lo que Víliam no habría conseguido la libertad que buscaba para ella.
Sin embargo, si se presentaba y moría, sería una traición a su sacrificio.
En cualquiera de las dos opciones Xalara perdía; y Víliam también.
Cuando ella y Michelle recorrían por enésima vez uno de los pasillos del ala oeste, se encontraron con su compañera Keity Járrenjeil, que asomaba la cabeza por la ventana abierta.
—¿Estás bien, Keity? —preguntó Michelle, deteniéndose a su lado y obligando a Xalara a hacerlo.
Por el espacio abierto entraba una corriente que erizaba la piel.
—No, no estoy bien —sollozó ella, sin duda con un ataque de ansiedad.
—¿Podemos ayudarte? —insistió Michelle.
—Nadie puede hacerlo .
—Al menos cuéntanos qué te pasa.
—Pasa que no sé si presentarme a Las Cinco Disciplinas —reconoció Keity, mirando hacia dentro y revelando un rostro cubierto de lágrimas—.
Pasa que mi madre nunca me perdonará si no me presento, porque nuestra situación en el pueblo es precaria.
Tanto que me vi obligada a ofrecerme voluntaria para realizar la EDMO, y así tener una boca menos que alimentar en casa.
Xalara se sintió estúpida y azorada, porque desde siempre había creído que su vida era la más miserable del mundo, pero a ella nunca le faltó un plato de comida sobre la mesa de su madrina.
—Lo siento —dijo Michelle, que enseguida se apresuró a cerrar la ventana—. Pero no deberías verte obligada a presentarte por eso, seguro que hay formas mejores de conseguir dinero para mejorar vuestra situación.
—Dime una —solicitó Keity con desesperación.
—No sé, quizá, cuando termines la EDMO, podrías unirte a los cuero negro . Ya sabes que nos promocionan directas a la academia sin tener que realizar pruebas de acceso ni pagar la matriculación, e imagino que en los cuero negro se cobra muy bien.
—Pero yo no quiero dedicarme a eso —profirió Keity—. Odio la violencia, y más aún desde que estoy aquí.
—Deberíamos irnos —le susurró Xalara a su amiga, consciente de que aquella conversación no las llevaría a ninguna parte.
—Sí —asintió Michelle—. Suerte con tu decisión —le dijo a Keity cuando ya se iban.
Acudieron al dormitorio y se tumbaron en sus respectivas camas, sumidas en un incómodo mutismo, esperando noticias junto a muchas de sus compañeras.
De forma repentina, el sonido de las campanas inundó la estancia, escuchándose cinco veces.
Inmediatamente después, volvió a repetirse.
Solo había ocurrido una vez desde que estaban en Lúgardark, y era el aviso de que todos, obligatoriamente, tenían que dirigirse hacia la puerta del centro de formación militar cuanto antes .
—Tenemos que irnos —dijo Michelle mientras descendía apresurada las escaleras de su litera, igual que el resto de sus compañeras presentes.
Xalara sospechaba que no sería como la última vez. Aquello fue una prueba, pero ahora tenía que significar el llamado para la ceremonia de selección. Por eso, y a pesar de que un pinchazo en el centro de su pecho expandió la tensión por todo el cuerpo, no se levantó deprisa.
Cuando miró a Michelle y comprobó lo acelerada que estaba, experimentó una rara sensación humorística al recordar que, gracias a la primera vez que sonaron esas cinco campanadas y lo que vino después, ahora eran amigas.
Quizá en esta ocasión también traería algo positivo para ellas, por muy optimista que resultase esa apreciación.