CAPÍTULO 5Las Cinco Disciplinas #3
—Los reclutas que competirán en Las Cinco Disciplinas serán un representante masculino y una representante femenina de cada comarca, aportando así dos reclutas por comarca para un total de diez participantes —el hombre hablaba de memoria, con una voz potente e intimidatoria—.
Los participantes no serán votados, sino seleccionados entre aquellos reclutas que se presenten voluntarios.
Solo se realizará un sorteo si hay más de un candidato del mismo género en una comarca.
En el extraño caso de que no se logre reunir a los diez participantes reglamentarios, el evento no se celebrará.
Míxiliam cogió un vaso cualquiera de agua de la mesa de los maestres y lo bebió de un solo trago antes de continuar:
—Las Cinco Disciplinas se llevarán a cabo a lo largo de varios meses, y siempre se celebrarán en domingo.
Solo se realizará una Disciplina cada vez, y en una comarca distinta para cada una de ellas, con el objetivo de que, en todos los lugares, disfruten de un evento de esta magnitud e interés.
Las Disciplinas siempre estarán basadas en una de las instrucciones militares impartidas en Lúgardark.
Por último y no menos importante, añado que solo un participante de los diez saldrá ganador y, por lo tanto, con vida.
Algo más potente que un murmullo recorrió el comedor tras la última afirmación del árbitro. Michelle miró a Xalara, que, a pesar de todo, se mantenía impasible ante lo que escuchaba, aunque más bien continuaba impactada.
—¡No es justo! —gritó un recluta desde la mesa de la Comarca Central.
—¡No pueden hacernos eso! —gritó otro desde la del Sureste.
—En cada una de las Cinco Disciplinas —prosiguió Míxiliam, acallando las quejas—, los dos participantes con menos puntuación o que hayan quedado últimos, dependiendo de cómo sean las normas de dicha Disciplina, serán eliminados y ejecutados en el mismo lugar donde se haya celebrado. Eso es todo por mi parte.
El árbitro dio un paso atrás para ceder de nuevo la palabra a la presidenta del Gobierno.
—Mañana domingo, y en realidad todos los domingos a partir de ahora, serán libres para vosotros.
Vuestra única obligación será presentaros a realizar la formación matutina —informó—.
Os pido que mañana utilicéis el día libre para descansar y empezar con fuerza el segundo semestre.
Pero, sobre todo, para reflexionar acerca de vuestra posible presentación como candidatos a participar en Las Cinco Disciplinas.
La presidenta hizo una pausa. Xalara se fijó en Syliana, que parecía seguir tan confundida como cualquier recluta.
—Para finalizar, os anunciaré dos cosas más —dijo Crispina, en cuyo macilento semblante se percibía además una mirada nerviosa e inestable, como si luchara contra algo interior—.
En primer lugar, os confirmo que a partir de ahora la taberna de Lúgardark reabrirá sus puertas para que podáis disfrutar de ella los domingos.
Y, por último, os anuncio que para el comienzo del segundo semestre tendréis algunos cambios en el maestrado —concluyó, esta vez con una sonrisa que Xalara interpretó como malévola.
A juzgar por su cara, la Lady Maestre también parecía desconocer esa noticia.
—Nos volveremos a ver dentro de una semana —aseguró Crispina—. Cuando se celebrará una ceremonia para conocer a los diez participantes que competirán por conseguir la victoria en Las Cinco Disciplinas. Hasta entonces, que paséis buena semana.
La presidenta y su séquito se marcharon de la misma forma que habían llegado: haciendo mucho ruido. Esta vez Crispina se sujetó al brazo de la mujer que la acompañaba. Era notorio que la presidenta estaba pasando por un problema de salud, y Xalara esperaba que fuese definitivo.
Crispina no le dirigió la mirada mientras se iban, todo lo contrario que Gustavo Zorien, que le lanzó una ojeada desafiante que la recluta no rehusó sostener.
Aunque Xalara nunca se fiaría de las supuestas buenas intenciones de Crispina Streif, lo cierto es que iban a flexibilizar las normas de régimen interno, y eso conllevaría un cambio de opinión hacia ella por parte de la mayoría, a pesar de crear un torneo donde nueve reclutas morirían.
Xalara no podía negar que la presidenta era una mujer inteligente y sabía cómo controlar a las masas y desenvolverse ante ellas.
Unos segundos después de la despedida, las conversaciones se dispararon en el comedor, sin ningún respeto por las normas de silencio ni la presencia de todos los maestres.
De hecho, en su mesa se estaban produciendo las más acaloradas.
Xalara se fijó en que la Lady Maestre no hablaba, sino que se limitaba a escuchar lo que otros exponían.
—¿Una competición a muerte? —comentó Michelle—. ¿Quieren hacernos competir entre nosotros y matarnos si perdemos? —enfatizó, seguramente buscando reclamar el interés de Xalara, quien aún era incapaz de mostrar su opinión.
—Es bastante atroz —declaró Aden desde el otro lado de la mesa .
