Las Cinco Disciplinas (Arlasófica 3) CAPÍTULO 7Una técnica casi infalible #4
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CAPÍTULO 7Una técnica casi infalible #4

El resto de reclutas iban murmurando en pequeños grupos. Xalara no llegaba a entender lo que decían, pero sus miradas hacia ella delataban el tema de conversación.

No era idiota, y sabía que aquellas disculpas, en su gran mayoría, no habían sido sinceras, sino provocadas por la exigencia de un superior.

Andris la había desconcertado, pero era imposible adivinar a qué atenerse con ese hombre.

Ya había traicionado al que era su mejor amigo mediante engaños; qué le impedía hacer lo mismo con cualquier otra persona, especialmente tratándose de Xalara.

Por muchas disculpas y alegatos a favor de ella que escupiera su venenosa boca, Víliam estaba muerto por su culpa; y eso jamás cambiaría.

En uno de los pasillos del ala oeste, surgiendo desde la puerta que conducía al patio de Combate, apareció Gúlfrica, caminando como una exhalación hacia los reclutas del Noroeste.

Sin embargo, y aunque los miró despectivamente, no se detuvo, sino que continuó su camino presumiblemente hacia el patio delantero.

Más tarde, cuando sonaron las campanas, bajaron al comedor.

—La verdad, no sé qué pensar —admitió Michelle después de que Xalara manifestase su opinión sobre Andris, y específicamente en lo relativo a todo lo que hizo durante la instrucción .

—¿Te parece lógico que alguien en su sano juicio haya intentado realizar esa técnica conociendo de primera mano los riesgos que conlleva? —se quejó Xalara.

—No lo sé, muy normal no me parece —dijo Michelle—.

Pero tampoco creo que en ningún momento pensara en ir más allá.

Lo hizo con la única finalidad de que todos te pidiesen perdón tras relatar lo sucedido.

Supongo que era necesario para causar una fuerte impresión, seguro que lo tenía todo controlado.

—Estoy convencida de que lo hizo para provocarme, para ver cómo reaccionaba —repuso Xalara, cada vez más enfadada con Michelle—. Seguramente esperaba que lo hubiese agredido y con esa excusa castigarme.

—Sí, podría ser. Pero ¿entonces a qué vino lo de hablar en tu favor y exigir que todos te pidiésemos perdón?

—Para manipular, como ya estoy comprobando que ha hecho contigo —acusó Xalara, aunque sabía que su amiga no pretendía dañarla de ningún modo—. Ese hombre es un traidor con varias caras. Sabe cómo jugar sus cartas.

—Ha estado más muerto que vivo durante meses —expuso Michelle—. Quién sabe, experiencias así pueden cambiarte por completo.

—No a él, te lo aseguro —dijo Xalara con obstinación.

La intensidad de una airada conversación que se producía en una de las decenas de habitaciones de ese pasillo consiguió que el intercambio de opiniones entre las dos muchachas se detuviera.

—¡Es que eso no lo puedes hacer! —graznó la inconfundible voz rasgada de Gúlfrica Estéinar.

—Lo primero, tranquilízate, por favor —replicó la voz de Andris.

—¿Cómo quieres que me tranquilice después de lo que has hecho?

—No lo hice con ningún fin malévolo. Al contrario, solo quería explicar a mis reclutas lo que de verdad ocurrió aquella tarde.

—Es que no estamos aquí para explicarles nada que no tenga que ver con Lúgardark y la maldita EDMO. Nuestro trabajo consiste en instruirles para el ámbito militar. No son tus amigos, son tus reclutas .

—Yo disiento en cuanto a tus métodos docentes. Los míos prefiero que sean más cercanos. Pienso que a la larga serán más fructíferos.

—¿Y tu método consiste en poner a todo un barracón en peligro de muerte? ¿Cómo reaccionó Verdreven?

—Veo que estás muy interesada en ello —replicó Andris con un deje de ironía.

—Esa chica no me interesa lo más mínimo, es una asesina —aunque el tono utilizado no fue tan vehemente como en sus anteriores intervenciones—. Esperaba otro tipo de comportamiento hacia ella por parte del hombre al que intentó asesinar.

—¿Tan claro tienes que sea una asesina? ¿Acaso te has planteado preguntarle a alguien que sí estuvo allí? ¿No será que tienes miedo de conocer la verdad?

—No voy a alimentar esa patraña sobre Verdreven hablando contigo —aseguró Gúlfrica, que más bien parecía incómoda por seguir en la conversación—.

Solo te diré que no entiendo por qué la defiendes.

Aunque es verdad que siempre has tenido un gran talento para saber qué y cómo decirlo, dependiendo de tus intereses.

Puede que tu intención sea precisamente esa, ¿quién sabe?

—Yo tampoco entiendo cómo Syliana pudo darte un puesto de maestre después de todo lo que hiciste en su contra; después de haber jugado en el bando contrario.

Se escucharon unos pasos que se acercaban a la puerta entreabierta, por lo que las dos reclutas tuvieron que recular para esconderse.

Ocultas tras un saliente de la pared vieron cómo Gúlfrica abandonaba la habitación y se alejaba por el pasillo.

Unos segundos más tarde, Andris también salió y, tras recorrer el pasillo con una mirada inquisitiva, marchó en la misma dirección.

Ninguno de los dos maestres lo declaró abiertamente en la conversación, pero Xalara lo sabía: ese bando contrario al que hicieron alusión era la Orden de los Herederos, y tanto Gúlfrica como Andris habían pertenecido en algún momento a él.