—Nadie te ha pedido opinión —espetó Michelle, algo que esta vez sí espabiló Xalara, por lo sorprendente que le resultó la reacción de su amiga contra el chico.
—Algo propio de una mente tan retorcida como la de Streif —manifestó al fin Xalara—. Todavía tenemos el derecho a negarnos a participar, aunque nada se puede descartar llegado el momento.
—¿Quieres decir que nos obligarían a competir si no se completase el cupo de participantes? —preguntó Michelle con la voz cargada de preocupación tras adivinar el pensamiento de su amiga.
—Yo no descartaría ningún escenario —admitió ella, cabizbaja.
No llegó a decirlo, pero estaba convencida de que todo eso de Las Cinco Disciplinas solo era otro plan de Crispina para acabar con ella.
La presidenta debía de estar segura de que Xalara iba a presentarse para ganar y solicitar que anulasen su juramento como recluta permanente de Lúgardark.
Era evidente, puesto que significaba la única y última esperanza de adquirir la libertad que ella misma se había negado con su decisión.
Al día siguiente, después de la obligatoria formación matutina y el desayuno, Xalara y Michelle estuvieron de acuerdo en dar un paseo por el centro de formación militar.
Resultaba tan extraño que fuesen libres para hacer cuanto quisieran, que ninguna de las dos parecía motivada ante cualquier propuesta.
Aunque, por alguna razón, a Xalara lo que más le apetecía era visitar el campanario, descartó esa idea en cuanto estuvo a punto de mencionarla, porque supuso que allí habría más gente, y solo quería estar con su amiga.
No decidieron ir a ningún lugar en concreto, sino que se pusieron a caminar, dejando que sus pies las guiasen de forma improvisada.
—No está nada mal un día libre en Lúgardark —comentó Michelle—. Pero estaría mucho mejor si hubiera algo interesante que hacer —añadió con fastidio.
—Ya —dijo Xalara, desanimada.
—Me parece que a ti tampoco te ha sentado bien esto de tomarnos el día libre —opinó su amiga .
—No es eso —aclaró Xalara—. Supongo que es… por todo.
Michelle la observó, pero no indagó en su insulso comentario.
—No te lo había dicho —continuó Xalara—, pero el otro día hablé con la hermana de Eizan.
—¿Cómo dices? —preguntó Michelle, mirándola ahora como si estuviera loca.
—Se llama Greis, y está en Lúgardark, realizando la EDMO.
—¿Eizan tiene una hermana melliza?
—Eso mismo pensé yo —reconoció Xalara—, pero no. Al parecer, se llevan unos diez meses, y por eso los dos están aquí.
—Ya es mala suerte que les haya tocado a dos hermanos —opinó Michelle.
—A no ser que eligiesen venir voluntariamente —sugirió Xalara.
—¿Tú crees? ¿Te lo dijo?
—No, no me dijo nada de eso, y tampoco me importa demasiado.
—¿Te habló de Eizan? ¿Él está…?
—Ella sabe menos que nosotras —respondió Xalara enseguida, evitando que su amiga completase la pregunta—. O al menos eso me aseguró.
—¿No sabe cómo está su hermano? ¿Me lo dices en serio? —se quejó Michelle.
—Recuerda que no está permitido el correo —refutó Xalara.
Michelle se quedó pensativa, apartando la vista.
—Eso era antes, pero ya oíste lo que dijo la Lady Maestre, ahora nos permitirán hablar con nuestras familias —alegó—. Puede que ya se haya puesto en contacto con ellos.
—Se supone que es a partir de mañana, con el comienzo del segundo semestre, ¿no? —opinó Xalara, rumiando la posibilidad de buscar a Greis para preguntarle acerca de esa circunstancia.
En el fondo tenía miedo de escuchar sus afirmaciones, por eso prefería huir de ellas.
—Podríamos buscarla y preguntarle —sugirió entonces Michelle.
—Sí, podríamos —asintió levemente Xalara con desgana .
Caminaron hasta llegar al ala sur, donde se internaron por un pasillo que, curiosa e inconscientemente, las condujo hacia la puerta del campanario.
—Es ahí por donde se sube, ¿no? —cuestionó Michelle cuando estuvieron frente a ella—. Al campanario, quiero decir.
—Sí —confirmó Xalara—. Pero mejor no subamos —agregó temiendo que Greis pudiera encontrarse allí arriba.
—Ni de broma —convino Michelle—. Con este frío no subo ahí ni aunque me paguen; por mucha falta que me haga el dinero.
Xalara sonrió al comentario mientras reemprendían la marcha, dejando atrás la puerta.
—Hablando de dinero —intervino Michelle para romper el silencio que se había creado entre ambas—. Sería genial ganar Las Cinco Disciplinas.
Aunque llevaba todo el tiempo pensándolo como en un segundo plano, Xalara esperaba que ese asunto no fuera sacado por su amiga, algo que parecía imposible dado el ímpetu de sus palabras.
—Si tienes tanta prisa por morir… —opinó, intentando eliminar todo ápice de burla en su voz.